«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Jesucristo Mismo – La Sustancia Del Evangelio

Por Charles H. Spurgeon

    «Jesucristo mismo» es la Sustancia del Evangelio, y, por tanto, cuán atentamente deberíamos estudiarlo.  Él enseñó a Sus discípulos mientras estuvo aquí, y el propósito de Su enseñanza era que lo conocieran a Él mismo, y que a través Suyo conocieran al Padre.  Cuando viajó con los dos discípulos camino a Emaús, había una amplia gama de temas de conversación, pero Él eligió el viejo tema, y «comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían» (Lc. 24:27).  Ningún asunto era ni la mitad de importante o de útil.  Ningún simple humano puede venir a enseñar acerca de sí mismo, pero este divino Ser no puede tener nada mejor que revelar, pues Él mismo, el Dios encarnado, es lo primordial de toda la verdad de Dios.

    Esta también, amados, es la obra del Espíritu Santo.  «Él Me glorificará; porque tomará de lo Mío, y os lo hará saber» (Juan 16:14).  El Espíritu Santo nos revela a Cristo y lo revela en nosotros.  El Espíritu Santo abre a la mente y al entendimiento todas aquellas cosas que Cristo dijo mientras estuvo aquí.  El Consolador es el instructor y Jesús es la lección.

    Yo me atrevo a decir que ustedes anhelan conocer mil cosas, pero el punto principal del conocimiento deseable es Jesús mismo.  Esta fue Su enseñanza y esta es la enseñanza del Espíritu Santo – y este es el fin y el propósito de la Biblia.  Moisés, Isaías, y todos los profetas hablaron de Él – y las cosas que están registradas en este Libro fueron escritas para que creyeran que Jesús es el Cristo, y para que creyendo, tuvieran vida en Su nombre.  Este Libro es precioso, pero su principal valor radica en su revelación de Jesús mismo; es el campo que esconde la perla de gran precio, es el estuche que encierra a la joya más reluciente del cielo.  Habríamos perdido nuestro camino en la Biblia si su rastro de seda carmesí no nos llevara a la cámara central donde vemos a Jesús mismo.

    Nunca habríamos sido enseñados verdaderamente por el Espíritu Santo, y nos habríamos perdido de la enseñanza de la vida de Cristo si no llegáramos a permanecer en Jesús mismo.  Conocerlo a Él es nuestro principio de la sabiduría y es nuestra corona de la sabiduría.  Conocerlo a Él es nuestra primera lección en el banquillo de la penitencia y nuestro último logro al entrar al cielo.  Nuestra ambición es que podamos conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento.  Que el Señor alumbre los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos.

    Amados, debido a que Jesús es el compendio del Evangelio, Él debe ser nuestro tema constante.  «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo…» (Gál. 6:14).  «…Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, a éste crucificado» (1 Cor. 2:2).  Así hablaban los hombres de antes, y lo mismo decimos nosotros.  Cuando dejemos de predicar a Cristo sería mejor que dejáramos de predicar del todo; cuando dejen de predicar a Jesucristo mismo en sus clases, renuncien a la obra de la escuela dominical, pues ninguna otra cosa es digna de sus esfuerzos.  Si apagaran al sol, la luz se extinguiría, la vida se extinguiría y todo se extinguiría.

    Aquel a quien los santos estudian debe ser el tema cotidiano de los ministros, si es que quieren alimentar al rebaño de Dios.  Ningún otro tema anima tanto al corazón, despierta tanto a la conciencia, satisface tanto los deseos y calma tanto los miedos.  Nunca tal acontezca que dejemos de predicar a Jesucristo mismo.  No hay temor de agotar el tema ni de ahuyentar a nuestros oyentes, pues Sus palabras siguen siendo válidas todavía, «Y Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a Mí mismo» (Juan 12:32).

Comuníquese con nosotros

 
Heraldo de Su Venida
P.O. Box 279
Seelyville IN 47878 USA

 
E-Mail:
info@heraldodesuvenida.com

Haga un comentario.