«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Palabras Omnipotentes De Divina Autoridad

    Jesús no solamente clamó al Padre, sino que también reprendió al diablo con palabras de autoridad de las Sagradas Escrituras. No usó cosa compleja o confusa, sino que sacó la espada del Espíritu.

    Entonces el diablo le dejó por un tiempo, luego completamente, hasta el escenario final del Calvario, cuando todos los poderes del infierno se unieron para destruirle, pero ellos mismos fueron vencidos (Colosenses 2:15).

    Cristo no llamó a sus ángeles, ni mostró el poder que tenía por ser Hijo de Dios. Él hizo lo que todos debemos hacer. Usó la palabra de Dios, la cual era para Él la autoridad suficiente y final. Estaba empleando la omnipotencia de esta divina autoridad, ¡Dios mismo en forma escrita! ¡Nos faltan palabras adecuadas para expresar esta verdad tan importante¡ Él sabía que la palabra era suficiente y la usó en contra del diablo. "Escrito está" (Mateo 4:4).

    Cristo no habló estas palabras a su Padre, ni estaba recordándolas sólo para refrescar su propio bien espiritual. El diablo había dicho: "Escrito está", pero el Señor dijo aún más: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás" (Mateo 4:10).

    No hablemos a la ligera de estas cosas. El Espíritu Santo reconoce nuestro pequeño conocimiento del enemigo, y nos aconseja: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo" (1 Pedro 5:8-9).

    Muchos que se ponen a hablar ligeramente acerca de lo sobrenatural están ayudando a la causa del enemigo, y aunque algunos siguen la costumbre de alabar a Dios con los labios, el diablo también sigue con sus planes de impedir el progreso espiritual de ellos. Así que seamos sobrios y reverentes, usando con inteligencia la Palabra de Dios, la cual siempre hará lo que dice.

    A través de los años Satanás ha procurado quitar al cristiano su espada espiritual. Uno que tiene dudas de la Biblia no la usa con seguridad. La Palabra de Dios, siendo del Altísimo, hace todo lo que dice. Si no creemos esto, estamos dudando de la veracidad de Dios.

    Millares de personas han probado con los testimonios de sus vidas y sus hechos la veracidad de las Escrituras. La teología y el razonamiento no son de beneficio en este caso. En fin tenemos que poner nuestra fe en las palabras: "Escrito está". Si no, estamos en peligro del poder del diablo y en fin del infierno. Por tanto, cuidemos nuestra "espada", y aprendamos bien el uso de ella.

La fe que tiene autoridad

    La fe de Pedro fue probada en el cedazo del diablo, y usted también está expuesto a tal prueba. ¿Qué puede hacer? Le voy a decir lo que yo hice. Me acuerdo de haber levantado la Biblia, diciendo: "Yo creo en el Dios de este Libro (Hebreos 11:6), y todo lo que tiene para mí como alma redimida lo tomo por fundamento espiritual, aunque no lo siento ahora mismo. Yo resisto al diablo y sus mentiras. Yo creo en lo que dice esta Biblia, que si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2 Corintios 5:17).

    Yo soy en Cristo, no porque lo merezca, o que pueda sentirlo, sino porque Él me recibió cuando me entregué a Él. Tal vez no se acuerda usted de su cumpleaños, pero sabe que está vivo (1 Juan 5:13).

    ¿Sabe lo que puede hacer el reconocimiento de esta maravilla? Es como agua echada a la bomba seca de un pozo. Algo sucede más abajo y comienza a moverse (Juan 4:4), y el río de vida espiritual proviene de Dios. Este es el procedimiento de resistir al diablo.

Obsesión y opresión del diablo

    Algún día usted puede tener una caída dura, quizás por haberse creído capaz de no caer nunca. Sin embargo el diablo es muy astuto y conoce muy bien los caminos secretos del corazón. Sabe meterse a los sentires y afectos más íntimos para ser inválida la obra de Dios. Gradualmente se va enfriando el fervor para la oración y se disminuye el deseo de testificar, y así se van cambiando las cosas tan importantes en un ritmo religioso, aunque usted no lo quiera admitir.

