«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Un modelo bíblico para orar por el avivamiento

Por Dave Butts

    Hace muchos años ya, el Señor me ha puesto en el corazón el asunto de orar por avivamiento.

    Inicialmente, tengo que admitir, mis oraciones eran más o menos hechas en generalizaciones: «O Señor, por favor renuévenos.»  En cuanto crecí en mi actitud hacia la oración, aprendí peticiones más específicas, especialmente con utilizar la Palabra de Dios para ayudarme a formular y a proveer el contenido para mis oraciones.  El Salmo 80 e Isaías 63 y 64 me han ayudado a pedirle al Señor el avivamiento con la variedad y el poder de la Escritura detrás de mis peticiones.

    Mientras oraba a través de los Salmos nuevamente, comencé a levantar delante del Señor las palabras del Salmo 74.  Para mi agrado, me encontré con otra oración de «avivamiento.»  Mi deseo es que este salmo le provea a usted el combustible para el fuego de la intercesión y de la petición en su vida en cuanto usted le ruegue a Dios que nos bendiga una vez más con Su presencia en avivamiento.

    Al orar por medio del Salmo 74, por favor fíjese que antes de las secciones principales comparto algunos comentarios con usted para ayudarle a ver los aspectos del avivamiento en cada pasaje.  Sin embargo, le insto a usted a ir más allá del estudio bíblico, para orar apasionadamente el corazón del salmista.

El conocimiento de la necesidad del avivamiento

    Al principio del Salmo 74 nos encontramos con la realización agonizante de que la presencia de Dios no está cerca.  De hecho, debido al pecado, ha habido un sentido de rechazo.  Según lo que se encuentra típicamente en orar para avivamiento, hay un llanto para que Dios recuerde a Su pueblo y para que Él regrese a ellos.

    «¿Por qué, oh Dios, nos has rechazado para siempre?  ¿Por qué se ha encendido Tu ira contra las ovejas de Tu prado?  Acuérdate del pueblo que adquiriste desde tiempos, antiguos, de la tribu que redimiste para que fuera Tu posesión.  Acuérdate de este monte Sión, que es donde Tú habitas.  Dirige Tus pasos hacia estas ruinas eternas;¡todo en el santuario lo ha destruido el enemigo!» (Sal. 74:1-3).

El resultado de la ausencia aparente de Dios

    Cuando el pecado se acepta en la vida del pueblo de Dios, las consecuencias se comienzan a sentir.  Los enemigos de Dios y de Su pueblo comienzan a afligir a la nación.  Fíjese que el salmista utiliza la frase, «Sus enemigos rugieron.»  Esto nos recuerda que nuestro enemigo último es Satanás, del que nos cuenta Pedro que ronda como león rugiente, buscando a quién devorar (1 Pe. 5:8).

    «Tus adversarios rugen en el lugar de Tus asambleas y plantan sus banderas en señal de victoria.  Parecen leñadores en el bosque, talando árboles con sus hachas.  Con sus hachas y martillos destrozaron todos los adornos de madera.  Prendieron fuego a Tu santuario; profanaron el lugar donde habitas.  En su corazón dijeron: ‘¡Los haremos polvo!’, y quemaron en el país todos Tus santuarios.  Ya no vemos ondear nuestras banderas; ya no hay ningún profeta, y ni siquiera sabemos hasta cuándo durará todo esto» (Sal. 74:4-9).

Volviendo a un conocimiento del Dios a quien oramos

    Una lección importante para aprender en la oración es que últimamente necesitamos preocuparnos de Dios y de Su reputación y de la extensión de Su reino y de Sus propósitos.  El avivamiento realmente no se trata de tener mejores reuniones ni de ser feliz.  Se trata de que el nombre de Dios sea exaltado y que se le den más alabanza y honor a Él en esta planeta.  Fíjese que el salmista le pidió a Dios que fuera a trabajar, porque Él es Él que está siendo denigrado y se está siendo mofado con los ataques en contra de Su pueblo.  Fíjese también que esta porción del salmo luego se cambia en una expresión maravillosa de reconocer el poder de Dios y Su capacidad de tratar con cualquier ataque.  Es a la manera que comprendemos el poder impresionante de Él a quien nos dirigimos en la oración, que nuestra fe crecerá y comenzaremos a orar de una manera que mueva la mano de Dios.

