«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Necesidad De Confesar Nuestros Propios Pecados

Por D. L. Moody (1837 – 1899)

    «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

    «El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia» (Pr. 28:13).

    «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por los otros, para que seáis sanados…» (St. 5:16).

    Yo pienso que nosotros los cristianos tenemos muchos pecados que confesar.

    Si usted lee los ejemplos registrados en las Escrituras, encontrará que los hombres que caminaban cerca de Dios fueron los que confesaban sus pecados y caídas.  Daniel confesó sus pecados y los de su pueblo.  Sin embargo, no se encuentra nada en contra de Daniel, él fue el mejor de los hombres en la tierra, y la confesión de su pecado es una de las cosas más profundas y humildes que se haya registrado en los registros.  Brook refiriéndose a la confesión de Daniel dice:

    «En estas palabras Daniel muestra seis circunstancias al confesar su pecado y el de su pueblo, y todo es para mostrar la gravedad y el peso del pecado.  Primero, ‘Hemos pecado’; segundo, ‘Hemos cometido iniquidad’; tercero, ‘Hemos hecho impíamente’; cuarto, ‘Hemos sido rebeldes’; quinto, ‘Nos hemos apartado de sus mandamientos’; sexto, ‘No hemos obedecido a Sus siervos los profetas que hablaron en Su nombre a nuestros reyes, príncipes y a nuestros padres, y a todo el pueblo de la tierra’ (Dn. 9:5-6).

    «Estas seis circunstancias que Daniel considera en su confesión merecen ser consideradas.»

    Sin ninguna duda, Job fue un hombre santo, un príncipe poderoso, con todo tuvo que postrarse y confesar su pecado (Job 42:6).  Cuando Isaías vio lo puro y santo de Dios, se dio cuenta de lo que él realmente era y exclamó, «¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…» (Is. 6:5).

    Yo firmemente creo que la iglesia de Dios tiene que primero confesar su pecado antes para que pueda haber un trabajo de gracia grande.  Tiene que haber un trabajo profundo en medio de la gente de Dios.  A veces pienso que es tiempo de cesar de predicar al incrédulo para predicar a aquellos que profesan ser cristianos.  Si tuviéramos un estándar más alto en la iglesia de Dios, habría miles de personas más que acuden al reino.

    Así fue en el pasado cuando los hijos de Dios abandonaron sus pecados y sus ídolos.  El temor a Dios cayó en la gente que se encontraba alrededor de ellos.  Mire la historia de Israel, cuando ellos pusieron aparte sus dioses extraños, Dios visitó a la nación y vino un trabajo grande de gracia.

¡El juicio tiene que empezar con nosotros!

    Lo que necesitamos en estos días es un verdadero y profundo reavivamiento en la iglesia de Dios.  Tengo muy poca simpatía a la idea de que Dios alcanzará a multitudes por medio de la frialdad y formatos de la iglesia.  Es tiempo de que el juicio empiece por la casa de Dios (1 Pe. 4:17).  Note cuando Daniel obtuvo la hermosa respuesta registrada en capítulo 9.  Esto sucedió cuando él confesaba su pecado, siendo uno de los mejores capítulos en la Biblia concerniente a la oración.  Leemos:

    «Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.  Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento» (Dn. 9:20-22).

    Así mismo sucedió con Job cuando él estaba confesando su pecado Dios oyó su oración y cambió su cautividad (Job 42:10).  Dios oirá nuestra oración y cambiará nuestra cautividad cuando con sinceridad nos presentemos frente a Él buscando el perdón de nuestras transgresiones.  Isaías tuvo que clamar diciendo «soy muerto» para que las bendiciones descendieran, y para que el carbón encendido tomado del altar tocara sus labios y así saliendo afuera escribiera el libro más hermoso de la Biblia.

    Esto así también fue con David, el dijo «he pecado» (2 Sm. 12:13).  Dios respondió con Su misericordia.  «Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.  Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Sal. 32:5).  «Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos…» (Sal. 51:3-4.  Note cuan similar es la confesión de David a la confesión del hijo pródigo en Lucas 15:21).

Dios no hace diferencia de personas

    El Espíritu de Dios no hace diferencia de personas para convencer al corazón que hay pecado en él; esta persona puede ser un rey o puede ser un mendigo.

    Richard Sibbes de una manera muy original habla de la confesión: «Esta es la manera de dar la gloria a Dios: cuando abrimos nuestras almas a Dios y ponemos todo frente a Él así como el diablo podría hacerlo en el día del juicio trayendo inmensas cargas – acusémonos en la misma manera que él lo haría, porque él lo hace, y lo hará por mucho tiempo.

    «Mientras más nos acusamos y juzgamos a nosotros mismos formando un tribunal en nuestros corazones, ciertamente sentiremos una tremenda tranquilad (1 Cor. 11:31).  Cuando Jonás fue echado al mar vino la calma en el barco (Jon. 1:15).  Acán fue apedreado y la plaga fue terminada (Jos. 7:25-26).  ¡Sacando a Jonás y a Acán del corazón habrá tranquilidad y quietud en el alma y tu consciencia recibirá una hermosa calma!»

