«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El avivamiento enviado por el cielo puede salvar una nación

Por Al Whittinghill

    «Dichosa la nación cuyo Dios es el SEÑOR…» (Sal. 33:12).

    «La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos» (Pr. 14:34; vea Deuteronomio 8:11; Salmo 9:17; 50:22).

    Por centenares de años los historiadores y eruditos han estudiado y evaluado cuidadosamente de los factores que han causado el declive y la muerte de los grandes imperios.  Sus cuidadosas conclusiones están prontamente disponibles para los que realmente quieren conocerlos.  Los eruditos como Edward Gibbon que escribió el clásico: «El Declive y Caída del Imperio Romano,» y Arnold Toynbee, que escribió «Un Estudio de la Historia,» han presentado con gran claridad y han detallado que veintiuno de los últimos grandes imperios en la tierra mostraron todos las mismas señales comunes de declive justo antes de que ellos disolvieran y desaparecieron de la historia mundial.  Esto simplemente no puede ser refutado por cualquier persona honrada.

    La historia está llena de restos de lo que una vez fueron grandes imperios, cada uno de los cuales tuvieron su turno para tener el mando mismo del mundo, subiendo tan alto, y sin embargo hoy son sólo un recuerdo.  ¿Esto será verdad de Norte América?  ¡Muchos historiadores han catalogado las «cosas comunes de la calamidad» o «la patología de la muerte» para las sociedades humanas, y el diagnóstico es alarmante!  Las naciones realmente no mueren; ellas se disuelven, un proceso lento de corrosión.  Ellos se autodestruyen debido a la desintegración causada por los peligros que acechan desde adentro.

    Permítanos hacer una lista de esos síntomas comunes del fin, los «heraldos de la muerte» compartidos por todas las veintiuno de las últimas grandes sociedades extintas:

    Los Síntomas Sociales: (1) Un aumento en la ilegalidad y la promoción de las personas equivocadas.  (2) Una pérdida de la disciplina económica y auto-restricciones, la codicia.  (3) Impuestos y reglamentos crecientes de parte del gobierno, y una creciente burocracia.  (4) Un declive en la relevancia y calidad de la educación.

    Los Síntomas Culturales: (1) Un aumento en el materialismo y lujos egoístas.  (2) El debilitamiento de los principios fundamentales que construyeron la nación y la hicieron grande.  (3) Políticas basadas en los sentimientos y no la disciplina moral.  (4) Una pérdida de respeto por la autoridad establecida.

    Los Síntomas Espirituales: (1) Un incremento de la inmoralidad y perversión.  (2) La atracción hacia dioses extraños y la exaltación del hombre.  (3) Una caída del valor que se le da a la vida humana, evidenciado por el aborto, la brutalidad, la pérdida del afecto natural, y la falta de cuidados para el anciano.  (4) La decadencia de la familia y su valor.

    Las naciones que están para morir están plagadas del quebrantamiento de la ley, insolvencia económica, la pérdida de los valores, egocentrismo y el quebranto del orden social.  La paz y el orden son imposibles de mantener a pesar de un diluvio de «nuevas leyes» para detener el diluvio.  Entonces vienen los Bárbaros y se infiltran, y la nación no puede resistir.  Pierde su fibra moral y la voluntad para sacrificar ya no está presente.

    Hay caminos muy transitados hacia el desastre, y éstas son las advertencias severas para cualquier nación.  Estos son recordatorios absolutos para no hacer el movimiento fatal de alejarse de Dios como Señor de todos.  La vieja expresión: «¡Ningún hombre ama su reloj despertador!» es apropiado aquí.

