«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Enseña A Tu Familia A Orar La Palabra De Dios

Por Kim Butts

    Hace muchos años, se me enseñó como orar la Palabra de Dios y me revolucionó mi vida de oración.  Aprendí que el Libro más importante en mi vida es además el manual fundamental de la oración, porque fue escrito por Dios mismo.  Nadie en tu familia debiera verse obligado a preguntar, «¿Cómo puedo saber cuál sea la voluntad de Dios?»  La Biblia siempre nos aclara Su voluntad por medio de la Palabra escrita.  Cualquier cosa que el Espíritu Santo nos hace saber siempre estará de acuerdo con la Palabra de Dios revelada.  (Y siempre debemos dar por sentado que cualquier cosa que no concuerde con la Palabra de Dios no es de Dios.)

    ¡Orando la Palabra libra al pueblo!  ¿Acaso no te gustaría que todos los miembros de tu familia pudieran orar con confianza completa y la seguridad de que el Señor Dios Todopoderoso les escuchará y les contestará en cuanto ellos oran las oraciones promovedoras del Reino que están en Su corazón?  Orar la Escritura les provee a los que son indecisos para orar en voz alta una herramienta con la cual pueden aprender.  Escucharse a su propia voz orando la Palabra de Dios de vuelta a Él hace crecer la confianza en la capacidad de uno de vocalizar oración.

    Adelante siguen algunas razones que muestran por qué la Escritura les puede empoderar sus vidas de oración individualmente y comunmente como familia.  En cuanto aumentas en comprensión y comienzas a incorporar la Palabra en tus oraciones, orarás con más audacia y eficacia de lo que pudieras haber pensado o imaginado, porque estarás intercediendo dentro de la voluntad buena, placentera y perfecta de Dios (Rom. 12:2).

Orar la Escritura es poderoso porque:

    1. Jesús es la Palabra: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.  Él estaba con Dios en el principio…El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros.  Y hemos contemplado Su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito de Dios, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:1-2, 14).  La Palabra de Dios te llenará tus oraciones con vida – ¡la vida de Jesucristo!  Oración: Padre, ¡Tu Palabra es Jesús!  Él estaba contigo desde el principio.  Hemos visto la gloria de Tu Hijo Unigénito, quien está lleno de gracia y de verdad.  Revélanos Tu gracia y Tu verdad en nosotros y por medio de nosotros para que otros reconozcan la Persona de Jesús.

    2. Es el ejemplo de Jesús: Jesús fue tentado, tal como todos nosotros hemos sido tentados y seguiremos siendo tentados.  Si Jesús utilizó la Palabra de Dios de arma contra el diablo, es una buena indicación que nosotros debemos utilizarla también.  En Mateo 4:1-11, vemos tres veces que Jesús luchó en contra de Su tentador con la Palabra: «Escrito está: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’…También está escrito: ‘No pongas a prueba al Señor tu Dios’…¡Vete Satanás!  ...Porque escrito está: ‘Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a Él.’»  Oración: Señor, cuando me tiento, que yo pueda luchar contra Satanás tal como lo hizo Jesús – ¡con toda palabra que sale de Tu boca!  Ayúdame a recordar que Te alabo y Te sirvo ¡todos los días de mi vida!  Jesús es nuestro intercesor: «¿Quién condenará?  Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros» (Rom. 8:34).  «Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de Él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos» (Heb. 7:25).  ¿Se te ocurre quizás que toda oración que Jesús ora por nosotros es la voluntad perfecta de Dios para con nosotros?

    3. Su Palabra es Su voluntad: Aprender a orar la Escritura nos enseña a orar según Su voluntad.  Segundo de Timoteo 3:16-17: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.»

