«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Oraciones Para Un Hogar Lleno De Humildad

Por Kim Butts

    El plan de Dios para cada hombre, mujer y niño, y cada familia, es la humildad.  La humildad facilita que los cristianos seamos sumisos, obedientes, y últimamente – santos.

    El pecado más grave en nuestras vidas, y en nuestros hogares es el orgullo.  El orgullo causa los argumentos, daña a las relaciones unos con otros, promueve el comportamiento pecaminoso, y puede llevar hasta la muerte.  El orgullo ha derrumbado a las naciones, a los imperios y a los hombres poderosos.  Y destruye a las familias.

    La humildad, por la otra mano, deleita al Señor: «…Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante Mi palabra» (Is. 66:2).  Él tiene una promesa profunda para aquellos que se humillan delante de Él.  «Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña Su camino» (Sal. 25:9).  ¿No es un versículo conmovedor?  ¡Que genial es saber que mientras nos humillemos, el Señor nos enseñará Su camino!

Orando el Salmo 51

    ¿Cómo podemos orar para ser una familia llena de humildad?  Tal vez siguiendo el ejemplo del rey David sería buen lugar para comenzar.  Dios llamó a David, «un hombre conforme a Mi corazón.»  Sin embargo, su pecado fue grande delante del Señor.  El ejemplo de David para nosotros, es una de humildad.  Él fue delante del Señor para pedir perdón y para recibir la gracia de Dios para comenzar de nuevo.  Su deseo profundo de cambiar y alejarse de su pecado es un ejemplo para nosotros.

    Cuando los hijos cometen pecados, hay que enseñarles que se acerquen pronto al Señor en arrepentimiento para que sus vidas no sean marginadas por culpa del enemigo.  Oremos por una porción de Salmo 51 para comprender este proceso que nuestro Padre Celestial desea que experimentemos para ser purificados del pecado y estar humillados de espíritu:

    Versículo 1: «Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a Tu gran amor; conforme a Tu inmensa bondad, borra mis transgresiones.»  Padre, reconocemos la pecaminosidad de nuestras vidas.  Tu Palabra dice que si confesemos nuestros pecados delante de Ti, que Tú nos perdonarás dentro de Tu misericordia.  Porque Jesús murió en nuestro lugar, como el supremo sacrificio, esta promesa es verdadera y ¡Tú le eres fiel para siempre!  ¡Gracias, Señor, por Tu corazón compasivo, y Tu amor inagotable hacia nosotros!

    Versículo 2: «Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.»  Gracias, Rey de Gracia, que Tu habrás hecho borrón y cuenta nueva para que nosotros comencemos limpios de cero otra vez.

    Versículo 3: «Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.»  Padre, nosotros Te confesamos nuestros pecados ahora.  Ayúdanos a recordar que lo que hemos hecho Te entristece y apena al Espíritu Santo.  ¡Danos fortaleza para alejarnos de estos pecados en el futuro!

    Versículo 4: «Contra Ti he pecado, sólo contra Ti, y he hecho lo que es malo ante Tus ojos; por eso, Tu sentencia es justa, y Tu juicio, irreprochable.»  Señor, hemos pecado contra Ti.  Lo sentimos mucho, y ¡queremos arrepentirnos de nuestros pecados ahora mismo!

    Versículo 5: «Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.»  Sabemos que nacemos con la naturaleza pecaminosa, y que sólo por medio de la gracia salvadora de Jesucristo podemos ser rescatados de la muerte, y recibir el perdón.

    Versículo 6: «Yo sé que Tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría.»  Señor Celestial, danos sabiduría y pon Tu verdad en la parte más profunda de nuestro ser para que tengamos muy claro lo que es lo bueno y lo que es lo malo ante Tus ojos.

    Versículo 7: «Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanca que la nieve.»  Señor, sabemos que Tú puedes borrar los pecados más sucios y hacernos frescos y nuevos otra vez.  Purifícanos, Padre.  ¡Queremos ser más blanca que la nieve!

    Versículo 8: «Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.»  Llénanos con gozo a causa de Tu perdón, Señor.  No tenemos que estar más debajo el peso de nuestro pecado.  ¡Tú nos has liberado!

    Versículo 9: «Aparta Tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad.»  Que maravillosos son Tus caminos, querido Dios.  Tú nos perdonas nuestros pecados y luego Tú haces la cosa más espectacular de todas las cosas.  ¡Tú eliges olvidar que los cometimos!  ¡Tu gracia es tan maravillosa!

    Versículo 10: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.»  Padre, haznos santos tal como Jesús es santo.  Ayúdanos a afirmarnos sobre Tu Palabra para que no caigamos en pecado.

    Versículo 11: «No me alejes de Tu presencia ni me quites de Tu Santo Espíritu.»  Señor, sabemos que nada nos puede separar del amor de Cristo.  Que Tu Espíritu Santo siempre sea nuestro Maestro y Guía, indicándonos el camino correcto.

    Versículo 12: «Devuélveme la alegría de Tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga.»  Maravilloso Señor, ahora que Tú nos has perdonado y nos has olvidado nuestros pecados, ¿nos ayudarás a darnos cuenta de que podemos perdonarnos a nosotros mismos?  Ayúdanos a acordarnos de este don increíble que Tú has dado debido a Jesús para que podamos seguir día tras día. 

    Versículo 13: «Así enseñaré a los transgresores Tus caminos, y los pecadores volverán a Ti.»  Señor de la Cosecha, danos corazones para alcanzar a los perdidos, y para hablarles a aquellos que Te han dado la espalda.  Danos las palabras correctas para compartir nuestros testimonios con otros, para que ellos puedan ver que lo que Tú has hecho en nuestras vidas, Tú lo harás en las suyas.

    Versículo 14: «Dios mío, dios de mi salvación, líbrame de derramar sangre, y mi lengua alabará Tu justicia.»  Porque Tú nos has salvado, oh Dios, ¡compartiremos Tu gran amor con otros!

    Versículo 15: «Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará Tu alabanza.»  Padre Todopoderoso, ¡danos la audacia para proclamar lo que Tú has hecho, y para ofrecerte alabanzas a Tu nombre poderoso!

    Versículo 16: «Tú no te deleitas en los sacrificios ni Te complacen los holocaustos; de lo contrario, Te los ofrecería.»  Señor, sabemos que debido al sacrificio de Cristo en la Cruz, Tú no requieres ninguna clase de sacrificio físico.  ¡Nuestra obediencia y nuestra entrega es lo que Tú deseas de nosotros!  Ayúdanos a hacer esto nuestra ofrenda a Ti – nosotros mismísimos.

    Versículo 17: «El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; Tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.»  Oh Señor, que nuestros corazones se humillen delante de Ti para que Tú nos puedas moldear y transformarnos en la imagen de Tu Hijo Jesús.  Cuando llegan las dificultades, ayúdanos a confiar en Ti.  Cuando Te desobedecemos, que pronto podamos llegar a Ti en arrepentimiento sincero para que Tú nos puedas acercar más a Ti.

    – Condensado.

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