«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Arrepentíos, Y Creed En El Evangelio
Marcos 1:15

Por W. C. Moore

    "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). Las palabras "nueva criatura" en este pasaje quieren decir "nueva creación". La salvación no se obtiene simplemente por creer que la Biblia es la verdad. Antes de ser convertidos, vivíamos para nuestros placeres, pero ya salvos debemos de dejar nuestros caminos, procurando agradar a Dios en todo.

    Jesús nunca predicaba un evangelio de comodidad o un camino fácil hacia la salvación. "Ninguno puede servir a dos señores" (Mateo 6:24). "Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:33).

    "Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán" (Lucas 13:24). Estas últimas palabras fueron respuesta a lo que le preguntaron: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" (Lucas 13:23).

    De ningún modo es difícil ser salvo cuando uno viene al Señor con todo corazón, queriendo renunciar todo pecado y por fe entregar toda su vida a Él. Pero tiene que ser de todo corazón.

    La salvación es grandemente facilitada cuando una persona se entrega completamente —con todo lo que tiene— al Señor, confiando en Él que le salve; pero sin esta sumisión, sólo se engaña a sí mismo si piensa que se va a salvar con un asenso intelectual de la Biblia.

    Muchos hablan de "creer" en el Señor Jesucristo, cuando ellos mismos nunca se han arrepentido de sus pecados. Esta aprobación mental no ha salvado a nadie, ni los salvará. Hasta los demonios creen y tiemblan, pero no son salvos (Santiago 2:19).

    Cristo puso el arrepentimiento antes de la creencia. ¿Habrá un predicador tan atrevido para torcer las palabras del Señor y todavía llamarse ministro de la verdad de Dios? "Arrepentíos, y creed en el evangelio" (Marcos 1:15). Después de su resurrección, Él todavía nos manda que prediquemos el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones (Lucas 24:47).

    Pablo seguía a su Señor, "testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:21).

Los cristianos, también, tienen que arrepentirse cuando pecan

    Jesús, el Hijo de Dios, la Cabeza de la iglesia, habla del cielo a una iglesia ferviente y completamente ortodoxa, ¡y les manda arrepentirse! "Has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Apocalipsis 2:4-5).

Multitudes engañadas

    Muchos ya están completamente engañados, y seguirán en tal estado de ilusión hasta el mismo día del juicio de Dios, como el Señor dice:

    "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-23).

Predicadores poblando el infierno

    Cristo vino a salvar a su pueblo de sus pecados, no en sus pecados (Mateo 1:21).

    El Hno. E. E. Shelhamer, escribiendo sobre "Avivamientos superficiales", expresa una gran alarma muy necesaria en estos días de tanta confusión en todas partes de lo que es la salvación verdadera. Él dice: "Con razón clamaba Juan Wesley: ‘¡Qué terrible es esto!’ Cuando los embajadores de Dios se tornan en agentes del diablo, cuando ellos que son los comisionados para enseñar a los hombres el camino al cielo, a la verdad están enseñando el camino al infierno.

    "Si me preguntan: ‘¿Quién hace esto, pues?’ yo respondo: ‘Diez mil hombres sabios y honorables, los de cualquier denominación que alientan a los orgullosos, a los frívolos, a los apasionados, a los que aman al mundo, a los que buscan el placer, a los injustos, a los ásperos, a los descuidados, a los inútiles, y a los que no quieren sufrir por causa de la justicia, para que ellos se imaginen estar en el camino al cielo’.

    "Estos son los profetas falsos con todo el sentido de la palabra. Son los traidores de Dios y de los hombres, y no menos que los hijos de Satanás, como el mayor de Apolión, el destructor. Continuamente están poblando las regiones de tinieblas, y cuando ellos siguen a las almas pobres que han destruído, el infierno de abajo se moverá para recibirlos a su venida".

