«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Los corazones ardan de amor por la verdad

Por William Gurnall (1617 – 1679)

    La verdad es el gran tesoro que Dios entrega a Sus hijos con la seria instrucción de guardarla contra todo lo que intente minarla.  Algunas cosas se las confiamos a Dios y otros Él nos las confía a nosotros.  Lo más importante que ponemos en manos de Dios para que lo guarde en nuestra alma: «[Él] es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (2 Tim. 1:12).  Dios confía en nosotros para guardar Su verdad: «Que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos» (Jud. 3).  Y Pablo exhorta a Timoteo: «Retén la forma de las sanas palabras….  Guarda el buen depósito» (2 Tim. 1:13-14).

    Si el hombre a quien se encomiendan la corona y las joyas reales debe proteger estos bienes terrenales contra el robo y la pérdida, ¡cuánto más solemne será la responsabilidad del cristiano de defender el tesoro Divino!  La Palabra de verdad es el testimonio de Si Mismo que Dios da a los cristianos, Sus testigos escogidos llamados a vivir esta verdad con una profesión libre y santa ante todos.

Dios sumamente valora la verdad

    Dios ha puesto un alto precio a la verdad: «Has engrandecido Tu nombre, y Tu Palabra sobre todas las cosas» (Sal. 138:2).  Veremos algunas de las maneras como Dios valora la verdad:

    La misericordia de Dios al revelar la verdad – Cuando Dios por Su gracia revela Su Palabra al pueblo, Le da una de las mayores misericordias que este pueda recibir: La llama «las grandezas de Mi ley» (Os. 8:12).  Y Dios, que sabe apreciar Sus propios dones, dijo acerca de la Palabra revelada a Jacob, que Él «no ha hecho así con ninguna otra de las naciones» (Sal. 147:20); esto es, no con la misma riqueza y gracia.

    El cuidado de Dios para conservar Su verdad – Dios nunca ha dejado que la verdad se pierda.  En los naufragios la gente no intenta salvar las cosas triviales y de poco valor, sino lo más apreciado.  En todas las grandes revoluciones de reinos e iglesias, Dios ha preservado Su verdad.  Miles de cristianos han perdido la vida, pero el diablo odia más la verdad que a los cristianos.  ¡Y sigue viva!

    Si la verdad no fuera tan preciosa para Dios, Él no permitiría que se comprara con la sangre de Su pueblo y, más importante aún, con la de Su Hijo.  En aquel gran día, cuando los elementos terrenales se fundan en el fuego, la verdad de Dios ni siquiera olerá a chamuscado: «La Palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pe. 1:25).

    La severidad de Dios ante los enemigos de la verdad – Hay una maldición terrible sobre aquel que añada la verdad o quite de ella.  Uno atrae todas las plagas escritas en la Biblia; el otro borra su herencia del libro de la vida y de la cuidad celestial (Ap. 22:18-19).  No es asombroso que Dios valore tanto la verdad, cuando consideramos lo que es: la sustancia de Sus pensamientos y consejos desde la eternidad hasta la eternidad.  Es la representación más plena que Dios Mismo pueda otorgar de Su ser para que podamos conocerlo y amarlo.

    Los príncipes solían enviar su retrato por medio de embajadores a la muchacha con quien querían casarse.  Dios es tan infinitamente perfecto que ninguna mano más que la Suya puede dibujarlo fielmente; y esto es exactamente lo que ha hecho en Su Palabra.  Por ello, los cristianos de todos los tiempos le han entregado sus corazones con gozo.

    Al aceptar o rechazar la verdad, aceptamos o rechazamos a Dios.  Aunque los hombres no pueden destronar a Dios ni quitarle Su divinidad, se acercan lo más posible a ello cuando atacan la verdad: ejecutan a Dios en efigie.  Pero Dios no cesa de desear que los que Le amamos nos aferremos a Su verdad.

Medita con frecuencia en la excelencia de la verdad

    El ojo es la ventana por donde entra el amor, y el ojo espiritual que puede ver la verdad en su hermosura nativa no puede menos que amarla.  Así se extasió el corazón de David con el amor por la Palabra de verdad: «¡Oh, cuánto amo yo Tu ley!  Todo el día es ella mi meditación» (Sal. 119:97).  David encontró gran diferencia entre la meditación de las verdades de la Palabra y lo mejor que pudiera ofrecer el mundo: «A toda perfección he visto fin» (v. 96).  Al poco de pensar veía el fondo de la gloria del mundo, pero al mirar la verdad de Dios, sus pensamientos se expandían en admiración y dulce meditación: «Amplio sobremanera es Tu mandamiento» (v. 96).

