«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Poder Espiritual Agotado Puede Ser Renovado

Por Wesley L. Duewel (1916 – 2016)

    Cuando el Espíritu Santo nos llena imparte pureza y poder.  La persona que dedica todo su ser como sacrificio vivo absolutamente rendido (expresión que Andrew Murray se deleitaba emplear) y pide y confía en ser llenado por el Espíritu, recibe una nueva dimensión de vida espiritual.  El Espíritu Santo limpia y purifica y, en el mismo momento, llena con un poder divinamente mayor.

    Después que uno es llenado con el Espíritu, mientras uno camine a la luz de la Palabra como es guiado por el Espíritu, uno procura constantemente complacer al Señor.  Momento a momento depende del Espíritu que lo habita y lo capacita para triunfar sobre la tentación.  La pureza puede ser preservada mediante la ayuda del Espíritu aunque, en cierto sentido, podemos mantenernos puros (1 Tim. 5:22) obedeciendo cuidadosamente al Espíritu (1 Juan 3:3), probando todo, aferrándonos a lo bueno y evitando lo malo (1 Tes. 5:21-22) y, de esa manera, ayudamos a impedir que el pecado nos ensucie y manche (2 Pe. 3:14).

    No obstante, el poder espiritual es diferente.  El poder espiritual no puede ser preservado indefinidamente.  El poder del Espíritu es Su energía que fluye en y por medio de nuestros espíritus.  La energía se consume.  El poder debe ser renovado.  Este secreto espiritual está bellamente simbolizado en el cuarto capítulo del libro de Zacarías.

    Dios dio una visión importante a Zacarías para fortalecer y animar a los dos líderes ungidos de Dios que estaban reconstruyendo el templo después del cautiverio.  Josué el sumo sacerdote y Zorobabel el gobernante.  Una gran oposición había demorado el trabajo por veinte años.

    Dios usó el simbolismo para ilustrar y confirmar Su esencial decreto: «Esta es palabra de Jehová...‘No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi Espíritu,’ ha dicho Jehová de los ejércitos» (Za. 4:6).  Dios mostró a Zacarías una visión de un candelabro todo de oro que daba luz por medio de un depósito que dejaba pasar aceite de oliva a siete lámparas (simbolizan la vida plena).  El abastecimiento de aceite al depósito venía por dos tubos de oro que recibían el aceite de un olivo vivo.  Las lámparas prendían y daban luz mientras que fluyera el aceite.

    El poder del Espíritu es lo más esencial para hacer la obra de Dios, pero se consume por el uso.  No podemos ministrar hoy con el poder de ayer.  No podemos cumplir el pleno propósito de Dios en base a recuerdos de pasadas bendiciones y dación de poder.  Dios no quiere que vivamos en el pasado sino en una apropiación de Su poder de momento a momento.

    Puede que haya raras ocasiones en que Dios nos use a pesar de nosotros mismos; probablemente ésa haya sido la forma en que usó a Sansón, Balaam y al rey Saúl; pero la regla de Dios es que podemos dar solamente lo que recibimos.  Dios quiere darnos poder diariamente para que Le seamos de uso diario para Su gloria.  Dios nos perdona si la única vez que nos usa poderosamente es cuando Él tiene que obrar a pesar de nuestro estado espiritual.

Cómo se agota o pierde el poder espiritual

    Jesucristo no empezó Su ministerio hasta que recibió una especial dación del poder del Espíritu Santo.  Escuchemos lo que Él mismo dice: «El Espíritu del Señor está sobre Mí, por cuanto Me ha ungido para predicar» (Lc. 4:18).  Pedro sintetizó el ministerio de Cristo diciendo, «Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret» (Hch. 10:38).  Jesús usó el mismo poder para Su ministerio por medio de Su deidad inherente, sino por medio de la unción del Espíritu.

    «Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de Él y sanaba a todos» (Lc. 6:19).  Ese era poder del Espíritu.  Cuando la mujer que llevaba doce años enferma tocó el borde del manto de Jesús, Él dijo: «Alguien Me ha tocado; porque Yo he conocido que ha salido poder de Mí» (Lc. 8:46).

    Lo que fue verdad de Jesús, es verdadero de ti.  Mientras ministras a las personas, gastas poder espiritual.  Si quieres ser usado de Dios, si quieres sanar las heridas de la humanidad, el poder de Dios debe estar sobre ti continuamente y fluir a través de ti.

    1. El poder espiritual es naturalmente consumido por tu ministerio.  Mientras más ministres, más necesitas renovación de poder.  Mientras más ocupado estés, más necesitas renovación de poder, más necesitas ser refrescado y reabastecido espiritualmente.  No es tan sólo cansancio mental o agotamiento físico lo que sientes.  Sin renovación espiritual, te volverás una persona que «ha sido espiritual.»

