«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Dios Es Nuestra Esperanza Y Nuestra Ayuda Segura

Por Rich Carmicheal

    Si bien siempre es bueno y esencial enfocarse en Dios y Su naturaleza y carácter, parece aún más significativo hacerlo en estos días en que muchos de nosotros nos damos cuenta de lo mucho que Lo necesitamos a Él y Sus recursos divinos.  Si te falta la esperanza, la paz, el aliento, la fortaleza, el consuelo, la ayuda, la liberación (¡y la lista continúa!), nuestra oración es que el Señor te ministre a través de estas páginas.

    Considera, por ejemplo, cómo el enfocarse en el Señor y Sus atributos afectaron la vida de Jeremías, como se revela en el tercer capítulo de Lamentaciones.  El profeta no podría haber estado en peor condición (ver versículos 1-20), y había llegado a un punto de aflicción en el que se encontraba sin paz, esperanza o fuerza.  ¡Pero luego volvió sus ojos hacia el Señor!  «Esto lo recuerdo en mi mente, por lo tanto tengo esperanza.  Por las misericordias del SEÑOR no somos consumidos, porque Sus misericordias no fallan.  Son nuevas cada mañana; grande es Tu fidelidad.  ‘El SEÑOR es mi porción,’ dice mi alma, ‘Por tanto, en Él espero.’  Bueno es el SEÑOR para los que esperan en Él, para el alma que Le busca» (vv. 21-26).  A Jeremías le habían acabado completamente sus propios recursos, pero luego se acordó del Señor, y de Sus misericordias, Su fidelidad y Su bondad – ¡y su esperanza fue restaurada!

Una Ayuda Segura

    O considera al salmista en el Salmo 46.  Él escribe dentro del contexto de gran angustia y aflicción y, sin embargo, comprende que Dios es «nuestro refugio y fortaleza, una ayuda muy presente,» sin importar cuán grande sea la prueba.  Dice que debido a quién es nuestro Dios y debido a lo que nuestro Dios es capaz de hacer, no temeremos «aunque la tierra sea removida, y aunque los montes sean llevados al medio del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, aunque tiemblen los montes con su hinchazón» (vv. 2-3).  Continúa diciendo que «el SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; el Dios de Jacob es nuestro refugio» (v. 7).  ¡Y Él nos ayudará! (vv. 1, 5).

    Por cierto, ¿no es reconfortante saber que el Señor no es solo una «ayuda,» sino «una ayuda muy presente» o, como señala una nota al margen de mi Biblia, «una ayuda disponible en abundancia»?  ¡Él está verdaderamente con nosotros y nos ayudará mientras confiamos en Él!  ¡Esto no se basa en ilusiones, sino en la realidad de quién es Él!  Él es «nuestro refugio y fortaleza, una ayuda muy presente en los problemas.»  Y nos anima a confiar plenamente en Él.  Como Él mismo dice más adelante en el salmo: «Estad quietos, y sabed que Yo soy Dios» (v. 10).

Acércate a Dios

    En estos días de pruebas y problemas, es de suma importancia, por lo tanto, que nos acerquemos al Señor en oración y a través de Su Palabra.  Mientras lo hacemos, será fiel en acercarse a nosotros (Stg. 4:8).  Él nos revelará más de Sí Mismo y compartirá más de Sus recursos divinos con nosotros.  Él promete dar poder y fuerza al cansado (Is. 40:29), paz más allá del entendimiento (Flp. 4:6-7), provisión en tiempos de necesidad (4:19), consuelo en los valles oscuros (Sal. 23:4), liberación en el día de la angustia (50:15), protección contra el mal (91:1ss.), y así sucesivamente.

    Con respecto a pasar tiempo con Él a través de Su Palabra, tenga en cuenta que Su Palabra es viva y poderosa (Heb. 4:12).  A veces, aferrarse a una sola verdad o una promesa de Su Palabra puede marcar la diferencia en una situación por la que estamos pasando.  Me viene a la mente una declaración que he compartido anteriormente de D. L. Moody: «Espera una promesa y Dios te encontrará allí.»  Y esta declaración de A.W. Tozer: «…Si estás en problemas y estás preocupado por tu situación y estás dispuesto a ser honesto con Dios, puedes confiar en Él.  Puedes acudir a Él en el mérito de Su Hijo, reclamando Sus promesas, y Él no te defraudará.  Dios te ayudará y encontrarás el camino de la liberación.  Dios moverá el cielo y la tierra para ti si confías en Él.»

    «Echa tu carga sobre el Señor, y Él te sustentará…» (Sal. 55:22).