Amonestando a todo hombre

    Pablo no cesó "de amonestar con lágrimas a cada uno" (Hechos 20:31). Además dice: "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres" (2 Corintios 5:11). No hay suficiente temor para el Señor en estos días, ni en el púlpito o en la congregación, ni entre cristianos de nombre o entre pecadores del mundo. A la verdad Dios es santo, justo, misericordioso y bondadoso, pero también Él odia el pecado. Aunque Él concede el tiempo de gracia para que los hombres se arrepientan, de ninguna manera quiere decir eso que no va a traer un juicio terrible sobre los que desprecian su misericordia.

    Es una cosa horrenda pisotear la sangre del Hijo de Dios e ignorar la misericordia del Todopoderoso.

    Es completamente imposible predicar toda la verdad del evangelio (Romanos 15:19), declarando "todo el consejo de Dios" (Hechos 20:27), sin avisar a la gente del juicio venidero (Hechos 24:25).

    Un predicador que anda arrulando a los cristianos para que duerman espiritualmente, más que ya están dormidos, no es un discípulo de Cristo sino agente del diablo —un lobo rapaz vestido de oveja (Mateo 7:15-20).

    Dice Cristo, pues: "¿Por qué dormís? Levantaos, y orad…" (Lucas 22:46). También dijo a sus propios: "Mirad también por vosotros mismos…Velad, pues, en todo tiempo orando…" (Lucas 21:34,36).

    Si no queremos que nos venga a castigar duramente y poner nuestra parte con los hipócritas, donde será el lloro y el crujir de dientes (Mateo 24:51), debemos observar la amonestación de nuestro Señor y "velar", ser alertos, despiertos espiritualmente, y listos para la segunda venida de nuestro Señor (Mateo 24:42-50).

    ¡La cosa más pequeña que nos exige Dios es más importante que cualquier cosa en todo el mundo! Mejor es perder cualquier cosa que descuidarnos y no estar listos para la venida del Señor. "…el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis" (Mateo 24:44).

    Algunos pensarán que Cristo dio estas palabras de aviso solamente a sus discípulos de aquella época, pero Él es la Cabeza de la iglesia (Efesios 5:23), y "…la iglesia está sujeta a Cristo" (Efesios 5:24). Él les cargó que enseñaran a todas las naciones que guarden todas las cosas que les había mandado (Mateo 28:18-20).

    Jesús es el Mediador del Nuevo Pacto (bajo el cual estamos ahora), como Moisés era el mediador del Antiguo Pacto (Hebreos 8:8,13; 9:11-15).

    Jesús dice que cuando venga el Espíritu Santo, "Él…convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16:8). Sí, habrá convicción de pecado cuando el Espíritu Santo pueda moverse libremente entre nosotros. "¡Ay de los reposados en Sion…!" (Amós 6:1).

    Dios no manda que andemos apaciguando a la gente para que sienta cómoda y augusta, gozando la vida en lo que es puro egoísmo. Estuviéramos maldiciendo sus almas, como hacen muchos padres indulgentes con sus propios hijos.

    Jesús dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mateo 16:24). Considere usted lo que significa seguir a Jesús. ¿Estaba viviendo Él para sacar lo que pudiera de los placeres del mundo? ¿Era Él indulgente para sí mismo?

    "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gálatas 6:7).

    En este tiempo muchos están engañados, pensando que pueden creer por la mente las verdades de la Biblia y luego seguir viviendo en pecado abiertamente, esperando en fin llegar al cielo cuando se mueran.

    Fue dicho al rico en el infierno: "Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado" (Lucas 16:25).

    Si usted no se arrepiente de sus pecados, seguramente segará lo que siembra. No puede gozar la vida en indulgencia, dejando sufrir la obra del evangelio, ¡y esperar llegar al cielo cuando se muera! "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará".

    ¡Oh, amigo mío, deje ahora de vivir para el placer del pecado y para sí mismo, y arrepiéntase, clamando a Dios por perdón en el nombre de Jesús, antes de que sea tarde!

    Jesús dice: "Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37).