    Una vez le preguntaron a Lutero por sus planes para el día siguiente, a lo que él contestó «Trabajo, trabajo, desde temprano hasta tarde.  De hecho, tengo tanto que hacer que me pasaré las primeras tres horas orando.»  El ministerio atareado sin la adecuada oración y renovación espiritual conduce a la pérdida de poder espiritual.  El influjo no está a la par del reflujo.  ¿Has estado dando tan constantemente que te encuentras espiritualmente agotado?  ¿Alguna vez conociste más del poder de Dios y de Su unción sobre ti que ahora en estos días?

    2. El poder espiritual se gasta por intervenir en cosas no espirituales.  Vivimos en un mundo fundamentalmente secular; no somos una isla, sino que vivimos con toda clase de asociaciones humanas.  Dios no quiere que seamos reclusos, que nos aislemos de las influencias contaminantes de la vida.  Somos la luz y la sal del mundo, pero la fuente de luz se gasta porque arde, y la sal se agota porque se usa.

    El trabajo y la espiritualidad no se contraponen.  Los que trabajan fuerte suelen ser los mejores obreros cristianos y los mejores guerreros de oración.  Muchos son demasiado vagos para ser bendecidos espiritualmente; ignoran cómo pagar el precio de la autodisciplina para encontrar tiempo para la Palabra de Dios y orar.  Permiten que casi todo sea prioritario a la llenura espiritual.  No han aprendido la lección del cuarto capítulo del libro de Zacarías y tratan de triunfar por medio de su propio poder en lugar del Espíritu de Dios.

    Hay maravillosas oportunidades para un momento de breve oración, alabanza, comunión espiritual y expresiones de amor al Señor en muchas formas del trabajo, pero, con demasiada frecuencia vivimos como si el Señor no estuviera de nuestro lado.  Lo ignoramos.  Llenamos nuestra mente con fantasías, autocompasión y planes propios.  Podemos invertir algunos momentos con Dios mientras lavamos, aseamos, caminamos, manejamos el vehículo o en mil otras actividades, si así lo queremos.

    Sí, hay ciertas actividades o atmósferas donde es más difícil estar con Dios.  En algunos lugares la atmósfera general es inconducente a la actividad espiritual y hasta puede ser antiespiritual.  No puedes respirar en la atmósfera del ruido, frivolidad, sugestividad licenciosa, chistes pecadores, materialismo o blasfemia del nombre de Dios sin que te afecte – a menos que recurras constantemente al Señor. Empezarás a sentir la pérdida paulatina de poder espiritual.  Igual que Lot (2 Pe. 2:7) sentirás constante tensión e inquietud y un casi tormento.

    Necesitas quietud de alma para la comunión y renovación espiritual.  Algunas personas están tan acostumbradas a que la radio y la televisión las entretengan que les es difícil saber cómo usar momentos tranquilos para renovar y refrescar el alma.  El sacerdote de los tiempos bíblicos se bañaba antes de ministrar en la tienda o el templo.  Nosotros también necesitamos darnos baños espirituales o, por lo menos, refrescar la cara pasando frecuentes momentos con el Señor.

    3. La falta de unidad con otros cristianos agota nuestro poder espiritual.  David dice que la unidad trae refrigerio y bendición espiritual, como el rocío del cielo (Sal. 133:3).  La desunión hace lo opuesto, seca el alma, marchita la vida espiritual y evapora el frescor y agudeza espirituales.  El poder es disipado por las actitudes críticas, los pensamientos resentidos o cualquier falta de perdón o amargura de corazón.

    Nada va a drenar más rápidamente de tu vida la bendición, poder y unción de Dios que pensar mal del prójimo. Las palabras sin amor, el chisme, reírse a expensas de terceros, hablar negativamente te corta el poder y la dulzura de la presencia de Dios.  Cualquier cosa contraria al tierno amor del Espíritu Santo devasta al poder espiritual.

    ¿Eres suficientemente sensible para reconocer con rapidez que contristas al Espíritu Santo?  Quienquiera toque al pueblo de Dios, toca a la niña de los ojos de Dios (Za. 2:8).  Basta un comentario crítico para que destruya la bendición que recibiste por orar tantas horas.  El Espíritu Santo es el amable Espíritu de amor perfecto.  Uno de Sus roles es derramar en abundancia el amor de Dios a nuestros corazones y toda nuestra vida (Rom. 5:5).  No podemos darnos el lujo de afligir Su amante naturaleza.

