«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Prueba Del Amor Verdadero

Por Andrew Murray

    Es fácil pensar que nos humillamos ante Dios.  Nuestra humildad ante los hombres será la única prueba suficiente de que nuestra humildad ante Dios es real, que la humildad ha tomado su permanencia en nosotros, y se ha convertido en parte de nuestra propia naturaleza, que como Cristo, realmente nos hemos despojado a nosotros mismos (Flp. 2:7).  Cuando la humildad de corazón se ha convertido, no en una postura que asumimos durante un tiempo mientras pensamos en Dios u oramos, sino en el propio espíritu de nuestra vida, se manifestará en todo nuestro comportamiento hacia nuestros hermanos.

    La lección es una de profunda importancia: la única humildad que es realmente nuestra no es la que tratamos de mostrar ante Dios en oración, sino la que cargamos con nosotros, y que realizamos en nuestra conducta ordinaria.

    Las insignificancias de la vida diaria son las importancias y las pruebas de eternidad, porque prueban lo que en realidad es el espíritu que nos posee.  En nuestros momentos de más descuido es en donde mostramos y vemos lo que realmente somos.

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