    «¿Hasta cuándo, oh Dios, se burlará el adversario?  ¿Por siempre insultará Tu nombre el enemigo?  ¿Por qué retraes Tu mano, Tu mano derecha?  ¿Por qué te quedas cruzado de brazos?

    «Tú, oh Dios, eres mi rey desde tiempos antiguos; Tú traes salvación sobre la tierra.  Tú dividiste el mar con Tu poder; les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.  Tú aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las jaurías del desierto.  Tú hiciste que brotaran fuentes y arroyos; secaste ríos de inagotables corrientes.  Tuyo es el día, Tuya también la noche; Tú estableciste la luna y el sol; trazaste los límites de la tierra, y creaste el verano y el invierno» (Sal. 74:10-17).

La petición para avivamiento

    Una vez más, esta oración se enfoca en el honor de Dios y en la integridad de Su pacto con Su pueblo.  La preocupación es para el Señor y para la manera de como Él sea percibido por las naciones.  El llanto hacia Dios para levantarse y defender Su causa significará que Israel una vez más caminará según una relación recta con su Dios.  Cuando Él les prospere a ellos, ellos claman para que Dios sea honrado, no sólo por Israel, sino por las naciones por alrededor quienes vean cómo Dios los protege y los prospera a Su pueblo cuando Lo obedecen.

    «Recuerda, Señor, que Tu enemigo se burla, y que un pueblo insensato ofende Tu nombre.  No entregues a las fieras la vida de Tu tórtola; no te olvides, ni ahora ni nunca, de la vida de Tus pobres.  Toma en cuenta Tu pacto, pues en todos los rincones del país abunda la violencia.  Que no vuelva humillado el oprimido; que alaben Tu nombre el pobre y el necesitado.  Levántate, oh Dios, y defiende Tu causa; recuerda que a todas horas te ofenden los necios.  No pases por alto el griterío de Tus adversarios, el creciente tumulto de Tus enemigos» (Sal. 74:18-23).

Nuestra oración

    Aquí hay una oración para orar que envuelve los principios del avivamiento en el Salmo 74 y los hace nuestros.

    Padre, como Israel de la antigüedad, nosotros también vivimos en una época donde se mofa Tu nombre.  Muchas veces esto ocurre por las faltas y los pecados de aquellos de nosotros que somos seguidores de Tu santo Hijo, Jesús.  Señor, te confesamos nuestros pecados y la manera de que hemos vivido nuestras vidas separadas de la dependencia completa en Ti.  Nos arrepentimos de esta auto-eficacia vergonzosa y nos tiramos delante de Tu misericordia.

    Dios lleno de gracia, nuestro estilo de vida a menudo ha llevado a los no creyentes a insultar y a atacar Tu naturaleza misma y Tu carácter.  Te pedimos, Señor, que Te levantes y Te defiendas.  ¿Despertarías a Tu pueblo a la realidad de Tu presencia en nuestro medio y así transformar nuestras vidas en el carácter de Cristo que deseas ver en nosotros?  Que Tu vida vivida por medio de Tu iglesia comience a demostrarle al mundo Tu amor, Tu gracia, Tu misericordia y Tu poder sobreabundante de parte de Tus santos.  ¿Permitirías que los principios del reino que gobiernan el cielo comiencen a manifestarse en la tierra?  Pedimos que Tú revivas a Tu pueblo para que podamos regocijarnos en Ti y demostrar en nuestras vidas el poder impresionante, transformador de Jesucristo en Su iglesia.  Amén.