    Los grandes barcos no navegan por ríos estrechos o aguas poco profundas; tampoco la mente llena del conocimiento celestial de Dios encuentra espacio libre en las filosofías del mundo.  Un alma llena de gracia pronto encalla en esas marismas; pero si se lanza a la meditación de Dios, Su Palabra y las verdades misteriosas del Evangelio, encontrará aguas anchas, y un océano para sumergirse.  Quiero dirigir tu meditación hacia algunas cosas preciosas que encontrarás al explorar estas verdades.

    La verdad es pura – No solo es pura sino que purifica y santifica al alma que la abraza: «Santifícalos en Tu verdad; Tu palabra es verdad» (Juan 17:17).  Es el agua pura que Dios utiliza para lavar el alma: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré» (Ez. 36:25).

    La verdad es segura – La verdad tiene fondo firme; podemos apoyar todo el peso del alma sobre ella, sabiendo que no se romperá.  Aférrate a la verdad y ella se aferrará a ti.  Te acompañará a la cárcel y adonde vayas por su causa: «No ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas» (Jos. 23:14).  Sea lo que fuere lo que te promete la verdad, considéralo como dinero efectivo en tu bolsillo.  Policarpo dijo: «Durante sesenta años he servido a Dios, y lo hallo buen Amo.»

    La verdad es libertad – Y aquel que se aferra a ella también: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32).  Pero Cristo dijo claramente a los judíos la razón de su esclavitud: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer» (v. 44).  Todo pecador es esclavo de Satanás.  Aquel que tiene encima el parásito de la lascivia no encuentra descanso, debiendo servirla todos los días.  Pero si todos los deseos diabólicos tuvieran clavado al pecador al suelo de la prisión de Satanás, y la verdad de Cristo le abriera el corazón, pronto se verían temblar los cimientos de la prisión, abrirse sus puertas y caérsele las cadenas.

    La verdad no se puede atar.  Tampoco permanecerá en un alma atada por el pecado.  Una vez que la verdad y el alma se ponen de acuerdo – Cristo y el alma – la persona puede levantar cabeza sabiendo que su redención y liberación de la esclavitud espiritual se acercan.  La llave ya está puesta en la cerradura para sacarlo.  Es imposible conocer la verdad como «está en Jesús» y permanecer extraños a la libertad que la acompaña (cf. Ef. 4:21).

    La verdad es victoriosa – La verdad prevalecerá sobre todo.  Es el gran propósito de Dios, y aunque las muchas conspiraciones constantemente generen violencia contra el mismo, este propósito Divino está firme.  A veces los enemigos de la verdad toman las fuerzas de este mundo terrenal en sus propias manos, y la verdad parece caer al suelo; y a menudo los que testifican acerca de su belleza mueren.

    Pero mejor será que esos perseguidores no compren mármol para grabar en el mismo sus victorias: el polvo les bastará, porque no durarán.  «Tres días y medio» los testigos pueden yacer muertos en las calles, y la verdad los velará (Ap. 11:11).  Pero después de ese corto tiempo se levantarán de nuevo y la verdad triunfará con ellos.

    Si los perseguidores pudieran matar a los sucesores de sus víctimas, su obra no sería tan temporal; no tendrían que temer que otro derribara lo que ellos edificaron.  Pero aun entonces su obra estaría abierta al cielo y se podría frustrar tan fácilmente como la de Babel.  Se puede recibir noticia de que la verdad está enferma, pero nunca muere.  Es el error el que tiene corta vida: «La lengua mentirosa [permanecerá] sólo por un momento» (Pr. 12:19).

    La verdad vive para reinar en paz con los que están dispuestos a sufrir por ella.  Cristiano, ¿no quieres ser uno de los vencedores que acompañarán al carro victorioso de Cristo a la ciudad celestial y recibir una corona con los santos fieles que se mantuvieron firmes en los días de su milicia, cuando Cristo y Su verdad luchaban contra Satanás aquí en la tierra?  Con tus pensamientos, limpia la sangre y las lágrimas que ahora cubren la cara de la verdad sufriente y ponla ante tus ojos tal como será en la gloria.

Que tu corazón se llene del temor de la ira de Dios contra la apostasía

    Si tu mente está quemada y tu corazón chamuscado por la ira del hombre, acércalos al fuego infernal que Dios ha preparado para los miedosos que huyen de la norma de la verdad.  Un mártir que no temía lo que el hombre pudiera hacerle dijo: «Perdonadme, oh emperador, si no obedezco vuestro mandamiento; vos me amenazáis con la cárcel, pero Dios con el Infierno.»  David mismo no temía a aquellos que le perseguían sin razón: «Príncipes me han perseguido sin causa, pero mi corazón tuvo temor de Tus palabras» (Sal. 119:161).  La furia humana, aun en su cenit, es un clima templado en comparación con la ira del Dios vivo.

    – Tomado del libro El Cristiano con toda la Armadura de Dios.  Usado con permiso del El Estandarte De La Verdad.