«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Los Trescientos De Gedeón

Por W. C. Moore

    No todos están dispuestos a hacer frente a las tensiones y agotamientos, ni a las feroces pruebas del frente de batalla, en el actual y poderoso conflicto entre el bien y el mal. En los días de los doce espías, sólo dos de los doce obedecieron completamente al Señor. Cuando Dios llamó a Gedeón para que fuera el caudillo de su victorioso remanente, sólo trescientos de los treinta y dos mil fueron escogidos para la batalla. "Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos" (Mateo 20:16).

    A lo largo del camino y puestos los ojos en Jesús para recibir su gracia, su fortaleza y su dirección, ¿no quiere usted ser hoy uno de los que alegremente renuncian a todo y vienen a Él? Hebreos 12:1-17.

    ¡Perseverar en el Hijo de Dios es el gran cargo para el que quiere agradar a Dios! No se necesita una persona que sea naturalmente fuerte en sí misma para seguir fielmente al Señor, ¡pero sí, se requiere que esté dispuesto a confiar en Él, a obedecerlo y a ponerlo en primer lugar!

    "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas" (el alimento, Ia ropa, etc.) "os serán añadidas" (Mateo 6:33). Tenemos que poner la causa de Cristo primero y por delante de nuestros pensamientos, deseos, planes, etc., desde el principio hasta el fin, en todos los aspectos de la vida.

    Pero cuántas veces las personas hablan de "amar" al Señor, cuando en realidad están considerando: "¿Cómo me voy a beneficiar de esto?" "¿Qué provecho voy a sacar de esto?" "¿Cómo se me va a proveer de comodidad, buena alimentación, y cómo podrán cumplirse mis antojos?"

    ¡Qué terrible no creer al Señor cuando Él nos dice que busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia, y que en seguida el verá cómo proveernos el alimento y la ropa!

    ¡Qué horrible ha de ser para cualquiera que, por ser tan egoísta, deje que la obra del Señor se destruya; o que, por no ponerla en primer lugar, quede sin terminar mientras se hacen bonitos planes para el cuidado del cuerpo que, pese a todo, se escapará de las manos y será pronto colocado a dos metros bajo tierra!

    Y esas personas aún se olvidan pecaminosamente de hacer su parte en el extendimiento del glorioso evangelio. ¡Dejan que la obra del Maestro se realice de la manera que sea, mientras buscan sus propios placeres, sus propios fines y logran suplir copiosamente sus propias "necesidades!"

"Sufre trabajos, como fiel soldado de Jesucristo" (2 Timoteo 2:3)

    Cristiano, ¿qué clase de soldado eres tú? Cuando un soldado se consagra a sí mismo a una causa, tiene el deber de ser fiel a esa causa y de obedecer las órdenes de sus superiores.

    ¿Qué sucedería si un soldado tuviera la libertad de escoger lo que le agradara hacer, y escogiera sólo las labores o detalles de su gusto, dejando a sus compañeros los trabajos desagradables, difíciles y peligrosos? ¿Qué pensaríamos de tal soldado? Sin embargo, ¿cuántos, entre el pueblo cristiano, quieren hacer sólo las cosas que les agradan, con la actitud de: "¿Quién es aquél que va a decirme lo que debo hacer?"

"No temas: cree solamente" (Lucas 8:50)

    Neguémonos a nosotros mismos, rehusando darle lugar al temor, la duda, las preocupaciones, los disgustos y la incredulidad del corazón. Lea usted el relato de los doce espías (Deuteronomio 1:19-40; 9:23; Números 13:1-33; y 14:1-38). Dios había prometido a los israelitas la tierra de Canaán (Génesis 12:7; 48:4; Números 13:2), pero cuando diez de los espías vieron los gigantes y las ciudades amuralladas, parece que el recuerdo de todo lo que el Dios todopoderoso les había dicho, desapareció con la rapidez de un rayo.

    Los diez espías no creyeron en la palabra de Dios, y esto entristeció su corazón. Sólo dos de los doce espías, Caleb y Josué, tuvieron fe en Dios, en medio de todas las circunstancias aparentemente adversas. Josué y Caleb por entero siguieron al Señor (Números 32:12).

    También Josué y Caleb vieron los gigantes y las ciudades amuralladas, pero ellos, muy por encima de todo, vieron a Dios que los observaba y les decía: "…la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel" (Números 13:3). ¡Los dos tenían fe en el Poderoso Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, cumpliría su promesa y les daría la tierra!