    ¡Una nación que se ha olvidado de Dios no tiene ninguna oportunidad!  La nación que no lo teme se ha olvidado de Él.  ¡La razón por la cual la historia se repite es que la mayoría de las personas no escucha la primera vez!  Alguien ha dicho: «El futuro no puede verse claramente sin el pasado.»  (Vea Job 8:8-13 y Eclesiastés 1:9-10.)  Fue Aristóteles quien dijo en primer lugar: «Los que ignoran la historia están condenados a repetirla.»  Las lecciones de la historia son para llevarnos al Señor de la historia.  Realmente es His-story (en inglés, Su historia) y nos grita prácticamente que cada individuo y la nación son responsables ante Él.  La historia acabará a los pies de nuestro Señor Resucitado.  Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

La esperanza del avivamiento

    ¡Dios advierte repetidamente a una nación y suplica con esa nación, antes de quitarla, ¡pero la historia muestra que las naciones raramente escuchan!  La gran esperanza es que Dios enviará un movimiento poderoso de Su Espíritu en la nación y la avivará para bendecirla y para tener una relación correcta con Él.  En Norte América, el verdadero avivamiento no vendrá por darnos cuenta simplemente de nuestra gran necesidad de Él.  No vendrá aun cuando tenemos éxito al señalar todos nuestros pecados y errores graves y presentes.  No vendrá porque multipliquemos las reuniones para animarnos, y por hacernos querer el avivamiento; incluso cantando sobre el mismo.

    El avivamiento sólo vendrá en la soberana gracia de Dios cuando el pueblo de Dios recupere la revelación de quien es Dios.  Debemos tener revelación fresca de Dios a través de Su Palabra – Jesucristo el Señor.  Inherente en esta revelación vendrá la realización gloriosa de quién Él quiere que sea Su pueblo.  Después, el pueblo de Dios debe escoger de responderle auténticamente de tal manera de permitirle aclarar las diferencias y contradicciones.  Sometida a Él, la iglesia llegará a ser nuevamente «sal y luz.»

    Amigos, en nuestro día parece que hemos perdido de vista de quién es Dios.  Y porque no vemos Su santidad, no hay temor de Dios.  Porque no vemos nuestra falta de santidad hay poco quebrantamiento.  Porque no vemos Su perdón no hay gozo.  Porque no vemos Su plan sentimos una falta de propósito.

    Que cada uno de nosotros comprenda hoy – Norte América está en grave peligro y está repitiendo los errores de las naciones que hace largo tiempo se han ido.  ¡De hecho, los estamos superando en su error!  Y el hecho que hemos tenido tanta bendición y verdad de Dios nos hace más responsables ante Él.  ¡Es tiempo para caer delante de ÉL en un nuevo arrepentimiento y fe!

    Cuando el verdadero avivamiento llega, hará que la iglesia sea el blanco para el mundo, no sólo una bendición.  Vendrán ataques del mundo exterior y de los mundanos dentro de la iglesia.  Pero Dios poseerá Su iglesia en un poder manifiesto, y habrá una nueva demostración de la vida de resurrección en Su cuerpo.  ¡Ella adorará al Señor «en la hermosura de Su santidad» (Sal. 96:9), y el Evangelio avanzará con poder!  ¡Imagine simplemente cómo sería la iglesia si nuestro Señor maravilloso consiguiera que las cosas se hagan según la manera que Él quiere!  ¡Oh, necesitamos una epidemia de la gloria de Dios!  ¡Es tiempo para que la iglesia del Señor Jesús tome nuevamente en cuenta las Escrituras!  Debemos tratar las verdaderas situaciones del corazón – las que nos han mantenido alejados de la intimidad celestial con Dios y la pasión por nuestro Señor.

    El mundo está esperando ver la iglesia del Nuevo Testamento, revestida con el poder de lo Alto y rebosante con el gozo de la vida de resurrección.  ¡El avivamiento en la iglesia!  Es la única esperanza para nuestra nación y el mundo.  ¿No es verdad – que la iglesia no puede tener un mensaje para el corazón del mundo hasta que el Señor tenga el corazón de la iglesia?  ¡La iglesia debe estar encendida por el Señor, o seremos ignorados por el mundo!  Dios ama una iglesia en llamas; Él no puede tolerar la tibieza.  Es tiempo de buscar al Señor, de permitir que el Espíritu Santo grabe las promesas de 2 Crónicas 7:14 en nuestro mismo ser.

    «¡Señor, envía el avivamiento, y que comience en mí!»

    – Usado con el permiso.