«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

¡La Palabra De Dios Exige Tu Atención Inmediata!

Por Charles H. Spurgeon (1834 – 1892)

    «…La boca de Jehová lo ha dicho» (Is. 1:20).

    Cada Palabra que Dios nos ha dado en la Biblia reclama nuestra atención, por causa de la infinita majestad de Aquél que la dijo.  ¿Qué voz es como Su voz?  «Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria.  Voz de Jehová que quebranta los cedros; y quebrantó Jehová los cedros del Líbano…Voz de Jehová que hará ­temblar el desierto; hará temblar Jehová el desierto de Cades» (Sal. 29:4-8).  «Mirad que no desechéis al que habla…» (Heb. 12:25).

    La Palabra de Dios ejerce un derecho sobre la atención de ustedes por causa de Su majestad; pero yendo más lejos, debería ganar sus oídos debido a su importancia intrínseca.  «…La boca de Jehová lo ha dicho» – no es algo sin importancia.  Dios nunca habla vanidad.  Ninguna línea de Sus escritos trata sobre los temas frívolos de un día.  Aquello que puede olvidarse en una hora es para el hombre mortal y no para el Dios eterno.  Cuando el Señor habla, Su discurso es semejante a Dios, y sus temas son dignos de Uno cuya habitación es la infinitud y la eternidad.  Hombre, Dios no juega contigo: y tú, ¿lo considerarás a Él algo sin importancia?  ¿Lo tratarás a Él exactamente como si fuese alguien parecido a ti?  Cuando Dios te habla a ti, Lo hace en serio.  ¿Acaso tú no lo oirás con seriedad?

    Él te habla de grandes cosas que tienen relación con tu alma y su destino.  «Porque no os es cosa vana; es vuestra vida.»  Tu existencia eterna, tu felicidad o tu miseria, penden de tu tratamiento de lo que la boca del Señor ha dicho.  Él te habla en lo concerniente a realidades eternas.  Te suplico que no seas tan ignorante como para no prestar oídos.  No actúes como si tanto el Señor como Su Verdad no fueran nada para ti.  No trates la Palabra del Señor como algo secundario, que puede esperar tu tiempo libre y recibir atención cuando no tengas otra cosa que hacer:  pon todo lo demás a un lado, y presta atención a tu Dios.

    Puedes estar seguro que, si «la boca de Jehová lo ha dicho,» entonces hay una necesidad urgente y apremiante.  Dios no rompe el silencio para decir algo que pudo haber permanecido sin decirse.  Su voz indica gran urgencia.  Hoy, si escuchas Su voz, escúchala; pues Él exige atención inmediata.  Dios no habla sin una razón abundante; y, ¡oh, querido lector, si Él te habla a ti por medio de Su Palabra, yo te imploro que creas que debe haber un motivo preponderante para ello!  Yo sé lo que te dice Satanás: él te dice que te puede ir muy bien sin necesidad de escuchar la Palabra de Dios.  Yo sé lo que tu corazón carnal te susurra: te dice: «escucha la voz de los negocios y del placer; pero no escuches a Dios.»  Pero ¡oh!, si el Espíritu Santo le enseñara a tu razón para que fuese razonable, y sintonizaras tu mente en la mente de la sabiduría verdadera, entonces tú reconocerías que lo primero que tienes que hacer es prestar atención a tu Hacedor.

    Tú puedes oír las voces de otros en otro momento.  Pero tu oído debe oír primero a Dios, puesto que Él es primero, y todo lo que Él habla debe ser de primera importancia.  Apresúrate a guardar Sus mandamientos sin demora.  Responde a Su llamado sin reservas, y di: «Habla, Jehová, porque Tu siervo oye.»

    Ningún otro asunto tiene una importancia intrínseca comparable con esto: éste es el tema supremo.  Se trata de tu alma, de tu propia alma, de tu alma eterna, y es tu Dios quien te está hablando.  Te suplico que lo escuches.  Presten atención con diligencia a lo que su Hacedor, su Salvador, su mejor Amigo, tiene que decirles.  «No endurezcáis vuestros corazones» (Sal. 95:8), sino que «inclinad vuestros oídos, y venid a Mí; oíd, y vivirá vuestra alma…» (Is. 55:3).

    – Extraído y condensado de un sermón.