«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Poder Del Testimonio

Por Derek Prince

    Tenemos que empezar por diferenciar entre lo que es el testimonio y lo que es la predicación. Predicar es presentar directamente las verdades de la Palabra de Dios, mientras que testificar quiere decir "ser testigo". Testificar es hablar de experiencias personales relacionadas con la Palabra de Dios, que confirman su veracidad. Por ejemplo, al predicar un mensaje sobre la sanidad, predicamos los principios por los cuales Dios sana y ofrecemos sus promesas de sanidad. Sin embargo, al testificar acerca de la sanidad, hablamos de una sanidad que hemos recibido de Dios. Así que, tanto la predicación como el testimonio, tienen relación con la Palabra de Dios, pero el enfoque es un poco diferente en los dos casos.

    El testimonio es una parte fundamental de la estrategia de Jesús para alcanzar a todo el mundo con el evangelio. Él reveló esta estrategia, estando en el monte de los Olivos con sus discípulos, momentos antes de dejarlos. En Hechos 1:8, vemos cuáles fueron las últimas palabras que pronunció Jesús, estando en la tierra:…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

    Primeramente, vemos que para ser testigos eficaces de Jesús, necesitamos poder sobrenatural. Nuestro testimonio es algo sobrenatural. Necesita ser apoyado y fortalecido por un poder sobrenatural, por el poder del Espíritu Santo. Jesús no les permitió a sus discípulos salir a testificar hasta que recibieron aquel poder el día de Pentecostés.

    En segundo lugar, Jesús no les dijo: "Testificarán", como dicen muchas personas religiosas hoy. Él dijo: "Seréis testigos". En otras palabras, no se trata solamente de las palabras que decimos, ni de los tratados que entregamos, sino que toda nuestra vida debe ser un testimonio de Jesús y de la verdad del evangelio.

    En tercer lugar, Jesús se imaginaba la propagación del evangelio como un círculo que cada vez se agrandaría más. Él dijo: "Empiecen ahí mismo donde están, en Jerusalén. Vayan a compartir las buenas nuevas con los demás, para que puedan creer y ser llenos del Espíritu Santo. Entonces, que ellos vayan y hablen con otras personas, para que, a su vez, éstos puedan creer y ser llenos del Espíritu Santo, y luego ir a hablarles a otros". Él les dijo que todo empezaría en Jerusalén, se extendería a Judea, luego a Samaria, y que no cesaría hasta alcanzar lo último de la tierra.

    Estas fueron las últimas palabras que pronunció Jesús, estando en la tierra. Lo que consumía su mente y su corazón era que la Palabra llegara hasta los confines de la tierra, y Él nunca iba a estar satisfecho hasta que esto no se cumpliera. Su estrategia básica para alcanzar estos lugares era que todos los creyentes se hicieran testigos, a fin de testificar a otros y ganarlos para Cristo. Éstos, a su vez, debían ser testigos y fanar a otros más, hasta que, como las ondas que se extienden cuando se lanza una piedra en una laguna, llegaran a lo último de la tierra.

    Al estudia la historia, podemos ver que cuando el pueblo de Dios puso en práctica esta estrategia, funcionó. Al cabo de trescientos años, había conquistado el Imperio Romano. En realidad, creo que la gran fuerza espiritual que derribó el Imperio Romano pagano fue el testimonio de miles y miles de creyentes en Cristo que provenían de diferentes razas, clases sociales y religiones. Todos ellos dijeron: "¡Jesús cambió mi vida!" El impacto de este testimonio finalmente hizo que se derrumbara el duro, fuerte y cruel imperio de Roma.

    La Biblia señala que esta misma arma terminará por derribar hasta el reino de Satanás en los lugares celestiales. Podemos ver lo que acontecerá al leer la profecía en Apocalipsis 12:7-11.

    Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al munco entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el rieno de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha diso lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

    El "acusador de los hermanos" es Satanás. Esta escritura habla de cómo será echado de su reino en los lugares celestiales. Luego habla de cómo lo vencerán los creyentes. Fíjese que se trata de un conflicto directo entre Satanás y los creyentes. El versículo 11 dice: Y ellos [los creyentes] le han vencido [a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

    El arma principal de los creyentes es el testimonio. Es su testimonio que, al final, derrumbará todo el reino de Satanás. Me parece que su testimonio se concentra en dos cosas: la Palabra de Dios y la sangre de Jesús. Su testimonio libera el poder que hay en la Palabra y en la sangre.

    Esto lo podemos aplicar a nuestra vida de una manera sencilla y práctica. Vencemos a Satanás cuando damos testimonio de lo que la Palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace por nosotros. ¡Fíjese en lo importante que es testificar de la Palabra y de la sangre!

    Hay varias maneras en que podemos hacerlo; una es mediante la Cena del Señor o Santa Cena. Algunas veces no la vemos desde este punto de vista, pero la Santa Cena es un constante testimonio de nuestra fe en la Palabra y en la sangre. Hablando de la Cena del Señor, Pablo dijo en 1 de Corintios 11:26: Así pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

    Sabemos que la copa representa la sangre del Señor, así que, al tomar la Cena del Señor, estamos constantemente dando testimonio y proclamando la muerte y resurrección de Jesucristo.

    Para poder testificar de forma eficaz de lo que dice la Palabra de Dios acerca de la sangre de Cristo, debemos saber lo que en realidad la Palabra nos dice acerca de ella. La Biblia nos revela cinco cosas muy importantes que Dios nos provee por medio de la sangre de Cristo. Primeramente, en Efesios 1:7 dice:…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.

    Este pasaje nos habla de dos cosas que nos provee Dios por medio de la sangre de Cristo. Primeramente, nos provee la redención; somos redimidos. En segundo lugar, nos da el perdón; somos perdonados, como vemos en 1 de Juan 1:7: …pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

    En tercer lugar, la sangre nos limpia constantemente. Por medio de la sangre, podemos ser purificados espiritualmente en todo momento. Romanos 5:9 dice lo siguiente: Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

    En cuarto lugar, somos justificados, lo cual significa que somos hechos justos. La mejor definición de ser justificado es: "Ser como si nunca se hubiera pecado, porque se ha sido hecho justo con la justicia que no conoció pecado, es decir, la justicia de Cristo". Hebreos 13:12 declara: Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

    En quinto lugar, la Biblia nos dice que podemos ser santificados por medio de la sangre de Cristo. "Santificar" significa hacer santo, o separar para Dios.

    He aquí las cinco cosas que nos provee la sangre de Cristo, según la Palabra de Dios:

    Primero, la redención;

    Segundo, el perdón;

    Tercero, la purificación espiritual;

    Cuarto, la justificación;

    Quinto, la santificación.

    Lo que Dios ha provisto sólo puede obrar plenamente en nuestra vida cuando testificamos personalmente de ello. Debemos tener el denuedo de expresar verbalmente nuestras convicciones. Debemos declarar lo siguiente:

    Mediante la sangre de Cristo, soy redimido del poder de Satanás. Mediante la sangre de Cristo, todos mis pecados me son perdonados. La sangre de Cristo me limpia de todo pecado. Mediante la sangre de Cristo, soy justificado, es decir, hecho justo, como si nunca hubiera pecado. Mediante la sangre de Cristo, soy santificado; ahora soy santo y separado para Dios. Ya no estoy en el territorio de Satanás.

    Medite en todo lo que nos provee la sangre de Cristo: redención, perdón, purificación, justificación y santificación. Luego reconozca que estas cosas llegarán a ser una realidad en su vida cuando testifique personalmente de ellas. Al dar testimonio personalmente de estas cosas, vencemos a Satanás "por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de nuestro testimonio".

    – Tomado de LA GUERRA ESPIRITUAL por Derek Prince. Usado con permiso de Derek Prince Ministries – International.