    La Escritura nos enseña a conocer y a cumplir la voluntad de Dios: La pregunta número uno que nos preguntan es, «¿Cómo sé que estoy orando dentro de la voluntad de Dios?»  La gente hace esta pregunta por el pasaje en 1 Juan 5:14-15 que declara, «Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a Su voluntad, Él nos oye.  Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que Le hemos pedido.»  ¡La mejor manera de conocer la voluntad de Dios es para que Dios nos revele Su voluntad!  Aquí hay dos temas:

    La voluntad de Dios para Su Reino (saber lo que está dentro del corazón de Dios): ¿Qué hay dentro del corazón de Dios?  Jesús siempre lo ha sabido, así que debemos llevarnos la instrucción que proviene de Él en cuanto a esto: «Porque he bajado del cielo no para hacer Mi voluntad sino la del que Me envió» (Juan 6:38).  «...Las palabras que Yo les comunico, no las hablo como cosa Mía, sino que es el Padre, que está en Mí, Él que realiza Sus obras» (Juan 14:10).  Si Jesús sabe que todo lo que Él hace y dice es la voluntad de Dios, entonces todo lo que ora es también la voluntad de Dios.  Si nuestro trabajo es ser como Jesús y obedecerle, entonces es imperativo que intercedamos como Él.  ¡Necesitamos descubrir la voluntad de Dios por medio de Su Palabra revelada y orarla por el amor a Su reino!  Aquí hay unas pocas cosas que están dentro del corazón de Dios: Él quiere que nos amemos los unos a los otros (Juan 13:34-35); Él quiere que TODOS se salven y que lleguen a conocer la verdad (1 Tim. 2:1-4); Él quiere que pidamos que se envíen más obreros a Su campo de cosecha (Mt. 9:38); Él quiere unidad en el cuerpo de Cristo (Juan 17:20-26).  A medida que oras estas Escrituras, sabe que son la voluntad de Dios para ti, y que Él quiere que le obedezcas en respuesta a las oraciones que oras.

    La voluntad de Dios para mí y mi lugar en Su Reino: «Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es Su voluntad para ustedes en Cristo Jesús» (1 Tes. 5:16-17).  «Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla Su buena voluntad» (Flp. 2:13).  «Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá, ‘Este es el camino; síguelo’» (Is. 30:21).  «Esto es lo que dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel: ‘Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene, que te guía por el camino en que debes andar’» (Is. 48:17).  ¿Debiéramos tener duda alguna en cuanto Él esté en control?  ¡Él lo hace tan claro!  Sabiendo esto, ¿Cómo podemos preguntarle a Dios acerca de Su voluntad para nosotros?  Oración: Padre lleno de gracia, enséñame Tu camino para que yo ande en Tu verdad (Sal. 86:11).  Que Tu Palabra sea una lámpara a mis pies y una luz en mi sendero (Sal. 119:105).  Ayúdame a no conformarme más al molde de este mundo, pero por favor transfórmame mediante la renovación de mi mente para que yo pueda probar y aprobar Tu voluntad buena, placentera y perfecta para mi vida (Rom. 12:2).

    A la medida que somos fieles para escuchar Su voz, y ser obedientes a Su voluntad, Él nos revelará más y más de Sus planes y Sus propósitos a nosotros.

    4. La Palabra de Dios nos permite orar las bendiciones y los propósitos de Dios para nosotros mismos y para otros: Ejemplo: Un pasaje de Escritura que he orado para mis hijos es Primera de Timoteo 4:12: Padre, que nadie menosprecie a mi hijo por ser joven, al contrario, ayúdale a dar un ejemplo para los creyentes (y los no creyentes) en su habla, en su vida, en su amor, en su fe y en su pureza.  Otra manera poderosa de orar la voluntad de Dios para otros es de bendecirlos.  Una que he utilizado con mi familia es la bendición bella de Números 6:24-26.  A la siga hay algunos ejemplos adicionales que se puedan orar sobre personas, congregaciones, vecindarios, compañeros de trabajo, compañeros de clase, etc.

    Bendiciones:

    «Que el Señor los lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró» (2 Tes. 3:5).

    «Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias.  El Señor sea con todos ustedes» (2 Tes. 3:16).

    «Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en Él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo» (Rom. 15:13).

    «Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13:14).    

    «Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por Su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, los anime y les fortalezca el corazón, para que tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno» (2 Tes. 2:16-17).

    ¿Comprendes como cientos de Escrituras se pueden aplicar a personas y situaciones a la manera que intercedes?

