«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Verdadera Iglesia

Por J. C. Ryle (1816 – 1900)

    Yo deseo que pertenezcas a la única iglesia verdadera: a la iglesia fuera de la cual no hay salvación.  No pregunto a dónde asistes los domingos sino pregunto si «¿Perteneces a la única iglesia verdadera?»

    ¿Dónde se encuentra esta única iglesia verdadera?  ¿Cómo es esta iglesia?  ¿Cuáles son las características pos las cuales se puede reconocer esta única iglesia verdadera?  Quizás me hagas tales preguntas.  Escucha bien y te daré algunas respuestas al respecto.

    La única iglesia verdadera se compone de todas los creyentes del Señor Jesús.  Se compone de todos los elegidos de Dios – de todos los hombres y mujeres convertidos – de todos los cristianos verdaderos.  A cualquier persona que se le manifiesta la elección de Dios el Padre, la sangre vertida de Dios el Hijo, la obra santificadora de Dios el Espíritu, lo consideramos como un miembro de la iglesia verdadera de Cristo.

    Es una iglesia en la cual todos los miembros poseen las mismas características.  Todos son nacidos del Espíritu; todos poseen «un arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo» (Hch. 20:21), y santidad de vida y conversación.  Todos odian el pecado y todos aman a Cristo.  Adoran en diferentes maneras; pero todos adoran con un solo corazón.  Todos son guiados por un mismo Espíritu; todos edifican sobre el mismo cimiento; todos derivan su religión de un solo libro – la Biblia.  Todos están unidos a un mismo eje – Jesucristo.  Todos aun ahora pueden decir con un corazón, «Aleluya;» y todos pueden responder con un corazón y una sola voz, «Amén y Amén.»

    Es una iglesia que no depende de ningún ministro aquí en la tierra, aunque sí estima mucho a aquellos que predican el Evangelio a sus miembros.  Pero sólo posee un Líder Supremo – un Pastor, un Obispo principal – y ese es, Jesucristo.  Sólo Él, por medio de Su Espíritu, de la entrada a los miembros de esta iglesia, aunque los ministros les pueden indicar la entrada.  Hasta que Él abra la puerta ningún hombre en la tierra la puede abrir – ni obispos, ni presbíteros, ni convocaciones, ni sínodos.  Una vez que un hombre se arrepiente y cree en el Evangelio, se convierte en ese momento en un miembro de esta iglesia.

    Es una iglesia cuya existencia no depende de formas, ceremonias, catedrales, iglesias, capillas, púlpitos, bautismales, vestimentas, órganos, fundaciones, dinero, reyes, gobiernos, magistrados ni de ningún favor de parte del hombre.  Muchas veces ha sobrevivido y continuado cuando todas estas cosas le han sido quitadas.  Muchas veces se ha escapado de aquellos que debían de ser sus amigos al desierto y a las cuevas en la tierra.  Su existencia no depende de nada sino la presencia de Cristo y de Su Espíritu; y como éstos estarán siempre con ella, la iglesia no puede morir.

    Esta es la iglesia a la cual pertenecen los títulos bíblicos de honra y privilegio presentes, y sus promesas de gloria futura.  Ésta es el cuerpo de Cristo; éste es el rebaño de Cristo; ésta es la casa de fe y la familia de Dios; éste es el edificio de Dios, el cimiento de Dios, y el templo del Espíritu Santo.  Esta es la iglesia del Primogénito, cuyos nombres están escritos en el cielo; éste es el sacerdocio real, la generación escogida, el pueblo escogido, la posesión adquirida, la habitación de Dios, la luz del mundo, la sal y el trigo de la tierra.  Ésta es «la santa iglesia católica» del Credo de los Apóstoles [«católica» significa universal, en todo el mundo, no católica romana]; ésta es la «única iglesia católica y Apostólica» de Credo de Nicea.  Ésta es la iglesia a la cual Cristo promete «que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella,» y a la cual dice, «He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 16:18; 28:20).

