«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

¡No Se Olviden De Cómo Se Parecen!

Por Kim Butts

    Santiago 1:22-25 dice, «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.  Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.  Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.  Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.»

    La Escritura dice dos cosas muy claramente:

    1. Si no hacemos lo que la Palabra de Dios dice, corremos el riesgo de estar engañados por el enemigo y de olvidarnos de cómo nos parecemos.  Somos creados en el imagen de Dios – y nos debemos parecerle a Él.  ¿Cómo se parecen nuestros niños a otras personas?  ¿Se reflejan ellos la cultura en que viven, o se parecen a Jesucristo?  ¿Han aprendido a HACER la Palabra o están engañados ellos?  Padres – ¿están ustedes activamente poniendo en la práctica, viviendo, la Palabra de Dios, para que sus hijos puedan seguir su ejemplo?

    Otros siempre están mirando para ver cómo se parecen los cristianos.  Es importante que nos parecemos a Jesús, porque Él es la Palabra de Dios que se hizo carne.  «Y el Verbo se hizo hombre, y habitó entre nosotros (y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

    Si nosotros intencionalmente y a propósito desobedecemos la Palabra de Dios, no solamente corremos el riesgo de encontrarnos decepcionados, sino que también hay consecuencias que vienen con la desobediencia.  Lean con sus hijos la historia de Jonás (Jonás 1-2:10), quien fue tragado por un enorme pez cuando desobedeció a Dios.  Afortunadamente, Jonás aprendió su lección y él oró al Señor que se arrepintiera de lo que había hecho a Jonás.  Dios le dio un segundo chance a Jonás que obedeciera a Su Palabra, y así hizo el arrepentido Jonás.  Él fue obediente.  A causa de la obediencia de Jonás, muchas personas malvadas en la ciudad de Nínive se convirtieron de sus pecados.  Hay muchos ejemplos en las Escrituras de personas que tontamente desobedecieron a propósito a Dios.  Uno que no aprendió de sus errores fue el Rey Saúl: «Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel» (1 Sm. 15:26).  Porque Saúl le dio la espalda a la Palabra de Dios, el Señor le quitó la bendición de Saúl y se la dio a David: «Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí» (1 Cr. 10:13-14).

    2. Si no nos olvidamos de lo que hemos oído y hacemos lo que dice que hagamos, recibiremos bendiciones.  «Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos Sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.  Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios» (Dt. 28:1-2).  En Deuteronomio 28:1-14, Dios comparte con nosotros lo que serán Sus bendiciones para los que Le obedecen completamente, y cuidadosamente siguen Sus mandamientos.  Unos de estas bendiciones son:

    • Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.
    • Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
    • Jehová derrotará a tus enemigos que se levanten contra ti.
    • Jehová te enviará Su bendición sobre todo aquello en que pongas tu mano.
    • Jehová bendecirá toda la obra de tus manos.
    • Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola.
    • Estarás encima solamente, y no estarás debajo.

    Claramente Dios quiere bendecirles a los que son fieles a lo que Él pide.  No es lógico leer instrucciones y no seguirlas.  Sin embargo, muchos de nosotros hacemos eso todos los días.  ¿Quieren ustedes que sus hijos vean a la cara de Jesús cuando se miren en el espejo de la Palabra de Dios?  ¡Si, de hecho, eso es lo que ven, no se olvidarán nunca de cómo se parecen ellos!  Si todo lo que hacemos y decimos es un reflejo de la Palabra de Dios (Cristo Jesús), nos pareceremos bien a otras personas.  Pero, si no reflejamos a Cristo, no podemos esperar que otros tengan interés en quién es Jesús.

    Ayuden a sus hijos a ver las bendiciones de Dios que son suyas si son obedientes a Su Palabra.  Hay que recordarles que ser obediente a Dios no indica siempre que vayan a recibir bendiciones de otras personas.  A veces les traerá crítica y persecución por estar haciendo lo recto y correcto.  Entonces, tienen que buscar y desear las bendiciones de Dios en vez de las de los hombres.  Enséñenles Lucas 11:28: «…Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»

    Otra manera en que el Señor nos bendice cuando somos obedientes a Su Palabra, es a través de Sus promesas.  Un buen ejemplo es Juan 15:7-8, que dice, «Si permanecen en Mí y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.  Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son Mis discípulos.»