    5. Orar la Escritura es un ejemplo de la Iglesia primitiva: ¡Lee Hechos 4:23-31 para un gran ejemplo de una reunión de oración que se enfocó en la Palabra de Dios!  En común se dirigieron a Dios utilizando Salmo 2, y Él se agradó tanto que: «Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno» (Hch. 4:31).  La audacia increíble de estos cristianos primitivos es sorprendente, particularmente porque ¡todos eran creyentes nuevos a cierto modo!  ¿Se tiembla tu casa cuando ora tu familia?

    6. Orar la Escritura nos da confianza y poder en nuestra oración: «Si permanecen en Mí y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá» (Juan 15:7).  Cuando oras Escritura, puedes asegurarte y saber que ¡es poderoso!  «Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración» (Mt. 21:22).  Me es mucho más fácil creer en la Palabra de Dios mientras oro en vez de depender totalmente de lo que hay en mi corazón, lo cual a veces puede ser egoísta y no enfocado en los planes y los propósitos de Dios.  ¡Ésta es una razón excelente porque debemos memorizar Escritura en nuestras familias!  Saber bien Su Palabra nos mejorará nuestras vidas de oración, y nos ayudará a creer que tenemos lo que le pedimos a Él (1 Juan 5:14-15).

    7. La Palabra de Dios nos provee un vocabulario bello, lleno, y suntuoso de oración: Ejemplo: Ora Salmo 145 de vuelta al Señor.  Mientras lo haces, ¡enfoca todas las palabras de vuelta a Él como una oración de adoración!  Entonces, a la medida que oras por este Salmo y otros, escribe las palabras y las frases que hablan de Dios y de Su carácter para ayudarte a tener formas para describirlo a Él para que tus oraciones no se marchiten de la repetición.  Ahora que tienes este ejemplo de los Salmos, lee otros libros de la Biblia y haz lo mismo.

    8. La Palabra de Dios nos ayuda a mantener nuestras vidas de oración frescas y estimuladas: «Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos.  Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4:12).  ¿Has experimentado estaciones secas en tu vida de oración?  ¿Has luchado para encontrar maneras de enseñar a tus hijos a orar?  ¡Aplicando el vocabulario de Escritura a tu vida de oración la avivará!  Orar la Palabra de Dios capturará tu corazón y los corazones de tus hijos para que ellos siempre puedan estar conectados a la Vid que es Jesucristo (Juan 15:7).

    9. La Palabra de Dios es sin falta: «Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces purificada en el crisol» (Sal. 12:6).  «El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable.  Escudo es Dios a los que en Él se refugian» (Sal. 18:30).  Al orarle la Palabra de Dios a Él ¡puedes siempre tener la confianza de saber que estás orando algo que está dentro de Su voluntad perfecta!  ¡No hay errores en Su Palabra!  Esta es una cosa vital para enseñar a tu familia, porque los niños deben aprender que la Palabra de Dios es completamente confiable.     

    10. La Palabra de Dios permanece para siempre: «El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras jamás pasarán» (Lc. 21:33).  «…Pero la palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pe. 1:25).  «Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos» (Sal. 119:89).  Nada puede destruir ni disminuir la Palabra.  ¡Jesús, la Palabra de Dios, es eterno!  Continuamente entrena a tus hijos a confiar que Su Palabra será lo mismo ayer, hoy y para siempre.  Nada debe ser agregado o ser quitado de Su palabra.  Su Palabra es eterna.

    11. Orando la Palabra de Dios nos ayuda a desarrollar una relación más íntima con Él y un deseo de conocerlo mejor: Ejemplo: Lee Salmo 63:1-8.  ¿Cuándo fue la última vez que añorabas a Dios de esta manera?  ¿Acaso no desarrolla un hambre y una sed para Él en tu espíritu?  Al orar por la Palabra de Dios, Él aumentará tu deseo de conocerlo más al fondo y más intenso que nunca.  Si tus hijos se apasionan con las cosas mundanas, orando la Escritura les ayudará a comenzar a añorar lo que es espiritual en lugar de ello, a la manera que el Espíritu Santo obre en sus corazones.  Cuando nos transformamos en familias apasionadas con Jesús, las cosas del mundo se vuelven menos importantes.

