«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Nombre sobre todos los nombres

Por Adolph Saphir

    «Y dará a luz un Hijo, y llamarás Su nombre JESÚS, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21).

    Durante Su vida el Señor reveló el significado de Su bendito nombre.  Toda Su vida fue una exposición de Su nombre.  Se manifestó en todas las palabras de gracia que brotaron de Sus labios, en todos los milagros de amor y sanidad con que bendijo a los afligidos y necesitados.  Desde el primer sermón que predicó en Nazaret, desde la primera palabra de consuelo que dirigió a los culpables y perdidos, hasta la garantía real de perdón y aceptación que dio en la Cruz al pecador arrepentido a Su lado; desde Belén hasta el Gólgota; desde Su bautismo en el Jordán hasta Su agonía en Getsemaní: todas Sus palabras y actos declararon Su nombre Jesús.  «…Éste recibe a los pecadores, y come con ellos» (Lc. 15:2).  Y, sin embargo, sólo en la Cruz resplandece el nombre de Jesús en toda su belleza, poder y gloria.  Y sólo a través de Su muerte obtuvo el pleno derecho al más grande de todos los nombres.  Así el apóstol Pablo nos enseña que, porque el Hijo de Dios (en Su Encarnación) «se despojó de Sí mismo, al hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Por lo cual Dios también Le exaltó hasta lo sumo, y Le otorgó el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es SEÑOR, para gloria de Dios Padre» (Flp. 2:8-11).  Cuando los santos y los ángeles adoran a Jesús, contemplan y adoran al Primero y al Último; al que vive y estuvo muerto; al Cordero que fue inmolado.  Jesús crucificado es Jesús en verdad.