«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

En La Lavandería

Por Sarah Foulkes Moore

    Hoy día nos miramos el uno al otro, y Dios nos mira a todos, viendo manchas y arrugas. Por consiguiente, éste es el día de lavar para Dios, y su lavandería no tiene máquinas, porque todos los del pueblo de Dios son lavados cuidadosamente por mano.

    "Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.

    "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

    "Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (Ezequiel 36:25-27).

    Es complicado el proceso de lavar y planchar la ropa. En primer lugar, la ropa sucia tiene que ser separada en pilas. Son clasificadas según el color y la fineza de su textura. Comparativamente, la pila de las cosas raras y delicadas es pequeña, mientras las pilas de la ropa más corriente son grandes. Dios mismo está colocando en la lavandería de la iglesia. Está ordenando a los cristianos en sus propias pilas, según la pureza o la impureza de su carácter espiritual.

    Después de ser clasificada la ropa, se pone en el artesón de lavar. En los días de antaño, la ropa fue echada en tanques grandes, y los hombres la pisaban para sacar la suciedad. Y el Anciano de muchos días, el Altísimo, ya emplea este método en su lavandería.

    En el momento en que se sumergen nuestros hechos, nuestras palabras y nuestros pensamientos cotidianos en la palabra pura de Dios, ¡qué formidables aparecen! La Palabra de Dios nos manda amar a nuestros enemigos (Mateo 5:44); bendecir a los que nos maldicen (Lucas 6:28); no ver a ningún hombre salvo a Jesús sólo (Mateo 17:8); a no conocer nadie según la carne sino a Jesucristo (2 Corintios 5:16), y a éste crucificado (1 Corintios 2:2).

Lea Deuteronomio, capítulo 28

    Los primeros 14 versículos son las bendiciones de Dios en la obediencia. Los 54 versículos siguientes muestran sus tratamientos con nosotros por nuestra desobediencia a su Palabra. Este capítulo nos revelará si estamos obedeciendo o desobedeciendo la palabra de nuestro Señor. Busque solamente obedecer su Palabra. Acepte su gracia por cada prueba, y alábele que Él así contiende con usted, para darle la vida más abundante, ¡aun la vida en el Espíritu Santo!

    "¿Y quién podrá sufrir el tiempo de su venida? o quién podrá estar cuando Él se mostrara? Porque Él es como… jabón de lavadores" (Malaquías 3:2).

    De suficiente significado en esta hora de su regreso, es el hecho de que el glorificado Salvador se identifique con la humilde virtud limpiadora del jabón. ¿Puede usted comprender la gran significado de esta comparación?

    Dios está en su palabra hoy día lavando, fregando y enjabonando a su pueblo deseoso y obediente, con el propósito fijo de que seamos limpios en sus manos, que muramos enteramente —morir a nuestras experiencas religiosas del pasado, morir al credo, morir a nuestras preferencias, nuestros deseos más cariñosos del corazón— y así separados de todas las criaturas y las cosas creadas, podemos ser identificados completamente con Él en una unión de vida y carácter espiritual que es perfecto e incorruptible.

    De este modo, Dios nos prepara a caminar con Él, como caminó Enoc, teniendo este testimonio de haber agradado a Dios (Hebreos 11:5).

    Hablamos de sufrir por Cristo, pero no hemos experimentado mucho en ello. Lea los testimonios del sufrimiento del pueblo de Dios en los tiempos antiguos, ¡y contrástelos con los reposados en Sion (Amós 6:1) de hoy día! Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;… otros experimentaron vituperios y azotes; y a más de esto prisiones y cárceles;… de los cuales el mundo no era digno, errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Amado, ¡lea capítulo 11 de Hebreos!

¡Sangre y bendición!

    Compare las burlas y los azotes crueles contra Luther, Calvin, Huss, Wesley, Judson y otros —con los nuestros de hoy día! Debe ser que por el contraste, nuestros servicios indiferentes y nuestros sacrificios superficiales son abominaciones a Dios, quien manda los sacrificios vivos como nuestro culto racional (Romanos 12:1). "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13).

    Después de enjabonar y restregar completamente la ropa, se tiene que exprimir. Si estamos en las manos de Dios, Él está resuelto a exprimir de nosotros cada gota de egoísmo. ¿Nos deprimen las circunstancias? ¿y ruedan las pruebas sobre nosotros aparentemente con rechinamientos interminables del exprimidor?