    Al leer el relato de los años que caminaron por el desierto, y luego de ver cómo Dios trajo a Josué y a Caleb a la tierra prometida, nos viene a la mente lo que el Señor dice en I Samuel 2:30: "Yo honraré a los que me honran". ¡Honramos a Dios cuando, a pesar de las condiciones y circunstancias, creemos en su Palabra!

"No temas: porque yo estoy contigo" (Isaías 41:10)

    ¡Necesitamos negarnos a nosotros mismos, rechazando toda duda a la palabra de Dios! Al morir Moisés, el Señor dijo a Josué: "Esfuérzate y sé valiente, no temas ni desmayes" (Josué 1:9).

    "Si puedes creer, al que cree todo le es posible" (Marcos 9:23). Después de haber aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, nuestra fortaleza se renueva a medida que en Él esperamos; y su amor, su fidelidad y su manera de mirar las cosas, se transforman en parte de nuestra propia naturaleza (Isaías 40:29-31).

    "Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:16-17). ¡Obedezcamos la voz del Espíritu Santo cuando nos enseña a negarnos la indulgencia en todas las cosas que están mal! ¡EI Espíritu está en contra de la carne!

    Necesitamos que la palabra de Cristo more ricamente en nosotros (Colosenses 3:16). Escudriñad las Escrituras (Juan 5:39). "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4).

    En los tiempos de Gedeón, sólo 300 hombres, de 32.000, fueron escogidos para la batalla (Jueces capítulos 6 y 7). Gedeón no reunió a los restantes 31.700 para darles el pésame porque no habían sido escogidos. No dijo a los 31.700 que Dios no iba a poder vencer sin ellos. ¡No! ¡Dios trabaja muchas veces por medio de minorías!

    De los doce espías, solamente dos siguieron completamente al Señor. De los miles a quienes Jesús había ministrado, sólo 120 esperaron a ser revestidos del poder del Espíritu Santo para el servicio (Lucas 24:49; Hechos 1:14-15). Sólo tres de los apóstoles acompañaron a Jesús en el monte de la transfiguración (Mateo 17:1-8). En aquella gran batalla de oración en el Getsemaní, Jesús se hizo acompañar sólo de Pedro, Santiago y Juan (Marcos 14:32-34).

    Quiera Dios ayudarnos a vivir en Él y a estar tan prestos a su servicio, sin estar preocupados en la clase de trabajo que nos dará, sino que con valor y fe hagamos todo lo que nos mande, que por su gracia nos contemos entre el remanente vencedor; entre aquellos 300 de Gedeón; entre los 120. ¡Que nos contemos entre los que van con el Señor a lo largo de todo el camino! (Hechos 1:12-15).

    Hay promesas especiales para el que vence (Apocalipsis, capítulos 2 y 3). ¡Oh, estar entre aquella companía vencedora, entre los que renuncian a todo por seguir a Jesús! ¡Oh, que aprendamos a "dar gracias en todo" (1 Tesalonicenses 5:18). ¡Y que recordemos que todas las cosas les ayudan a bien a los que a Dios aman; es a saber, a los que conforme al propósito son llamados! (Romanos 8:28).

    En resumen, ¿acaso no podemos tomar a Dios en su Palabra, y con una fe simple confiar en el Señor con todo nuestro corazón? (Proverbios 3:5).

    ¿Podría ser un orgullo dentro de mí el que me hace desear llegar a ser un vencedor? En verdad esto no sería un orgullo vanidoso. Esto sería más bien una ambición santa por seguir a Jesús—porque Él es el Príncipe y Capitán de todos los vencedores. ¡Deberíamos tener un deseo ferviente de ser vencedores, para poder seguir con más fidelidad al Señor y complacerlo!

    ¡Escuche con cuidado lo que dice Jesús! "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3:21).

    ¡Oigamos a Pablo! "Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:13-14).

¡Llamados! ¡Elegidos! ¡Fieles!

    "El Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles" (Apocalipsis 17:14).

    ¡Oh, Dios, por la causa de Jesús, ayúdame para que sea no sólo llamado, sino también escogido y —por tu gracia— fiel!

    ¡Que Dios me ayude —y a ti también— a no romper las filas, no caer al lado del camino, no contender con el otro, sino a marchar en línea recta, siguiendo a Jesús hasta alcanzar la gloriosa victoria! (Joel 2:7-8).