    12. Su Palabra nos recuerda a mantenernos enfocado en Él en oración: «En Ti, Señor Soberano, tengo puestos los ojos…» (Sal. 141:8).  Josafat dijo, «¡No sabemos qué hacer!  ¡En Ti hemos puesto nuestra esperanza!» (2 Cr. 20:12).  En los tiempos buenos o los malos, necesitamos fijar nuestros ojos y estar enfocados en el Señor.  A veces intentamos arreglar las cosas a nuestra manera que no andan bien según lo que pensamos.  Cuando lo hacemos, estamos obrando en nuestra carne propia, y muchas veces empeoramos la situación, o fallamos en nuestros intentos de dar vuelta a las cosas.  Aprende como familia a llevarle todo al Señor en oración, pidiéndole que se haga cargo y que obre en el medio de cualquier situación en la que te encuentres.  Asegúrate que la oración sea siempre tu primera respuesta y que no sea el último recurso.

    13. Orando la Palabra nos da la autoridad de enfrentar el enemigo: La Palabra es la única pieza ofensiva de la armadura de Dios (Ef. 6:10-18).  ¿Recuerda cómo Jesús fue a batallar en contra de Satanás en el desierto usando la Palabra?  ¡También lo puedes hacer!  «Por Ti derrotamos a nuestros enemigos; en Tu nombre aplastamos a nuestros agresores» (Sal. 44:5).  Lee 1 Juan 2:14 también.  Satanás sabe que la oración lo derrota, entonces él trata de desgastar nuestra confianza en la capacidad de Dios de contestar a nuestras oraciones.  ¡Enseña a tus hijos la importancia y el poder del nombre de Jesús!

    14. Orando la Palabra de Dios y oyéndola orarse, edifica nuestra fe en la capacidad de Dios de oír y contestar: «Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo» (Rom. 10:17).  Aquí hay un buen ejemplo: «La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará» (Stg. 5:15).  Cuando oímos la Palabra de Cristo, edifica nuestra fe.  Cuando oramos la Palabra de Cristo, demuestra nuestra fe en lo que Él hará.

    15. Orando la Palabra de Dios permite que el Espíritu Santo obre en nosotros y por nosotros: «Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Ef. 6:17).  «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho» (Juan 14:26).  Entrena a tu familia a saber que el Espíritu Santo es nuestro Maestro divino.  Sabe todo acerca de la mente y el corazón de Dios, y nos quiere enseñar estas cosas a nosotros, si estamos dispuestos a tomar el tiempo para escuchar.

    16. Orando la Palabra de Dios nos protege del pecado: «En mi corazón atesoro Tus dichos para no pecar contra Ti» (Sal. 119:11).  Esto nos muestra la importancia del aprendizaje de memoria – podemos utilizar la Escritura en nuestras vidas de oración sin importar donde estemos si la Palabra esté atesorado en nuestros corazones.  Entrena a tus hijos en esta disciplina vital para que estén mejor preparados para enfrentar el comportamiento pecaminoso.

    17. ¡Orando la Palabra nos ayuda a orar sobre nuestra propia obediencia a la Palabra!  Nos da nuestra instrucción y dirección diariamente.  «Enséñame, Señor, a seguir Tus decretos, y los cumpliré hasta el fin.  Dame entendimiento para seguir Tu ley, y la cumpliré de todo corazón.  Dirígeme por la senda de Tus mandamientos, porque en ella encuentro mi solaz.  Inclina mi corazón hacia Tus estatutos y no hacia las ganancias desmedidas.  Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a Tu palabra» (Sal. 119:33-37).  «No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos.  Llévenla a la práctica» (Stg. 1:22).  ¿Oras después de escuchar un mensaje poderoso de la Palabra o después de leer la Palabra, o mientras la lees?  ¡Debemos estarle pidiendo a Dios que nos transforme Su Palabra en vida en nosotros y por nosotros!

    18. Orando la Palabra nos ayuda a pararnos en el cimiento firme: «Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a Mí, y oye Mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca.  De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida» (Lc. 6:47-48).  ¿Están los pies de tus hijos parados firmes sobre la Roca?  ¡Orando la Palabra de Dios ayudará a construir ese cimiento!

    19. Su Palabra SIEMPRE logrará lo que Él desea: «…Así es también la palabra que sale de Mi boca:  No volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo deseo y cumplirá con Mis propósitos» (Is. 55:11).  Es importante entrenar a nuestras familias a entender que debemos orar siempre para que se haga la voluntad del Señor en la tierra en vez de que se haga nuestra propia voluntad egoísta en el cielo.