    Dios tiene su propia manera de bautizar a cada uno de nosotros en la muerte de la cruz. Es la necesidad presente que, durante el tiempo en que Dios quiere identificarnos con sí mismo en esta muerte más profunda, y unirnos juntos como miembros de un cuerpo, aprendamos a soportar y tener paciencia el uno con el otro, y tengamos ferviente amor entre nosotros, "porque el amor cubrirá multitud de pecados" (1 Pedro 4:8).

    Oremos: "Señor, ¡que no se aparte tu mano de mí! ¡Que no se quite tu mano sobre el exprimidor! Exprímeme hasta que la última gota del egoísmo se salga de mí".

    Así aprendemos a recibir nuestros sufrimientos y castigos de Dos, no solamente con actitud buena, sino con gratitud. ¡Dios nos lavará, enjabonará y fregará pacientemente nuestros carácteres espirituales hasta que sometamos a cada corrección de Él, y podamos recibir los desaires y los padecimientos con toda humildad, sumisión, melosidad y apacibilidad de espíritu.

    Después de exprimirse la ropa, se enjuaga del jabón. Cuando el Señor nos enjuaga una vez, y comenzamos a sentirnos limpios, si experimentamos un principio del orgullo secreto a causa de victorias espirituales, tiene que enjugarnos de nuevo en otro artesón repetidas veces, hasta que nos sometamos con humildad y paciencia al Espíritu Santo para mortificar en nosotros esa disposición que estorba nuestra identificación, la más completa con Jesús, el Cordero inmolado de Dios.

Dios está exprimiendo nuestras almas hoy

    Así estamos exprimidos de nuevo; y si el ojo de Dios que ve todo, discierne una mancha en nuestro carácter espiritual, Él nos prepara la caldera de lavar. Ahora pone un poco de sosa poderosa, añade más jabón fuerte, y enciende un fuego debajo de la caldera que ya tiene bastante agua fría. En esto nos pone para soltar el hervor.

    ¡Nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:29)! Hierve el agua hasta que se quite toda mancha. Algunos de nuestros prejuicios inherentes, aversiones e inclinaciones están tan adentro en la fibra de nuestro ser que Dios debe hervir bien nuestros mantos espirituales hasta que estemos sin mancha, y nuestro corazón y vida sean aceptados en el Amado. Él no puede poseernos completamente hasta que hayamos sido despojados de todo.

    En todas partes, hay muchos gritos pidiendo poder. El poder espiritual viene de la pureza espiritual. En esta hora cuando el Señor glorificado está preparando, por medio de la obra consumada del Calvario, para recibir una iglesia gloriosa, quiere en nuestra experiencia la pureza sin mancha.

    "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo" (Hebreos 10:31)! Nada menos que una vida rendida, que no busca lo suyo, sino lo de Él, puede satisfacer nuestro Señor. "Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él" (1 Corintios 6:17).

Dios quiere que nuestra santidad no sea sólo de profesión, sino de posesión

    Tenemos la santidad en la misma medida que tenemos a Cristo. Si hay pretensión en nosotros, o falta de realidad en nuestra experiencia, Dios obrará con nosotros severamente. Él va a limpiarnos de estas manchas aunque tenga que usar el blanqueador. El blanqueador es un ácido; así que cuando Dios necesita usarlo con nosotros, nos penetra hasta el interior de nuestro ser.

    El Lavandero divino usaría los medios más suaves si solamente nos sometemos a Él. Pero si somos negligentes, poniendo excusas en lugar de hacer bien; si somos desobedientes y estamos pecando en este tiempo de gracia; si no aceptamos la enseñanza clara de la Palabra de Dios, y tenemos la luz sin caminar en ella; si nos comprometemos en lo mínimo con la carne, el mundo o el diablo, y rebajamos el modelo de la santidad; si nos disminuimos en nestras victorias heroicas, nuestra oración continua, nuestra vela ardiendo en esta hora, Dios en su misericordia nos pone a prueba del ácido.

    La pone sin cesar hasta que sean crucificados el corazón duro y el espíritu malo, y seamos muertos — completamente conquistados y sumisos, y preciosamente limpios en sus manos (Ezequiel 36:25-27). "Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo" (2 Timoteo 2:3).

