«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Cristo – nuestra vida

Por Ruth Paxson (1889 – 1949)

    Cuando el Espíritu Santo engendró una nueva naturaleza en el creyente, abrió la puerta a una unión viviente, orgánica entre el cristiano y Cristo.  Cristo y el cristiano son, pues, una cosa para siempre.

    Ser cristiano es tener en nosotros al Cristo glorificado en presencia y poder actual.  Ser cristiano es tener a Cristo como vida de nuestra vida, de tal manera y hasta tal punto, que podamos decir con Pablo: «Para mí el vivir es Cristo» (Flp. 1:21).  Ser cristiano significa que la divina semilla que fue plantada en lo más íntimo de nuestro espíritu cuando nacimos de nuevo, florece produciendo una conformidad cada vez mayor de nuestra vida con la vida perfecta de Cristo.  Ser cristiano es tener a Cristo como vida de nuestra voluntad.  Es tener a Cristo llenando nuestra mente, corazón y voluntad, de modo que mediante nuestro corazón, nuestra vida, en medida siempre creciente, aumente hasta que no haya vida aparte de Él.

    Pero me parece oír a algún moderno Nicodemo que dice: ¿Cómo puede esto hacerse?  ¿Cómo puedo vivir tal vida en mi hogar donde no encuentro auxilio ni simpatía, sino más bien ridículo, y donde por tanto tiempo he vivido una vida de derrota?  ¿Cómo puedo vivir una vida consecuente en el círculo de mis relaciones sociales, invadido por la mundanalidad y la maldad y donde nunca se menciona a Cristo ni aun se piensa en Él?  ¿Cómo puedo vivir una vida espiritual en un lugar de negocios donde todos a mi alrededor viven completamente para la carne?  ¿Cómo puedo vivir en el plano más alto cuando los cristianos que conozco son más bien mundanos y liberales, y entre los cuales no encuentro alimento y enseñanza espiritual?

La Vid y las ramas

    Cristo en nosotros puede vivir esta vida en cualquier parte y en todas partes.  Esta es la verdad que Cristo enseñó en la última plática que tuvo con Sus discípulos antes de Su muerte.  Les había hablado mucho que iba a irse de ellos y ellos estaban pensando cómo jamás podrían vivir sin Él.  Pero Él les aseguró que estaría con ellos en una presencia espiritual mucho más vital y real que la relación que con Él habían tenido hasta entonces.  La vida de la Vid iba a ser la vida de los sarmientos.  «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

«Yo en ellos»

    Después de haberles enseñado esto, se lo inculcó más profundamente con Su oración.  Fue ésta la idea central de Su oración intercesora.  «Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que Tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a Mí me has amado.  …Y les he dado a conocer Tu nombre, y Lo daré a conocer aún, para que el amor con que Me has amado, esté en ellos, y Yo en ellos» (Juan 17:23, 26).         

    «Yo en ellos.»  En estas sencillas pero significativas palabras alienta el deseo más profundo del corazón de Cristo respecto de los Suyos.  Es Su deseo ardiente de «manifestarse» en el cristiano.

«Cristo vive en mí»

    Pablo echó mano de esta gloriosa verdad, y ella le agarró a él.  Está entretejida en la trama y el tejido de su experiencia, de su predicación y de su servicio misionero.  «Cristo vive en mí» y «para mí el vivir es Cristo» marcan la cima de su experiencia personal.

    «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó Si Mismo por mí» (Gál. 2:20).

    «Porque para mí el vivir es Cristo…» (Flp. 1:21).

    No había nada por encima de esto para Pablo.  Esto era para él la vida en el plano más elevado.

    «Cristo en vosotros» era el corazón de su mensaje a las iglesias.  Sonaba con la claridad de un toque de clarín en toda la predicación y enseñanza de Pablo.

    «A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» (Col. 1:27).

    «Cristo en vosotros» era la pasión de todo el servicio misionero en Pablo.  El apóstol no tenía más que un objetivo y una meta en todas las formas de trabajo que hacía: que Cristo fuera formado en cada convertido.

    «Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros» (Gál. 4:19).

    Cristo es el centro interior del cristiano; Cristo es la parte exterior del cristiano; Cristo es todo lo que hay desde el centro hasta lo exterior.  Como Pablo dijo, «Cristo es el todo y en todos» (Col. 3:11).

    «Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria» (Col. 3:4).

    ¿Es Él esto para ti?

    – Extraído de Ríos de Agua Viva.