«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Nuestra entrega a Jesús

Por Andrew Murray

    «…Se dieron a sí mismos primeramente al Señor» (2 Cor. 8:5).

    El elemento principal de lo que Jesús ha hecho por mí – siempre hace por mí – reside en Su entrega de Sí mismo por mí.  El elemento principal de lo que Él quiere que yo haga está en mi entrega a Él.  Para los jóvenes cristianos que se han entregado a Jesús, es de gran importancia mantenerse siempre firmes, confirmar y renovar esta entrega.  Esta es la vida especial de fe que repite cada día: «Me he entregado a Él.  Le seguiré y le serviré.  Él me ha tomado.  Soy Suyo y estoy enteramente a Su servicio.»

    Joven cristiano, mantén firme tu entrega y continúa haciéndola más firme.  Cuando un tropiezo o un pecado se repite después de que te has rendido, no pienses que la rendición no fue sincera.  No, la entrega a Jesús no nos hace perfectos de inmediato.  Has pecado porque no estabas lo suficientemente en Sus brazos.  Adhiérete a esto, aunque sea con vergüenza: «Señor, Tú sabes que me he entregado a Ti, y soy Tuyo.»  Confirma de nuevo esta entrega.  Dile que ahora empiezas a ver mejor cuán completa debe ser la entrega a Él.  Cada día, renueva la ofrenda voluntaria, entera e indivisa de ti mismo a Él.  Cuanto más tiempo permanezcamos como cristianos, más profundamente nos llevará la Palabra de Dios a rendirnos a Jesús.  Veremos más claramente que aún no lo comprendemos ni lo contemplamos plenamente.  La entrega debe hacerse más indivisa y confiada.  El lenguaje que Acab usó una vez debe ser el nuestro: «…Como Tú dices, rey Señor mío, yo soy Tu vasallo con todo lo que tengo» (1 Re. 20:4).

    Este es el lenguaje de la dedicación indivisa: Tuyo soy y todo lo que tengo.  No te guardes nada.  No te guardes ni un solo pecado que no confieses y del que no te apartes.  Sin conversión no puede haber entrega.  Pon sobre el altar todos tus pensamientos, tus palabras, tus sentimientos, tus trabajos, tu tiempo, tu influencia y tu propiedad.  Jesús tiene derecho a todo; Él exige la totalidad.  Entrégate, con todo lo que tienes, para ser guiado y usado y guardado, indiviso y bendito.  «Señor mío, oh Rey, según Tu dicho, Tuyo soy y todo lo que tengo.»

    Ese es el lenguaje de la dedicación confiada.  Es en la Palabra del Señor – que te llama a entregarte, que has hecho esto.  Esa Palabra es tu garantía de que Él te tomará y te guiará y te guardará.  Tan cierto como que tú te entregas, Él te toma.  Y lo que Él toma, Él puede guardarlo.  Sólo que no debemos quitarnos de Su mano otra vez.  Que permanezca fijo en ti, que tu entrega es en el más alto grado agradable a Él.  Ten la seguridad de que tu ofrenda es de olor agradable.  No lo dices por lo que eres o por lo que experimentas o descubres en ti mismo,  sino por Su Palabra.  De acuerdo a Su Palabra tú puedes estar de pie en esto – lo que tú das Él lo tomará, y lo que Él toma Él lo guardará.

    Por lo tanto, que esta sea cada día la actividad gozosa e infantil de tu vida de fe.  Entrégate continuamente a Jesús, y estarás seguro en la certeza de que Él, en Su amor, te toma y te guarda con seguridad.  Su respuesta a tu entrega es la renovada y siempre más profunda entrega de Sí mismo a ti.

    Según Tu Palabra, mi Señor y Rey, soy Tuyo, y todo lo que tengo.  Cada día, en este día, lo confirmaré.  No soy mío, sino de mi Señor.  Te imploro fervientemente que tomes plena posesión de Tu propiedad para que nadie dude de quién soy.  Amén.