    20. Las promesas de Su Palabra nos animan y nos edifican: «...No te dejaré ni te abandonaré» (Jos. 1:5).  «‘Porque Yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.  Entonces ustedes Me invocarán, y vendrán a suplicarme, y Yo los escucharé.  Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón’» (Jr. 29:11-13).  ¡Ayuda a tu familia a aprender cómo encontrar las promesas maravillosas de Dios y luego óralas para sus vidas!

    21. ¡Orando la Palabra de Dios es poderoso porque es la VERDAD!  Jesús oró por todos los creyentes en Juan 17:17, «Santifícalos en la verdad; Tu palabra es la verdad.»  «Si se mantienen fieles a Mis enseñanzas, serán realmente Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:31-32).  «La palabra del Señor es justa; fieles son todas Sus obras» (Sal. 33:4).  «En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido» (Ef. 1:13).  Hay generaciones de creyentes vivas hoy quienes no abrazan la verdad absoluta.  Orando la Escritura les ayudará a tus hijos a conocer esta verdad.  Señor, eres derecho y verdadero y eres fiel en todo lo que haces.

    22. Le agrada al corazón de Dios responder a las oraciones que le agradan, y sabemos que Su Palabra le es placentera: «Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios, y recibimos todo lo que le pedimos porque obedecemos Sus mandamientos y hacemos lo que le agrada» (1 Juan 3:21-22).  En cuanto orando la Palabra llegue a ocupar la mayor parte de lo que son como familia, tus hijos aprenderán que su obediencia a la Palabra le es importante al Padre.

    23. La audacia de orar la Palabra nos fortaleza el testimonio hacia los no creyentes: «Porque ésta es la voluntad de Dios: que, practicando el bien, hagan callar la ignorancia de los insensatos» (1 Pe. 2:15).  En cuanto tu familia comience a orar oraciones audaces de la Palabra de Dios y Él comience a contestar, aquellos que dudan o están inseguros de quién es Jesús, tendrán que considerarlo otra vez.

    24. La Palabra de Dios nos enseña a alabarle como el Creador de todas las cosas: «Todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, porque la palabra de Dios y la oración lo santifican» (1 Tim. 4:4-5).  «Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de Su boca, las estrellas» (Sal. 33:6).  ¡Lee 1 Crónicas 16:23-36!  ¡Dios ha creado aún el lenguaje de nuestra alabanza!

    25. ¡Debemos orar la Escritura PARA QUE Dios sea honrado y glorificado!  «Cuando Jesús oyó esto, dijo: Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, PARA QUE por ella el Hijo de Dios sea glorificado» (Juan 11:4).  Dios recibió la gloria cuando Lázaro se resucitó de la muerte.  «Cualquier cosa que ustedes pidan en Mi nombre, yo la haré; ASI será glorificado el Padre en el Hijo» (Juan 14:13).  «Que Te alaben, Señor, todas Tus obras; que Te bendigan Tus fieles.  Que hablen de la gloria de Tu reino; que proclamen Tus proezas, PARA QUE todo el mundo conozca Tus proezas y la gloria y esplendor de Tu reino» (Sal. 145:10-12).  Cuando sea que oras Escritura, ¡le llevas la gloria y el honor al Padre!  El «Para Que» oración transforma cada oración en una oración del reino – ¡una oración que honra a Dios y llega al corazón del Padre!

    Al modo que tu familia estudia la Palabra y crece unidos en el Señor, descubrirás muchas razones más para orar la Escritura.  Escríbanlas y aplíquelas a sus vidas.  ¡Asegúrate de enforzar estos principios con tus hijos!  Sé ejemplo para otros ocupando estos principios.  ¿Cómo será cuando cada oración hecha en tu hogar se ore dentro de la voluntad buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2) de Dios?  Quizás verás a familias, iglesias, comunidades, y naciones completamente transformadas.

    Un recuerdo – cuando oran la voluntad de Dios para sus vidas y para otros, ¡estén preparados para ser sumisos y obedientes en el caso de que Él les pidiera que fueran la respuesta a las oraciones que oran!