«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Arrepentíos – el reino de Dios está cerca

Por Henry Blackaby

    ¿Qué fue la esencia de la predicación de Jesús?  Como el Hijo de Dios entregó el mensaje proveniente del corazón de Su Padre, la primera palabra que salió de Su boca fue «Arrepentíos» (Mt. 4:17).  Esto fue la esencia de la predicación de Jesús.

    Cuando nuestro Señor vino a este mundo tuvo un mensaje específico para Su pueblo.  Cuando viajo a diferentes partes de este país y cuando visito a otros países he notado algo muy significante.  Hay una tremenda negligencia en predicar acerca del arrepentimiento al pueblo de Dios, y por eso el pueblo de Dios está lleno de pecado.  Aún así ellos claman por un avivamiento y Dios básicamente responde, «¡No, no, no!  Ustedes están llenos de pecado.  Quiero que sepan que Mi brazo no es tan corto que no puede salvarles; Mi oído no es tan pesado que no puedo oírles pero sus pecados están entre medio de Mí y ustedes entonces Yo no oiré» (Isa. 59:1).  ¿Acaso no dice Él aquí que si ustedes guardan y mantienen el pecado en sus corazones, Él no les oirá?  Seguramente un pastor debería decir, «Yo mejor debo tratar con el pecado en la vida del pueblo de Dios.»

    Alguna gente piensa que el orar por un avivamiento es un sustituto por el arrepentimiento – que de alguna manera a Dios le agradará si nosotros Le pidamos que Él venga con poder.  Dios dice algo así: «Hace mucho tiempo que Yo estoy aquí, no he dejado Mi poder en el cielo.  El problema no está en Mí, Está en ustedes.  No saben reconocer Mi presencia.  No Me responden.»  Todo el poder de Dios y la plenitud de Dios habitan en Su Hijo el cual es la Cabeza de la iglesia. El problema es que nosotros no nos apropiamos de esto.  No respondemos a Su presencia y a Su poder.

«Arrepentíos» es palabra positiva

    Vemos entonces que la primera palabra del corazón de Jesús dirigida a Su pueblo fue «¡Arrepentíos!»  Esta no es una palabra negativa.  Es la palabra más positiva salida del corazón de Dios pues Dios lo acompaña con decir, «Arrepentíos, que el reino de los cielos está cerca.»  En otras palabras, quiere decir, «Arrepentíos porque el reino entero de Dios está a su lado esperando ser desenvuelto en sus vidas.»

    El arrepentimiento sincero es el conocimiento que tú te encuentras caminando en una dirección errónea.  ¿Sabes por qué no tienes poder en tu vida?  Te encuentras caminado en una dirección equivocada.  Es imposible espiritualmente caminar con Cristo y no experimentar el poder de Dios.

    Los discípulos tuvieron que dejar todo para ir con Jesús, ¿cierto?  Pedro no pudo experimentar el poder y la magnitud de la presencia de Dios quedándose en su bote de pescar.  Él tuvo que ir con Jesús y estar con Él.  La razón por la cual muchos de nosotros no experimentamos la realidad de la presencia y el poder de Dios obrando claramente, que se puede observar, es porque vamos en una dirección egocéntrica y le pedimos a Dios que se una a nosotros.

Entendiendo las Escrituras

    Ya que Jesús estaba por dar a Sus discípulos Sus instrucciones finales antes de volver al Padre, «Él les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras» (Lc. 24:45).  ¿Es esto lo que ocurre en tu vida?  ¿Te das tiempo significativo para leer la Palabra de Dios donde Dios te pueda abrir tu entendimiento para que puedas encontrarte cara a cara con Él durante este rato?  ¿Lo comprendes mientras Él se revela a Si mismo en Su Palabra?  ¿Permites a Dios tocar tu mente y tu corazón con las Escrituras?

    El Señor Jesús sabía que si hubiera cosas al final que faltaba hacer para preparar a Su pueblo para la imponente actividad global del Padre, sería que ellos deberían entender las Escrituras.  Deberían ver la actividad y el propósito de Dios tal como Dios se los ha revelado.  Muchos cristianos funcionan más según lo que yo llamo el humanismo cristiano evangélico.  Esto es cuando el cristiano evangélico razona desde su propio corazón y desde su propia cabeza sin las Escrituras.  El mundo no necesita nuestra mejor manera de pensar; el mundo necesita el pensamiento revelado de Dios en las Escrituras.

