«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Advertencia contra la decepción

Por Derek Prince (1915 – 2003)

    En años recientes, ha habido una explosión de señales y maravillas en el mundo entero.  Algunas han sido bíblicas y muy útiles; otras extrañas y no bíblicas.  Las señales y maravillas no son novedad.  Las encontramos registradas en diversos pasajes de la Biblia y en diferentes periodos de la historia de la iglesia.  Con todo, la actual explosión sobrepasa largamente las fronteras de cualquier iglesia o denominación particular y atrajo la atención generalizada de los medios de comunicación, tanto religiosos como seculares.

    Sin embargo, en relación a cualquier tipo de manifestación, hay dos preguntas que siempre hago: ¿Es una manifestación del Espíritu Santo de Dios o de alguna otra fuente?  Segunda pregunta (relacionada con la primera): ¿La manifestación está en armonía con la Escritura?

    En 2 Timoteo 3:16 Pablo dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios….»  En otras palabras, el Espíritu Santo es el autor de toda la Escritura y Él nunca dice o hace ninguna cosa que se contradiga a Si Mismo.  Cualquier manifestación genuina del Espíritu Santo siempre estará en armonía, de alguna forma, con la Escritura.

    En 1 Tesalonicenses 5:21, Pablo dice: «Examinadlo todo; retened lo bueno.» Si no examinamos las cosas, estaremos desobedeciendo las Escrituras, y aquel que nos dice que no debemos examinar las cosas no está alineado con la Escritura.

    Me gustaría comenzar con algunas advertencias dadas por Jesús, especialmente relacionadas con los tiempos del fin en los cuales creo que estamos viviendo.  Son alertas contra el engaño.  Se encuentran en Mateo 24:4, 5, 11 y 24.  Cuatro veces en 21 versículos, Jesús nos advierte específicamente contra el engaño en este periodo del final de los tiempos.

    Es la primera cosa que Jesús dice sobre los acontecimientos ligados a Su Venida, en Mateo 24:4, «Mirad que nadie os engañe.»  Versículo 5: «Porque vendrán muchos en Mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.»  Versículo 11: «Y muchos falso profetas se levantarán, y engañarán a muchos.»  Y finalmente en el versículo 24: «Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.»

    No podemos confiar en nuestros corazones para tener la certeza de la verdad.  Proverbios 28:26 dice, «El que confía en su propio corazón es necio….»  Así, no sea insensato.  No confíe en aquello que su corazón le dice, porque no es de fiar.  De nuevo, en Jeremías 17:9, el profeta dice, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?»  En hebreo la palabra engañoso es activa, no pasiva.  No significa que nuestro corazón se engañado.  Significa que nuestro corazón nos engaña, por lo tanto, no podemos confiar en él.

    En Juan 17:17, Jesús ora al Padre y dice: «…Tu palabra es verdad.»  Y en el Salmo 119:89, el salmista declara: «Para siempre, oh Jehová, permanece Tu palabra en los cielos.»  Nada que sucede en la tierra puede mudar una sola letra o tilde de la Palabra de Dios.  El permanece para siempre en los cielos.

    Hay señales verdaderas y señales falsas.  Las señales verdaderas testifican de la verdad.  Las señales falsas testifican de la mentira.  Satanás es plenamente capaz de producir señales y maravillas sobrenaturales.  El Pablo declara, «…Inicuo (este es el título del Anticristo) cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia» (2 Tes. 2:9-12). 

    Sólo hay una forma segura de conocer la verdad.  Está en la Palabra de Dios.  Jesús dice en Juan 8:32, «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»  No hay otra forma de tener la certeza que podremos escapar del engaño en estos días, a no ser conocer y aplicar la verdad de la Palabra de Dios, la Escritura.