«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Palabra De Dios Provee Lo Que Necesitas

Por Dave Butts

    «La ley del Señor es perfecta, infunde nuevo aliento.  El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo.  Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón.  El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos» (Sal. 19:7-8).

    Es un hecho cierto y fijo de la naturaleza humana que cada uno se cuida de sus propias necesidades.  Hasta los que han aprendido a servirles a otros, se cuidarán de ellos mismos.  Si las necesidades son las básicas de comida, bebida, protección, sueño, o que sean las que son más percibidas que actuales e inmediatas, todos nosotros buscamos lo que creemos que nos va a satisfacer.

    A veces la búsqueda de procurar a nuestras propias necesidades se convierte en algo muy egoísta.  Nosotros podemos hacernos tan egocéntricos que nada más nos interese ni nos importe.  En su lugar apropiado el deseo y la necesidad de cuidarnos representan algo muy normal y muy natural.  Nosotros como seres humanos nos movemos en la dirección de personas o de situaciones que rellenarán nuestras necesidades.  Porque todos somos personas necesitadas en tantos aspectos, hasta los cristianos, estamos muchas veces pasando por alto la sabiduría que es, que la Palabra de Dios es la primera, y la única fuente en que debemos buscar a realizar, de tratar de satisfacer a nuestra necesidad.  Él es el Único que suplirá, si nos dependemos de Él.  «Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús» (Flp. 4:19).

    Recientemente, durante mis devociones de la noche, yo fui muy impresionado por lo que el salmista dijo en Salmo 19 acerca de la Palabra de Dios, y cómo la Palabra suple y satisface a nuestras necesidades.  Salmo 19 es casi una introducción a lo que se desarrolla unos cien capítulos más tarde en Salmo 119 acerca de la Palabra de Dios.

    David usa varias palabras, como ley, estatutos, preceptos y mandamientos, pero todos los términos se refieren a la Palabra de Dios.  Los términos que él usa para describir la Palabra de Dios son para aumentar nuestra esperanza y nuestra fe en el poder y en la eficaz de lo que Dios ha hecho.  David nos relata que las Escrituras son perfectas, dignas de confianza, rectas y radiantes (vv. 7-8).  Esa es la clase de revelación en la cual quiero confiar y guiar mi vida.

    Lo que me entusiasma acerca de este pasaje, lo que me resuena en estos versos es la realización que la Palabra de Dios es diseñada y designada por el Señor para satisfacer a mis más profundas necesidades.  Primero, leemos que porque la ley (la Palabra) es perfecta, que puede avivar a mi alma (v. 7).  Mi alma necesita avivamiento.  ¿Qué dices de la tuya?  La rutina diaria tiene la tendencia de fatigarnos, no solamente físicamente, sino que también espiritualmente.  Hay momentos en que nos sentimos tan cansados y tan agobiados y tan débiles, que no estamos seguros si podemos orar o si podemos hacer las cosas que Dios nos pide que hagamos.  Es dentro de la Palabra de Dios, la Palabra perfecta, que encontramos el poder avivante y refrescante.  El tiempo que pasamos diariamente leyendo la Biblia no es solamente una cosa buena que se debe hacer.  Es esencial si deseamos que nuestras almas sean avivadas y llenadas de vida y alegría.  La acción de leer la Biblia diariamente deja que el Espíritu Santo produzca vida en el muerto, cuando la Palabra de Dios está respirada en nosotros y ese aliento nos resucita.

    David, el salmista, también nos enseña que a causa de los estatutos del Señor que son dignas de confianza, pueden traer sabiduría a los simples (v. 7).  Y, yo no sé lo que opinas tú, pero a mí me parece que cada día me trae algún asunto que está fuera de mi habilidad y mi capacidad de comprender o de saber cómo resolverlo.  Yo me encuentro muy a falta de sabiduría.  La necesito desesperadamente.  Lo he oído decir que la sabiduría es la perspectiva de Dios en cuanto a un asunto.  ¿No es aquella la cosa que realmente todos nosotros necesitamos…la perspectiva de Dios?  Pues, eso que necesitamos se encuentra en las páginas de la Palabra de Dios.  Allí encontramos la sabiduría disponible para que el Espíritu Santo la tome y la aplique a cada situación que enfrentemos.

    Los preceptos del Señor son rectos, y por eso, nosotros podemos mantener un corazón lleno de alegría (v. 8).  Dios intentó que nosotros fuéramos un pueblo caracterizado por la presencia visible de alegría.  Lucas le describe a Jesús como, «…lleno de alegría por el Espíritu Santo» (Lc. 10:21).  Los primeros discípulos respondieron a la ascensión de Jesús de esta manera: «Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría» (Lc. 24:52).  La intención del Señor se describe claramente, «Les he dicho esto para que tengan Mi alegría y así su alegría sea completa» (Juan 15:11).

    Desafortunadamente, es un hecho obvio y comprobado que la alegría puede ser robada de nuestras vidas.  Si la alegría del Señor es nuestra fortaleza (Ne. 8:10), entonces, Satanás hará todo en su poder para robar nuestra alegría.  Pablo escribió a los gálatas acerca de las circunstancias en que se encontraron y les preguntó, «Pues bien, ¿qué pasó con todo ese entusiasmo?  Me consta que, de haberles sido posible, se habrían sacado los ojos para dármelos» (Gál. 4:15)?  La rectitud de la Palabra de Dios puede restaurar a nuestra alegría.  Pasando tiempo con Dios en las páginas de Su Palabra realinea a nuestra vida con Su rectitud y nos trae alegría.

    Una manera más en que vemos que la Biblia satisface a nuestras necesidades se encuentra en este texto que nos habla del área de proveer la dirección.  «Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón.  El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos» (Sal. 19:8).  Nuestros ojos necesitan luz para que veamos.  La Palabra radiante de Dios nos provee la luz brillante.  Con luz, podemos ver el sendero que nos queda por delante con mayor claridad.  En Salmo 119:105 David dice, «Tu Palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.»  Últimamente, estamos hablando del hecho de que la Biblia provee dirección y visión para nuestras vidas.

    Una de las necesidades más grandes que tenemos es de llegar a saber lo que debe ser nuestra dirección y de poderla comprender.  Es tan difícil moverse si no sabes adónde vas.  No es siempre una cuestión de saber cuál será nuestra última dirección, sino que, sí, la cuestión es de saber cuál será o debe ser el próximo paso.  Abraham salió de Ur de los caldeos, sin saber adónde iba, pero sí, sabiendo bien que Dios le había llamado a moverse.  Fue suficiente luz para que Abraham se moviera.  La Palabra de Dios te dará la luz suficiente, la luz que necesitas tú para moverte en la dirección correcta, la dirección en que Dios quiere que vayas.

    ¿Qué necesitas tú hoy día?  Avivamiento, sabiduría, alegría y dirección, todos les son disponibles a los que están dispuestos a pasar tiempo en la Palabra de Dios.  El Señor desea satisfacer a tus más profundas necesidades y Él ha suplido todo lo que necesitas para una vida de santidad.  «Corro por el camino de Tus mandamientos, porque has ampliado mi modo de pensar» (Sal. 119:32).