«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Cruz y el avivamiento

Por Rich Carmicheal

    Este número del Heraldo se centra en el tema de la Cruz de Cristo y Su llamada a cada uno de nosotros a negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguirle.  Una de las paradojas de la vida cristiana es que encontramos vida abundante en Cristo cuando nos negamos a nosotros mismos y entregamos nuestras vidas al Señor.  Como enseña Cristo: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará» (Mt. 16:25).  También enseña que «...si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12:24).

    F. J. Huegel, en su libro Calvary’s Wondrous Cross (La maravillosa Cruz del Calvario), señala que de lo más íntimo del cristiano han de brotar ríos de agua viva para un mundo sumido en tinieblas y sombras de muerte.  Pero estos ríos no pueden brotar de nosotros a menos que el Espíritu Santo nos haga partícipes profundos de la Cruz del Salvador.  «La Cruz debe derribar los grandes diques de la vida propia que me amurallan dentro de mí; la muerte del Salvador debe forjarse en la estructura de mi ser, nivelando las grandes barreras del egocentrismo, la llamada «carne», para que yo pueda ser un canal para la salida de la vida de Dios.  ...Sólo el hecho de crucificarme junto con Él puede hacer de mi pequeño yo, un glorioso río como el Mississippi de los EE.UU. de corrientes vivificantes cuya fuente es el trono de Dios y cuyo océano receptor es el dolor y el pecado de la humanidad.»

    Huegel continúa escribiendo: «En la Cruz, el creyente respira el oxígeno del cielo.  Aquí muere para vivir, y en la medida en que se apropia de la muerte, vive.  ...Que el ‘Yo’ sea crucificado con Cristo según Gálatas 2:20, y de inmediato ocurre algo parecido a las maravillas registradas en el libro de los Hechos.  He aquí el tan necesario avivamiento por el que la iglesia reza tan fervientemente.»

    Que el Señor obre a través de los mensajes adjuntos para ayudarnos a abrazar más profundamente el significado de la muerte de Cristo en la Cruz, y a tratar con cualquier ego y pecado en nosotros para que la vida de Cristo pueda llenarnos y desbordarse para bendición de muchos.

    «Con Cristo estoy juntamente crucificado, ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí» (Gál. 2:20).