    Pablo se refiere en forma aguda y abrupta a este tema, «Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano?  O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?  ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?» (Rom. 14:10; 14:4).  Los pensamientos enjuiciadores siempre afligen al Espíritu Santo.

    «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios.... Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.  Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.  Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.  Y andad en amor, como también Cristo nos amó» (Ef. 4:30-5:2).

    4. La falta de obediencia agota el poder espiritual.  La falla en caminar continuamente a la luz de Dios, o la falla para aceptar y usar las oportunidades dadas de Dios, pueden hacer perder el poder del Espíritu.  Dios nos da constantemente las oportunidades para hacer pequeñas cosas extras para Jesús, las que no nos son exigidas, sino que depende de la intensidad con que amamos a Jesús, del fervor con que queremos complacerle a Él con pequeños gestos de amor.

    Tal como expresarle que Le amas, en forma activa, acrecienta Su cercanía y bendición en tu vida, de igual forma descuidar estos gestos de amor puede producir la pérdida de la dulce percepción de Su presencia.

    La falla para estar alerta a expresar tu amor en pensamiento, palabra y obra, puede llevar a la negligencia espiritual y paulatino decrecimiento de la presencia y poder del Espíritu Santo sobre ti.  ¿Eres tan sensible a lo que complace al Señor como lo eres a lo que complace a tus seres más queridos?

    La obediencia postergada, ignorar las sugerencias del Espíritu, cualquier controversia entre tu corazón y el Señor, resistir Su suprema voluntad para ti – todo eso es como un cortocircuito del flujo del poder de Dios a tu vida.  El poder espiritual es gobernado por las leyes espirituales de Dios tal ciertamente como la energía eléctrica o nuclear son gobernadas por las leyes naturales de Dios.

    5. La gratificación desenfrenada, el egocéntrico estilo de vida lujoso agotan tu poder espiritual.  R. A. Torrey, profesor de Biblia y colaborador de D. L. Moody, estaba profundamente convencido de esto: «El poder se pierde por medio de la gratificación.  Aquel que tiene el poder de Dios debe llevar una vida de abnegación....  No creo que todo hombre pueda llevar una vida lujosa, dando rienda suelta a sus apetitos naturales, dándose todos los gustos, y disfrutar de la plenitud del poder de Dios.  La satisfacción de la carne y la plenitud del Espíritu no andan de la mano….

    «Si conociéramos la continuidad del poder del Espíritu estaríamos en guardia para llevar vidas sencillas, libres del desenfreno y excesos, estando listos para sufrir “penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2 Tim. 2:3).  Confieso francamente que me asusta el lujo, no tanto el lujo como el pecado, pero el lujo es lo segundo que temo, pues es tan sutil y tan potente enemigo del poder.  Hay diablos hoy que “no salen sino por ayuno y oración.”»

    El Espíritu Santo siempre llega al prójimo, siempre es sensible al bienestar de toda la iglesia y del mundo.  Lo egocéntrico se opone diametralmente a lo centrado en Cristo y en Su reino.  Los cristianos pueden dedicar tiempo a satisfacerse de muchas maneras, las cuales son contrarias al espíritu sacrificial de santidad, al reconocimiento de las necesidades del mundo sufriente y a la extensión del reino de Cristo.  Su «en tanto cuanto no lo hicisteis» será dicho a los cristianos evangélicos de nuestra generación tan ciertamente como fue dicho a algunos de Su generación.  ¿Cómo podrá el Espíritu Santo bendecirnos con derramamientos de Su poder cuando estamos tan poco preocupados por lo que a Él le interesa?

    6. La autosuficiencia y el orgullo agotan el poder espiritual.  El poder puede perderse casi instantáneamente por el orgullo.  Dios no compartirá Su gloria con nadie.  Dios condesciende a obrar por medio de las personas llenas del Espíritu, pero si alguien estira su orgullosa mano y toma para sí la gloria, de la cual solamente Dios es digno, el retirará Su poder, a menudo, de inmediato.  Esa es una de las razones por las cuales Satanás te tienta constantemente a enorgullecerte.

    Billy Graham ha dicho repetidamente cosas como esta «Si Dios retirara Su mano de mi vida, estos labios se volverían de barro.»  Nosotros somos solamente vasos de barro, «para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Cor. 4:7).

    Dios pudo revelarse tan plenamente a Moisés en una relación cara a cara, más que a cualquier otro ser humano (Dt. 34:10), y pudo obrar más poderosos milagros por medio de Moisés que de otro ser humano (Dt. 34:12) porque Moisés era la persona más mansa de la faz de la tierra de Dios (Nm. 12:3).