    Thomas Fuller dice: «Al hombre que reconoce que él es poseedor de su debilidad, a ése Dios injerta la asistencia de Su gracia.»

La confesión implica humildad, y en la vista de Dios ésta es de gran precio

    Si esta confesión de pecado tiene que ser profunda para los creyentes, también lo es para los que no lo son.  Nunca supe que esto fuera de otra manera.  Estoy ansioso para que Dios reavive Su trabajo en los corazones de Sus hijos para que podamos ver la superación del pecado.

    Oremos para que Dios examine nuestros corazones.  Si es el ojo derecho, saquémoslo, si es la mano derecha, cortémosla con ese poder que Dios tiene para todos nosotros (Mt. 5:29-30).

    El pecado que no ha sido confesado es un pecado que no ha sido perdonado, y el pecado que no ha sido perdonado es lo más negro y cosa sucia en esta tierra maldita por el pecado.

    Usted no encuentra en la Biblia un caso de un hombre en que no haya sido honesto y que al mismo tiempo no haya peleado con el pecado, por eso, Dios también ha sido honesto con él y lo ha bendecido.  Al corazón contrito y humillado, Dios no desprecia (Sal. 51:17; Is. 57:15), y no hay sonido más dulce que salga de esta tierra maldecida que de tanto gozo a Él como las oraciones del hombre recto que camina en rectitud y justicia (Pr. 15:8).

    Déjeme llamar su atención a la oración de David.  Él dice: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Sal. 139:23-24).

    Mi deseo es que mis lectores aprendan estos versículos de memoria. Si nosotros honestamente hacemos esta oración una vez por día, sin duda, habría grandes cambios en nuestras vidas.

«Examíname» – no a mi vecino

    Es muy fácil orar por otra gente, pero no por nosotros mismos, por nuestro propio techo.  Me asusta el observar que nosotros los que estamos muy ocupados en el trabajo para el Señor tendemos y peligramos en descuidar nuestra propia viña (Cant 1:6).  En este salmo David mira lo que hay dentro de su mismo o propio techo.

    Hay mucha diferencia entre el examen que hace Dios al examen que yo hago a mí mismo.  Yo puedo examinar mi corazón y encontrar que todo está bien, pero cuando Dios me examina, muchas cosas saldrán a la luz, cosas que ni siquiera me las suponían.

«Conoce Mis pensamientos»

    Dios mira a nuestros pensamientos.  ¿Son nuestros pensamientos puros?  ¿Tenemos pensamientos en nuestro corazón que son en contra de Dios y Su pueblo – en contra otra persona?  Si los tenemos, no estamos bien con Dios.  Oh, que el Señor nos examine a cada uno de nosotros: Yo no conozco otra oración mejor que la de David.

    Yo pienso que si Dios nos examinara, nosotros encontraríamos muchas cosas en nuestras vidas para confesar.  Si somos probados por la ley de Dios, allí habrá muchas, muchas cosas que tendríamos que cambiar.

    Pidamos a Dios para que nos examine y nos pruebe para así poder ver si hay algo malo en nosotros.  Si estos hombres santos de la Biblia vieron que tuvieron faltas, ¿acaso nosotros no temblaríamos con temor, y buscar con empeño en nuestras vidas lo malo que a Dios le gustaría que nosotros extirpemos de nuestros corazones y terminemos con ello?

    Una vez más quiero atraer su atención a la oración de David en Salmo 51: «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia; conforme a la multitud de Tus piedades borra mis rebeliones.  Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.  Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos…purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.  Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.  Esconde Tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches delante de Ti, y no quites de mí Tu Santo Espíritu.  Vuélveme el gozo de Tu salvación, y espíritu noble me sustente.  Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti» (vv. 1-4, 7-13).

    Un amigo mío me dijo que repite esta oración cada semana.  Yo pienso que esto es una buena cosa; hagámoslo frecuentemente, ofreciendo estas peticiones desde el fondo de nuestros corazones.

    Si hemos sido orgullosos, irritables o poco pacientes ¿no confesaríamos de inmediato?  ¿Acaso no es el tiempo de empezar en nuestra casa y poner las cosas en orden?  Mire como de rápido las cosas malas empiezan a interponerse en la vida.  Nosotros los que somos padres pongamos nuestra propia casa en orden para que sea llena del Espíritu Santo.  Luego, no pasará mucho tiempo después de esto cuando nuestros hijos empiecen a preguntar ¿qué es lo que ellos deben de hacer para tener el mismo Espíritu?

    Yo creo ahora que la iglesia con su frialdad y formatos está haciendo más paganos que todos los libros que se hayan escrito por personas infieles.  Yo no temo tanto a los sermones de los paganos como temo a la frialdad de la iglesia actual.  ¡Una oración como la de los discípulos durante Pentecostés haría temblar a toda la fraternidad infiel!

    ¡Lo que necesitamos es agarrarnos de Dios cuando oramos!  Usted no alcanzará las multitudes exponiendo un buen sermón.  Nosotros queremos «mover el Brazo que mueve al mundo.»  Para hacer eso tenemos que estar limpios y ser rectos frente a Dios.

    «Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él sabe todas las cosas.  Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él» (1 Juan 3:20-22).

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