«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Perorando La Palabra De Vida

Por Rich Carmicheal

    En 2 Timoteo, el Apóstol Pablo nos advierte que la impiedad será una marca de los últimos días. El escribe, "Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! (2 Timoteo 3:1-5).

    Desafortunadamente, estas señales se ven mucho hoy en día, no solamente en las cosas del mundo, sino en la iglesia también. A cada paso vemos el orgullo, el materialismo, la corrupción, el desengaño, la inmoralidad, el divorcio, la violencia, la idolatría, la codicia, el egoismo, el enojo, etcétera.

    Pablo sigue en 2 Timoteo a llamar a los creyentes que vivan sus vidas de una manera en que se destaque el contraste a esa falta de piedad. El escribe, "Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste" (2 Timoteo 3:14). Pablo especialmente le da énfasis a la importancia de continuar en la Palabra de Dios. El acentúa que "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar" (2 Timoteo 3:16 – 4:2). Pablo presenta esta misma verdad en una manera distinta a los colosenses: "Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón" (Colosenses 3:16).

    La necesidad que tenemos por creyentes llenados de la Palabra es obvia. El mundo y la iglesia necesitan desesperadamente a los que conozcan la Palabra y que puedan "corregir, reprender y animar —, con gran paciencia e instrucción cuidadosa." Por supuesto, que eso no viene sin esfuerzo. Al contrario, Pablo escribe, "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza rectamente la palabra de verdad" (2 Timoteo 2:15). Trágicamente, muchos creyentes hoy en día ni siquiera leen la Palabra. Por eso, ni piensan en estudiarla y usarla efectivamente en sus ministerios. Como lamenta el autor de Hebreos, "En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido" (Hebreos 5:12).

    El Heraldo de Su Venida se enfoca en la Palabra de Dios. Espero que siempre le inspire a usted y le motive a renovar su dedicación a la Palabra de Dios – no una dedicación casual, sino, una firme determinación de leer, estudiar y aplicar la Palabra en su ministerio, lo que sea. Si ya esas cosas usted las está haciendo, ¡arriba, que estamos ganando! y quiero animiarle que siga adelante con fervor y vigor. Y si no, quiero alentarle que haga la decisión de empezar a hacerlo.

    La Palabra de Dios es poderosa. Si usted la deja morar abundantemente en su vida, entonces usted se habrá puesto en posición para que el Señor le pueda usar a usted para ser una gran influencia en las vidas de otros. "Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida…" (Filipenses 2:15-16).