    Entonces comienza el proceso de almidonar. Es el plan de Dios para nosotros que seamos fortalecidos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10). Está preparándonos para sufrir la tensión espiritual y aumentar la fortaleza espiritual, celo y denuedo santo, y fuerzas para el trabajo desagradable, y nos alista para los días venideros.

    Dentro de la vida inmaculada, fuera de la cual ha sido vaciado el egoísmo, el Espíritu Santo derrama el océano de su propia fuerza y poder.

    Al almidonar la ropa, se pone al aire y al sol para secarse. ¡Tan agradable es el sol de Dios después de todo esto! ¡Qué dulce calma sentimos adentro! Seguramente, desde entonces tendremos un testimonio triunfante y una senda victoriosa.

    Así la ropa es quitada y llevada a la casa. Se rocía con agua y se guarda en el cesto, sin firmeza.

    ¿Ha estado usted confundido por cómo han cambiado las cosas en su vida? Después de ser lavado y blanqueado, y tendido en el sol del jardín, ahora, en lugar de servir a Dios y dar un glorioso testimonio de todas las cosas profundas que el Señor le ha revelado a usted y ha hecho en su experiencia, ¡aquí está todo mojado, débil y todo enrollado en el cesto!

    No importa que tan dura fuera la tarea, no importa que tan imposible fuera la condición, usted pensó de cierto que nunca murmuraría, que nunca se rebelaría, y nunca mostraría de nuevo un espíritu malo. Ahora, de nuevo sale el "yo".

    Pues bien, el Señor nos trae a una vida más rica en el Espíritu Santo, enseñándonos que no podemos confiar en nosotros mismos ni en nuestra experiencia, sino que confiemos completamente en la vida de Jesús en todo lo que es limpio, agradable, puro y santo, para que ya no sea el "yo", sino Cristo que vive en mí (Gálatas 2:20; Juan 5:30).

    De igual manera que se rocía, se enrolla y se pone a un lado la ropa antes de plancharla, antes de que la plancha caliente del Señor se ponga sobre nuestro vestido de novia para sacar la última arruga, Él nos pone a un lado, nos enrolla, nos esconde, y produce en nosotros esa sumisión y paciencia que vemos en Jesucristo.

    La desocupación obligatoria de un obrero cristiano consagrado y celoso es una de las pruebas más difíciles de todas, pero es una prueba a la cual todos debemos someternos. El alma debe tener sus horas de quietud; nuestra fuerza espiritual se restaura mientras que esperamos delante del Señor (Isaías 40:27-31). "Alma mía, en Dios solamente reposa" (Salmos 62:5).

    Además, no hay nada que pueda crucificar nuestra energía y nuestro celo carnal como esperar delante de Dios. "Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada" (Cantares 4:12).

    Por fin, la ropa está levantada del cesto donde se guardó. La plancha caliente va de aquí para allá sobre la textura insípida del alma, planchando cada arruga del alma, produciendo un vestido de novia gloriosa de adentro y afuera. Así que es la hija del Rey quien está vestida de brocado de oro y llevada al Novio en la vestidura sin mancha y sin imperfección (Efesios 5:25-27; Salmos 45:13-14).

    "Cuando el alma sufre esta muerte más profunda al egoísmo", escribe G. D. Watson, "entra en una comprensión completa de amor y espiritualidad, un estado de oración casi sin interrupción; de caridad ilimitada por toda la gente; de indecible ternura y compasión… de sencillez en la vida, de visiones profundas de Dios y las edades venideras.

    "Dentro de tal estado de la muerte completa del egoísmo, el sufrimiento, la tristeza, los dolores y las mortificaciones de toda clase se miran con una dulce calma e indiferencia.

    "Tal alma reflexiona sobre sus pruebas dolorosas, sus lágrimas, sus tribulaciones misteriosas, con una sumisión mansa, sin remordimiento, porque ve a Dios ahora en cada paso del camino. Tal alma ha llegado finalmente al lugar donde en hecho y en verdad no hay egoísmo, sino todo es para Cristo".

    "Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; de brocado de oro es su vestido. Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella: compañeras suyas serán traídas a ti. Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del rey" (Salmos 45:13-15).

    "…Han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente…" (Apocalipsis 19:7-8).