    Uzías fue muy ayudado por Dios hasta que se fortaleció y enorgulleció (2 Cr. 26:15-16).  La historia de muchos líderes cristianos podría escribirse con las mismas palabras.  Dios obró poderosamente por Ezequías hasta que su corazón se enorgulleció, en forma casi increíble, por la respuesta a su oración (2 Cr. 32:25).  Nabucodonosor fue honrado y usado por Dios hasta se ensoberbeció (Dn. 5:20).

    La propia caída de Satanás fue por ­medio del orgullo (quizás Ez. 28:2, 5, 17; 1 Tim. 3:6).  El orgullo nos hace más como Satanás que como Cristo.  El orgullo hace que Dios nos dé vuelta a Su rostro.  Dios se opone al orgulloso, pero de gracia al humilde (St. 4:6; 1 Pe. 5:5).

    Cualquier paso de autosuficiencia es el primer paso al orgullo.  Toda aceptación de elogios para uno mismo niega, probablemente, a Dios la alabanza que Le es debida.  La confianza en sí mismo puede ser humilde si se cimienta sobre la habitual ayuda de Dios y si seguimos dependiendo completamente de Él.  Pero la confianza en sí mismo puede ser carnal, puede volverse una manera carnal de fe en sí mismo y robarnos la dulce presencia de Dios y Su potente poder.

    Todo poder manifestado en el ministerio de alguien que no esté marcado por profunda humildad es un poder falso que no es de Dios; puede ser poder psicológico, hasta el poder de Satanás que se deleita en posar como ángel de luz (2 Cor. 11:14).

    7. La excesiva frivolidad puede agotar el poder espiritual.  El humor es un don de Dios, pero debemos usarlo solamente en formas apropiadas y en magnitud modesta.  Obviamente Dios disfruta del sano humor por eso nos creó para que disfrutáramos del humor y fuéramos capaces de reír.  Pero hay un momento, un lugar, un límite para el humor que Dios bendice.  Aun mucho humor sano puede disipar el poder de Dios.  He notado que justamente antes de una responsabilidad espiritual especial, aunque no me haya dado cuenta que estaba ahí, por delante, Satanás ha intentado, ocasionalmente, que yo, y los demás, nos divirtamos tanto que perdemos la preparación espiritual que habíamos hecho.  Satanás se deleita en robarnos la unción y el poder de Dios justo antes de una crisis espiritual o de un momento en que necesitaremos muchísimo Su poder.  La presencia y poder del Espíritu disponible para alguien por medio de varias horas de oración puede perderse en cinco minutos de humor impropio o de humor en el momento inoportuno.

    8. El pecado siempre agota y destruye el poder del Espíritu.  La desobediencia consciente, el pecado contra la luz, el pecado contra el prójimo, y todas las formas de fracaso para caminar a la luz de Dios, detendrán la conciencia de la presencia y sonrisa del favor de Dios.  El pecado evita que el poder del Espíritu te llene y te use.  El pecado le roba efectividad a la oración: «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado» (Sal. 66:18).  Esto se refiere, por supuesto, al pecado de acuerdo a la definición bíblica de 1 Juan 3:4, una voluntaria transgresión de la ley de Dios a pesar de la clara luz.

    Cuando Israel desobedeció a Dios y rompió el pacto con Él, Dios no prestó atención a sus lágrimas y oración (Dt. 1:45).  Tal como Sansón fue despojado de sus guedejas y del poder de Dios sobre él debido a que jugó con la desobediencia y el pecado, así mismo ha habido obreros cristianos que han perdido completamente el poder de Dios en sus vidas.

    A veces podemos no darnos cuenta que hemos desobedecido al Señor, pero sentimos en nuestros corazones que contristamos al Espíritu Santo de alguna manera.  Esto puede ser una mera acusación del diablo que trata de deprimirnos y descorazonarnos.  Por otro lado, puede ser el freno del Espíritu que es tan amante y fiel que le contristamos sin darnos cuenta, Él nos habla o nos toca.  Si hemos desarrollado un oído atento a la guía de Dios, Él encontrará fácil obtener nuestra atención y será fiel al hablarnos.

    Gracias a Dios, hay perdón y limpieza disponibles.  Siempre hay una forma de volver a la presencia, poder y favor de Dios (1 Juan 2:1-2).  La contrición, el humillarnos ante el Señor, el arrepentimiento donde sea necesario y el perdón pueden abrir nuevamente la puerta al pleno favor de Dios y a la marea del influjo de Su poder nosotros.

    – Tomado del libro Ardiendo Para Dios por Wesley L. Duewel.  Copyright © 1989.  Usado con permiso del Wesley Duewel y el Duewel Literatura Trust, Inc., Greenwood, Indiana.

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