«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Es Una Vida De Crecimiento Constante En La Semejanza De Cristo

Por Ruth Paxson (1889 – 1949)

    «Por tanto, nosotros todos, mirando (o reflejando) a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor. 3:18).

    No hay nada estacionario en la verdadera experiencia espiritual.  La mirada elevada y la cara descubierta tienen que alcanzar y reflejar algo de la gloria del Señor.  A un conocimiento creciente de Él y a una comunión cada vez más profunda con Él, debe acompañar una semejanza cada vez mayor a Él.

    En cierta ocasión viajaba por el río Yangtse, de la China central.  Acababa de escampar después de una fuerte tormenta y el sol había salido esplendente por detrás de las reprimidas nubes.  Me sentí impulsado interiormente a subir sobre cubierta y el Señor tenía un precioso mensaje en espera para mí.  El agua del río Yangtse es muy turbia.  Pero al llegarme a la barandilla y mirar al río en aquella ocasión, no vi el agua amarilla y sucia, sino el azul del cielo y los blancos vellones de las nubecillas tan perfectamente reflejados, que apenas podía creer que estaba mirando hacia abajo, y no hacia arriba.  En aquel momento el Espíritu Santo me trajo al pensamiento, como un relámpago, el versículo 18 del capítulo 3 de Segundo Corintios, y dijo: «En ti misma eres tan poco atractiva como el agua del río Yangtse, pero cuando tu ser se vuelva hacia Dios y toda tu vida se abra a Él de modo que Su gloria pueda brillar sobre ella y penetrar en ella, entonces serás transformada en Su imagen de tal modo, que otros, al mirarte, no te verán a ti, sino a Cristo en ti.»  Amigos queridos, ¿estamos vosotros y yo «reflejando, como en un espejo, la gloria del Señor»?

    Pero hay un progreso en nuestra semejanza a Cristo: es «de gloria en gloria.»  La naturaleza espiritual está siempre extendiéndose hacia lo que es espiritual y alcanzándolo para hacerse más espiritual.

    «Todo pámpano que en Mí no lleva fruto, Lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, Lo limpiará, para que lleve más fruto.  …Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer» (Juan 15: 2, 5).

    «No lleva fruto,» «lleva fruto,» «más fruto,» «mucho fruto.»  ¿No descubren estas frases, ante nuestra vista, las posibilidades de semejanza con Cristo que están al alcance de todo pámpano de la Vid verdadera?  ¿No nos muestran también el progreso positivo «de gloria en gloria» que Dios espera ver en nosotros?  Estas frases describen ciertas condiciones.  ¿Cuál de ellas describe la tuya?  Solamente la condición de llevar «mucho fruto» es la que glorifica al Padre.

    «En esto es glorificado Mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así Mis discípulos» (Juan 15:8).

    Pero, ¿cuál es el fruto que Dios espera encontrar en el pámpano?  Él nos lo dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley» (Gál. 5:22-23).

    El «fruto del Espíritu» es el carácter simétrico y completo del Señor Jesucristo, en el cual no hay defecto ni exceso.  Observad que no dice «frutos,» sino «fruto.»  Es precisamente un racimo, y todas las nueve gracias que en él entran son esenciales para revelar la belleza de la verdadera semejanza con Cristo.  Pero ¡cuán a menudo vemos un gran corazón de amor echado a perder por un genio demasiado vivo!  Hay amor, pero falta templanza.  O vemos una persona de gran paciencia, pero de rostro decaído.  Hay paciencia, pero falta el gozo.  Otro caso es del cristiano que tiene fe abundante, pero carece de benignidad.  Hay más del trueno del Sinaí que del amor del Calvario en su carácter.  Sabe mejor defender la doctrina que adornarla.  Otras veces vemos alguno cuya vida es la encarnación de la bondad, pero la bondad está nublada por la preocupación y la intranquilidad.  Hay bondad, pero falta paz.  ¡Cómo desfiguran la simetría del carácter cristiano la ausencia o el exceso de cualquiera de estas gracias!  En el cristiano espiritual, estas nueve gracias se funden en forma tan atractiva y hermosa, que el mundo puede ver a Cristo viviendo en él.

    – Extraído del Ríos de Agua Viva.