«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Cristo en nosotros, la esperanza de gloria

Por Rich Carmicheal

    El enfoque de las impresiones del Heraldo de Su Venida es enfatizar los temas del arrepentimiento y del avivamiento incluyendo el trabajo del Espíritu Santo llenando nuestras vidas.  Los mensajes alientan y nos hacen recuerdo de Dios y de Su deseo de ver nuestras vidas llenas de Su Espíritu produciendo abundante fruto.  Estos mensajes también tienen el objetivo de traer nuestra atención a nosotros mismos, a examinar si hay algo que está obstruyendo la plenitud de Dios en nuestras vidas ministerios.

    Como Henry Blackaby dice en el artículo principal de esta edición, el arrepentimiento es una palabra muy positiva del Señor, porque esto también nos hace ver que el reino de Dios está cerca de nosotros pronto a ser manifestado en nuestras vidas.  Cuando nos arrepentimos y caminamos en las pisadas de Cristo podemos experimentar la presencia de Dios, Su poder, Su paz, Su gozo y Su amor.

Ríos de agua viva

    No hay duda de que Dios quiere que salgan de nuestros corazones ríos de agua viva.  Su voluntad para ti y para mí es que seamos llenos de Su Espíritu Santo, el fruto de Su Santo Espíritu, siendo conformados a la imagen de Su Hijo.  Él quiere que seamos conocedores de Su Palabra, hábiles y deseosos de compartir las Escrituras con otros.  Él también quiere que nos fortalezcamos en Él y en el poder de Su fuerza (Ef. 6:10) sirviendo en Su fuerza y haciendo un buen trabajo en Su poder para poder vencer la tentación y llegar a ser santos.

    Dios quiere que el amor esté arraigado y cimentado en nosotros (Ef. 3:17) y que este amor del uno por el otro crezca y abunde (1 Tes. 3:12).  También Él quiere que conozcamos y caminemos en la plena dimensión de Cristo – la anchura, la longitud, la profundidad, la altura – un amor que sobrepasa todo conocimiento (Ef. 5:2, 3:18-19).

    Él quiere que nuestras vidas estén llenas de gozo – el gozo que nos hace cantar con júbilo y alegría (Sal. 65:13).  El gozo que excede es perdurable e inefable lleno de gloria (Sal. 43:4; Is. 35:10; 1 Pe. 1:8).

    Él quiere que nuestras vidas tengan paz para que así nuestros corazones no se sientan afligidos o atemorizados sino que tengan la paz que sobrepasa todo entendimiento (Juan 14:27; Flp. 4:7).

Cristo en nosotros

    Entonces ¿Cómo puede ser posible tales cosas en este mundo imperfecto y desordenado donde nos encontramos batallando dificultades?  La respuesta es muy simple pues, la llenura espiritual y la abundante producción de frutos espirituales provienen de Cristo que está en nosotros.  Cuando permanecemos en Cristo y Cristo permanece en nosotros sobreabundan los frutos los cuales son para la gloria del Padre (Juan 15:4-8) siendo esto la única manera pues sin Cristo no podemos hacer nada (v. 5).

    Esto es lo que Oswaldo Chambers dice en uno de sus devocionales, «Si simplemente vengo a Jesús, mi real vida estará en harmonía con mis deseos reales.  Dejaré de pecar y encontraré el canto del Señor en mi vida.  …El contacto personal con el Señor Jesús todo cambia.»

    Henry Blackaby dice lo mismo en una forma diferente: «Es espiritualmente imposible caminar con Cristo y si no experimentas el poder de Dios en tu vida….  ¿Estas experimentando el poder de la resurrección de Cristo?  Si tú estas unido a Cristo experimentarás lo que Él hizo.»

    Considera la verdad increíble expresada por Andrew Murray: «(El Señor Jesús) comunica a nosotros la pureza, el poder y la vida del cielo para nosotros.  Nosotros vivimos en el cielo con Él; Él vive con el cielo en nosotros.  Con Él en nuestros corazones tenemos el reino del cielo en nosotros y la voluntad de Dios es hecha así en la tierra como en el cielo.  Creamos que seguramente puede ser.»

    Esto es simple, pero es una profunda realidad de que Cristo está en nosotros.  «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…» (Gál. 2:20).  No es de extrañarse que esto sea así, porque Él es todopoderoso y Su poder obra en nosotros (Ef. 1:19; 3:20; Col. 1:29) y de igual manera no nos extrañemos que seamos llenos de amor, porque Él es amor (1 Juan 4:8) y derrama Su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (Rom. 5:5).  Tampoco no debemos extrañarnos de estar llenos de gozo, porque la plenitud del gozo viene de Su presencia con la paz pues, Él es el Señor de la paz y nos da paz en cada circunstancia (2 Tes. 3:16).  Nosotros podemos vivir una vida Santa porque Él es el que sacrificó Su vida por nosotros (Heb. 2:11).  Él es nuestro «la justificación, santificación y redención» (1 Cor. 1:30).  En otras palabras, ¡Él es nuestra vida! (Col. 3:4).

Arrepentimiento y avivamiento

    Estas verdades hacen que el arrepentimiento sea aún más significativo y ¡qué trágico sería si perdiéramos tanta vida abundante y fructífera por cualquier pecado en nuestras vidas!  El llamado del Señor al arrepentimiento proviene de Su amor y preocupación por nosotros y se basa «en las riquezas de Su benignidad, paciencia y longanimidad» (Rom. 2:4).  Así como Cristo lo declara «Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete» (Ap. 3:19).  Él nos llama al arrepentimiento porque el arrepentimiento nos lleva a la salvación, vida y «de la presencia del Señor tiempos de restauración» (2 Cor. 7.10; Hch. 11:18; 3:19).

    Por lo tanto, es hora de arrepentirse y buscar al Señor para que venga un avivamiento.  No más pecado, no más tibieza, no más complacencia.  Es hora de volvernos sin reservas al Señor y entregarnos completamente a Él para que el obre plenamente en nosotros y por nosotros para Su gloria.  El mundo alrededor de nosotros necesita ver la vida, el amor, el poder y el gozo de Cristo por el hecho de que Él vive en nosotros.  Él tiene que crecer y nosotros menguar (Juan 3:30).  Cristo en nosotros es la esperanza de gloria (Col. 1:27). 

    «¿No volverás a darnos vida, para que Tu pueblo se regocije en Ti?  Muéstranos, oh Jehová, Tu misericordia, y danos Tu salvación.  Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a Su pueblo y a Sus santos, para que no se vuelvan a la locura.  Ciertamente cercana está Su salvación a los que le temen, para que habite la gloria en nuestra tierra» (Sal. 85:6-9).