«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La unión vital con Cristo

Por J. C. Ryle

    La santidad procede de Cristo.  Es el resultado de la unión vital con Él.  Es el fruto de ser una rama viviente de la Vid verdadera.  Acuda entonces a Cristo y diga: «Señor, no sólo sálvame de la culpa del pecado y de su poder.  También envíame el Espíritu que has prometido.  Hazme santo.  Enséñame a hacer Tu voluntad.»

    ¿Quiere seguir siendo santo?  Entonces permanezca en Cristo (Juan 15:4-5).  Le agradó al Padre que en Él morara toda plenitud, la satisfacción total para todas las necesidades del creyente.  Él es el Médico a quien tiene que acudir cada día, Él lo mantendrá sano.  Él es Maná que debe comer cada día y la Roca de la cual debe beber cada día.  Su brazo es el brazo sobre él cual tiene que apoyarse cada día al salir del desierto de este mundo.  Usted, no sólo tiene que echar raíces, también tiene que edificarse en Él.

    Pablo fue ciertamente un hombre de Dios, un hombre santo, un creyente que crecía y prosperaba.  ¿Y cuál era su secreto?  Era alguien para quien Cristo era todo en todo.  Tenía siempre puestos los ojos en Jesús.  El apóstol decía: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Flp. 4:13).  «…Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios…» (Gál. 2:20).  Vayamos y hagamos lo mismo.