«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Esperando en Dios como juez

Por Andrew Murray

    «Si en el camino de Tus juicios, oh Jehová, Te hemos esperado…porque luego que hay juicios Tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia» (Is. 26:8-9).

    «Jehová es un Dios de justicia; dichosos cuantos esperan en Él» (Is. 30:18).

    Dios es un Dios de misericordia y un Dios de justicia.  Misericordia y justicia siempre están juntas en lo que Dios hace.  En el Diluvio, en la liberación de Israel de Egipto, en la destrucción de los cananeos, siempre vemos Su misericordia en medio de Su justicia.  En estos casos, en el círculo interior de Su propio pueblo, lo vemos también.  El juicio castiga el pecado, la misericordia rescata al pecador, no ya a pesar del juicio, sino por medio del mismo juicio que alcanza al pecado.  Al esperar en Dios, hemos de procurar no olvidar esto, al esperar en Dios hemos de esperar que Él sea un Dios de justicia.

    «En el camino de Tus juicios, oh Jehová, Te hemos esperado.»  Esto se demostrará en nuestra experiencia interior.  Si somos sinceros en nuestro anhelo de santidad, en nuestra oración para ser totalmente del Señor, Su santa presencia estimulará y descubrirá todo pecado escondido y nos llevará a un estado de convicción de pecado, en nuestra propia naturaleza, nuestra oposición a la ley de Dios y la impotencia de cumplir esta ley.

    Estas palabras se demuestran verdaderas: «¿Quién puede permanecer en el día de Su venida, porque es como fuego del fundidor?» (Mal. 3:2).  «¡Oh, que descendieras, como cuando el fuego arde abrasador!» (Is. 64:1-2).  Dios ejecuta, dentro del alma, con gran misericordia, Sus juicios sobre el pecado, cuando nos hace sentir nuestra culpa y maldad.  Muchos tratan de huir de estos juicios.  El alma que espera en Dios y quiere ser librada del pecado se inclina en humildad y esperanza.  En silencio el alma dice: «¡Levántate, Señor!, y que Tus enemigos sean esparcidos.  En el camino de Tus juicios Te hemos esperado, ¡oh, Jehová!» (Sal. 68:1).

    Que nadie que quiera aprender el bendito arte de esperar en Dios se sorprenda si en su primer intento de esperar en Él sólo descubre más pecado y tinieblas en sí mismo.  Que nadie se desanime porque aparecen pecados no vencidos o malos pensamientos, o una mayor oscuridad que vela la faz de Dios.  ¿No le fue escondida a Su propio Hijo, el dador y portador de Su misericordia en el Calvario, la misericordia en el juicio?  Oh, sométete y humíllate en el juicio de tu propio pecado.  El juicio prepara el camino y termina en maravillosa misericordia.  Está escrito: «Tú serás redimido con justicia.»  Espera en Dios, en la fe que Su tierna misericordia está obrando Tu redención en medio del juicio.  Espera en Él, Él tendrá misericordia de ti.

    Hay otra aplicación todavía, de indudable solemnidad.  Estamos esperando en Dios, en el camino de Sus juicios, que visite esta tierra: le estamos esperando a Él.  ¡Qué pensamiento!  Sabemos algo de estos juicios venideros; sabemos que hay millares de cristianos profesos que viven descuidados, y que, si no ocurre un cambio, perecerán bajo la mano de Dios.  Oh, ¿no haremos todo lo posible para advertirlos, para pedir por ellos, por si Dios tiene misericordia de ellos?  Si sentimos nuestra falta de osadía, de celo, de poder, ¿no empezaremos a esperar en Dios más definitiva y persistentemente como Dios de juicio, pidiéndole que se revele en los juicios que van a venir sobre nuestros mismos amigos, para que ellos se sientan inspirados de nuevo temor y se vean constreñidos a hablar y orar como nunca antes?  Ciertamente, el esperar en Dios no es para el auto  indulgencia espiritual.  Su objetivo es permitir que Dios y Su santidad, Cristo y Su amor mostrado en el Calvario, el Espíritu y el fuego que arde en el cielo venido a la tierra, todos ellos puedan tomar posesión de nosotros, advertir y despertar a los hombres con el mensaje de que estamos esperando en Dios en el camino de Sus juicios.  ¡Oh, cristiano, demuestra que realmente crees en el Dios del juicio!

    ¡Alma mía, espera sólo en Dios!