«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Un Salvador del pecado

Por Andrew Murray

    «…Y llamarás Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21).

    Es importante que el cristiano siempre deba crecer en el conocimiento de lo que es el pecado.  El pecado que no conozco, no lo puedo traer a Jesús.  El pecado que no traigo a Él, no es quitado de mí.  Para conocer más acerca del pecado, se requiere lo siguiente:  la oración constante, «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y reconoce mis pensamientos» (Sal. 139:23); una conciencia tierna que esté deseando ser convencida de pecado mediante el Espíritu, además Él usa la conciencia para esta finalidad; la rendición humilde a la Palabra, para pensar sobre el pecado sólo lo que Dios piensa.

    El conocimiento profundo de lo que es el pecado tendrá estos resultados: veremos cómo pecado las cosas que antes no lo parecían; percibiremos mucho más el carácter detestable del pecado (Rom. 7:13); con la victoria de los pecados externos, comprenderemos con más claridad la profunda pecaminosidad de nuestra naturaleza, de la enemistad de nuestra carne contra Dios.  Entonces, rendiremos toda la esperanza del ser o del hacer todo lo bueno, y cambiaremos por completo para vivir en fe mediante el Espíritu.

    Demos gracias a Dios, de todo corazón, porque Jesús es el Salvador del pecado.  El poder que el pecado tenía sobre nosotros, ahora Jesús lo tiene.  El lugar que el pecado ocupaba en nuestro corazón, Jesús ahora lo ocupará.  «Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte» (Rom. 8:2).