    Esta es la única iglesia que posee una verdadera unidad.  Su miembro está completamente de acuerdo respecto a los asunto más importantes de la religión, porque todos son enseñados por un mismo Espíritu.  En cuanto a Dios, a Cristo, el Espíritu, al pecado, a sus propios corazones, a la fe, al arrepentimiento, a la necesidad de la santidad, al valor de la Biblia, a la importancia de la oración, a la resurrección y al juicio venidero – están de acuerdo.  Escoge a tres o a cuatro de ellos, sin conocerse, de las regiones más aisladas de la tierra y examínalos individualmente sobre estos puntos y verás que serán de un mismo corazón.

    Esta es la única iglesia que posee la verdadera santidad.  Todos sus miembros son santos.  No sólo son santos en palabra, en nombre o en el sentido de caridad; todos son santos en acto y hecho, en realidad, en su vida díaria y en la verdad.  Todos están más o menos conformados a la imágen de Jesucristo.  Ningún hombre impío pertenece a esta iglesia.

    Esta es la única iglesia que es verdaderamente católica [«católica» significa universal, en todo el mundo, no católica romana].  No es la iglesia nacional de alguna nación o raza: sus miembros se encuentran en cada región del mundo donde el Evangelio es recibido y creído.  No está limitada a las fronteras de cierto país ni encerrada dentro de la estructura de formas particulares ni de un gobierno externo.  Sus miembros serán juntados del norte, del sur, y del oriente y del occidente, y todos tendrán diferentes nombres y lenguas – pero todos serán uno en Jesucristo.

    Esta es la única iglesia que es verdaderamente apostólica.  Está edificada sobre los cimientos echados por los apóstoles, y sostiene las doctrinas que ellos predicaban. Las dos metas que sus miembros procuran realizar son, la fe y la práctica apostólicas; y ellos consideran que el hombre que sólo habla de seguir a los apóstoles sin poseer estas cosas, no es mejor que un metal que resuena o címbalo que retiñe.

    Esta es la única iglesia que con certeza perdurará hasta el final.  Nada puede vencerla o destruirla del todo.  Sus miembros pueden ser perseguidos, oprimidos, encarcelados, golpeados, decapitados, y quemados, pero la verdadera iglesia nunca es eliminada; vuelve a surgir nuevamente de sus aflicciones; sobrevive el fuego y el agua.  Cuando la aplastan en un país brota en otros.  Los Faraones, los Herodes, los Neros, las Marías sangrientas, han luchado por eliminar esta iglesia; ellos matan sus miles y luego se mueren y van a su lugar.  La verdadera iglesia dura más que todos ellos, y es testigo de la muerte de éstos.  Es un yunque que ha quebrado muchos martillos en este mundo, y aún seguirá quebrando más.  Es una zarza que arde muchas veces, pero no se consume.

    Esta es la iglesia que desempeña el trabajo de Cristo en la tierra.  Sus miembros son un pequeño rebaño y pocos en número, comparados con los hijos del mundo: unos cuantos aquí, otros tantos allá – unos cuantos en esta parroquia y otros tanto allá.  Pero estos son los que sacuden el universo; éstos son los que cambian el destino de gobiernos con sus oraciones; éstos son los que son la misma vida de un país, el escudo, la defensa, la resistencia y el apoyo de cualquier nación a la cual pertenecen.

    Esta es la iglesia que será verdaderamente gloriosa al final.  Cuando toda la gloria terrenal se termine entonces esta iglesia será presentada sin mancha delante del trono de Dios el Padre.  Los tronos, los principados, y los poderes en la tierra llegarán a la nada – todos los dignatarios, los oficios y las fundaciones pararán; pero la iglesia del Primogénito brillará como las estrellas al fin y será presentada con gozo delante del trono del Padre en el día de la apariencia de Cristo.

    – J. C. Ryle fue clérigo evangélico anglicano conocido por su poderosa predicación y escrituras exhaustivas.