    Existe el peligro de poner más atención en nuestras experiencias espirituales que en Cristo. Luego viene una gran caída y las nubes de tristeza rodean a uno. Satanás acusa, persigue, y atormenta. ¡Oh, la agonía! Aunque queramos, no podemos parar las asechanzas del diablo.

    Viene a la mente la idea de confesar el pecado, y sabemos según 1 Juan 1:9 que Dios perdona todo pecado, pero a veces ni esto es suficiente para quitar el problema. Yo he conocido personas que duran horas arrodilladas delante de Dios, buscando una liberación de esto, ya habiendo confesado sus pecados a Dios y a otros, pero aunque se les dice del perdón incomparable e infinito que cubre el pasado, el presente y el futuro, no alcanzan a tener la paz de Dios en su corazón.

    Conocí a cierto señor que quedaba en esa condición 16 años, y era salvo, igual que yo. Sin embargo, el diablo lo tenía obsesionado por un solo incidente en que "desobedeció la luz de Dios". Aunque era salvo, vivía en silencio porque no sabía resistir al diablo. "Someteos pues a Dios, resistid al diablo, y de vosotros huirá" (Santiago 4:7).

    ¿Está usted en silencio? El perdón de pecados no sólo depende de su confesión, sino también de las riquezas de su gracia (Efesios 1:7). Cuando no viene la paz después de confesar por la sangre de Cristo, y después de verse en Cristo como una nueva criatura, acuérdese que el diablo es el acusador de nuestros hermanos (Apocalipsis 12:9-11).

    ¡Oh, qué comentarios tan incesantes y enfadosos de los espíritus malos que invaden este mundo de tinieblas! ¡Cuánto tiempo han sufrido tantas almas bajo su tormenta! ¿Por qué? ¡No han aprendido a resistir al diablo!

    ¡Pero escúchenme! Nuestro Señor Jesús calló a los demonios. No les permitió hablar (Marcos 1:34). Muchos que yo conozco se han atrevido a hacer esto en el nombre del Señor, y ahora están gloriosamente libres.

    Me viene a la mente el caso de un misionero que tuvo que dejar su campo misionero por causa de mala salud a la cual siguió un ataque de acusaciones del diablo. Pobre, se puso como un loco desesperado. Era una sola cosa que el enemigo le atacaba constantemente.

    "Pero hay perdón", le dije. "Usted ya confesó su pecado como debe hacer, y ahora tiene que confiar en la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios que nos limpia de todo pecado — no algunos pecados, sino todo pecado.

    Este hermano siguió bien por un tiempo, pero cuando le empezó a acusar Satanás de nuevo, se deshacía completamente.

    "Mi hermano", yo le decía, "usted nunca va a salir de esta condición hasta que resista al diablo.

    "¿No seré yo muy atrevido?" él me contestó. "Yo pienso mejor pedir sólo al Señor".

    "Usted ya ha orado y no se mejora", le acordé. "Ahora le falta "resistir al diablo" con la autoridad de la Palabra de Dios.

    En su agonía, ese hombre cayó de rodillas, diciendo: "¡El diablo ya fue maldito! ¡Amén! Ya fue vencido en el Calvario, en esto está mi confianza. Él no tiene derecho de ninguna parte de mí, porque soy redimido por la preciosa sangre de Cristo, y ahora reclamo mi libertad.

    Aquel hermano se hizo uno de los obreros cristianos más efectivos, porque se atrevió a usar la espada de esta manera.

    Hermanos, estas cosas son muy reales y no faltan sin contarse en las iglesias. ¿Dónde está usted? ¿Es uno de los que trabajan, luchando según la potencia de Él? (Colosenses 1:29). ¿Conoce usted la potencia del Cristo resucitado que actúa en su ser? Hermano, ¿está usted lleno de Cristo tanto en su poder y supremacía, como en su mansedumbre y humildad? No viva para sí mismo. La mansedumbre y la gentileza son cualidades raras y preciosas. "El Cordero" también es un "León" (Apocalipsis 5:5).

    "…Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

    "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

    "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

    "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes" (Efesios 6:10-13. Lea también Efesios 6:14-18 y 2 Crónicas 20:1-27).

    – Seleccionado.