    Aquí vemos lo que Jesús hizo.  «Les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras, y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día» (Lc. 24:45-46).  Cuando yo lo leí comencé a decir, «Cristo vive en mí, Su vida está en mí.  Entonces es de esta manera que mi vida debe ser como la de Él.»  Pablo lo expresó así: «Con Cristo estoy juntamente crucificado» (Gál. 2:20).  Él no dijo solamente que Cristo fue crucificado por él.  Él dijo, «Con Cristo estoy (está) crucificado,» sin embargo, «ahora vivo.»  ¿Acaso Cristo no murió? y ¿acaso no resucitó?  Entonces, ¿has muerto?  ¿Ha inundado tu vida la viviente y resucitada vida de Cristo?  ¿Liberó Dios algún poder en la cruz para darte la victoria sobre las consecuencias del pecado y para darte la victoria sobre el poder del pecado?  Si no hay poder de la resurrección, entonces el pecado ha ganado.  Pero Cristo fue levantado de entre los muertos y fue soltado aquel poder mismo que levantó a Jesús de entre los muertos.  Este mismo poder se le ha dado a todo aquel que cree en Él (Ef. 1:18-21).  ¿Estas experimentando el poder de la resurrección?  Si estás unido a Cristo, vas a experimentar lo que Él experimentó.

    En segmentos enteros de nuestra sociedad, si fueras a predicar un mensaje poderoso sobre el arrepentimiento al pueblo de Dios, ellos podrían ser muy duros contigo.  Ellos no quieren oír ese mensaje.  Quieren oír que el reino entero de Dios espera bendecirles.  Sin embargo, el prerrequisito del Reino de Dios es el arrepentimiento.  Tú tienes que alinear tu vida con Él.  El corazón del trato de Dios contigo y conmigo es de tratar con nuestro pecado.  Esta es la esencia de la razón por la cual Él murió.

Arrepentimiento y avivamiento

    El avivamiento es cuando la plenitud de Dios vuelve a Su pueblo por el hecho de que ellos se han arrepentido y salido de donde se encontraban y ahora quieren estar donde Dios quiere que estén con Él.  Cuando tú estás bien con Dios experimentarás la increíble presencia y el poder de Dios.  No pidas a Dios que venga a ti con poder sin haberle pedido primero que te limpie y te santifique y te convierta en alguien para llevar a otras personas a Él.  Si no ves el poder de Dios obrando en tu vida y a través de tu vida es porque debe de haber algo impidiendo y por esto que necesitas pedirle que te rescate y que te libre.  ¿Es esto tu mente, tu corazón o tus acciones?  ¿Qué es lo que no harmoniza con la santidad de Dios?

    El arrepentimiento quiere decir, «Oh Dios, no permitas que yo sea descuidado, negligente e indiferente en mi andar contigo.  No permitas que me encuentre satisfecho viviendo sin Tu presencia expresada y poder en mi vida.  Sea lo que sea que impide que obres en mí, ¿me lo revelas?  Y de inmediato, yo me arrepiento de aquél.»

    Muchos de nosotros estamos a una sola oración de estar totalmente entregados a Dios.  De alguna manera vacilamos con esa oración sencilla: «Señor, rindo todo en mí a todo en Ti.»  Algunos dicen, «Yo no me quedo donde estaba, Me voy a mover a un nivel completamente nuevo en mi relación con Dios.  Quiero una frescura nueva con Dios.»

    Jesús, Tu le clamaste a la gente de Tu época y en pocos años los que respondieron llegaron a experimentar como es para que el reino entero de Dios obrara por medio de ellos y la totalidad del Imperio Romano fue trastornado.  Tu no lo haces complicado.  Tu tan solo dices, «Ven conmigo.»  Los discípulos quienes eran pescadores de inmediato se unieron a Ti y por primera vez experimentaron como era estando presentes cuando Tu Reino llegó para abrir los ojos del ciego, sanar al leproso y las multitudes y calmar la tempestad.

    O Dios, queremos estar contigo, por esto nos entregamos a Ti sin medida, para que sea evidente de que Te hemos escuchado y hemos vuelto a Ti.  Tú nos muestras de que necesitamos arrepentirnos – luego el mundo que nos observa empieza a ver qué sucede cuando Tu despiertas a Tu pueblo y atraes a un mundo perdido a un Salvador que ve en nosotros.  Te pedimos esto en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.  Amén.