    Jesús pidió bendiciones de Dios para Sus discípulos, que habían sido obedientes a la Palabra.  «A los que Me diste del mundo les he revelado quién Eres.  Eran Tuyos; Tú Me los diste y ellos han obedecido Tu palabra» (Juan 17:6).  Lean Juan 17:6-19 con sus hijos.  Jesús pidió que Dios les diera protección del maligno, que les diera alegría y que los santificara en la verdad de Su Palabra.

    Debemos asegurarles a nuestros hijos que Dios está en control perfecto todo el tiempo, no importa lo que sean las circunstancias de nuestras vidas.  Necesitan saber que Dios es fiel para cumplir Sus promesas y que con Él no hay nada imposible.  Comparten estas Escrituras con ellos:

    «La palabra del Señor es justa; fieles con todas Sus obras» (Sal. 33:4).

    «Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: He aquí que Yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para Mí?» (Jr. 32:26-27).

    Puede ser que ustedes tengan que reforzar estas verdades cuando la vida no parece tener ninguna lógica, ningún sentido común.

    Es muy importante que oremos que nuestros hijos sean obedientes a la Palabra de Dios.  También es esencial que les enseñemos a nuestros hijos a orar por sí mismo que la Palabra de Dios habite ricamente dentro de ellos.  Adapten las palabras para enfocar a los niños por los cuales ustedes estén orando.

    «Aparto mis pies de toda mala senda para cumplir con Tu palabra» (Sal. 119:101).

    Ejemplo:

    (Oración del niño): «Señor, ayúdame a apartar mis pies de todo mal para que yo pueda obedecer Su Palabra.»

    (Oración del padre): «Señor, ayuda a mi niño a apartar sus pies de todo mal para que pueda obedecer Tu Palabra.»  Ustedes pueden hacer esto con cada Escritura para hacer la aplicación más personal a la vida de su niño.  Enseñen a sus hijos a orar declaraciones de Escritura.  ¡Es la voluntad de Dios que oren así, porque es Su Palabra!

    (Declaración): «¡Señor, yo sí apartaré mis pies de toda mala senda para que pueda obedecer Tu Palabra!»

    Estas declaraciones ayudan a un niño a mantenerse enfocado en el propósito de Dios para la vida suya.  Muchas de las Escrituras siguientes son ya declaraciones, incluyendo el ejemplo arriba.

    «¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra?  Viviendo conforme a Tu palabra» (Sal. 119:9).  Padre, ayúdame a vivir según Tu Palabra, para que yo pueda mantenerme una vida pura.

    «Yo Te busco con todo el corazón; no dejes que me desvíe de Tus mandamientos» (Sal. 119:10).  Señor, porque Te busco con todo corazón, ayúdame a obedecer Tus mandamientos.

    «En mi corazón atesoro Tus dichos para no pecar contra Ti» (Sal. 119:11).  Misericordioso Padre Celestial, ayúdame a atesorar Tu Palabra en mi corazón para que sepa no pecar contra Ti.

    «En Tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré Tu palabra» (Sal. 119:16).  ¡Ayúdame, Señor, a deleitarme en Tus decretos (mandamientos) y a nunca jamás olvidarme de Tu Palabra!

    «Tú eres bueno, y haces el bien; enséñame Tus decretos» (Sal. 119:68).  Padre Imponente, Eres bueno, todo lo que haces es bueno.  Ayúdame a ser como Tú y enséñame Tu Palabra.

    «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero» (Sal. 119:105).  «Guía mis pasos conforme a Tu promesa; no dejes que me domine la iniquidad» (Sal. 119:133).  Santo Dios, quiero obedecer Tu Palabra, y que Tu Palabra sea una luz a mi sendero de la vida diaria.  Guía y guarda mis pasos según Tu Palabra y ¡no dejes que el pecado triunfe sobre mí!

    Reúnan la familia alrededor de un espejo.  Lean este pasaje de Santiago 1:22-25 y pregunten, «¿Cómo nos parecemos?»  Inviten a cada niño y a cada padre que hable de si se parece o no a Jesús, examinando su manera de obedecer a la Palabra de Dios desde la última vez que se miraron en el espejo.  Oren en silencio y entonces oren unos por otros que cada uno sea un HACEDOR de la Palabra.  Ustedes tendrán necesidad de reforzar lo que se ha aprendido y de animar a sus hijos.  Continúen a orar que todos ustedes seguirán la Palabra que es una lámpara a sus pies y una luz a sus senderos.