«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Oración Como Guerra Espiritual

Por Dave Butts

    Mi favorito relato bíblico se encuentra en 2 Reyes 6. Es la historia de Eliseo y su parte en la guerra entre Israel y los arameos. El rey de los arameos había declarado la guerra contra Israel. Eso no fue nada bueno para los israelitas porque ellos tenían un ejército mucho más pequeño. El rey de los arameos llamó a sus generales y les comunicó unos planes para un ataque contra los israelitas. Pero el rey aquel, de los tales arameos, no contaba con el hecho de que Dios estaba escuchando a la estrategia también. Dios le informó a Eliseo sobre los planes del enemigo y Eliseo inmediatamente pasó la información al Rey de Israel. Con su ejército mucho más pequeño, el Rey de Israel simplemente sacó a sus tropas del camino y evitó la derrota.

    Después de un par de fiascos como ése, el rey de los arameos se puso sospechoso. El llamó a sus generales y demandó saber quién fue que dejaba salir la información a los israelitas. Sus generales le explicaron que no había sido ninguno de ellos, sino que fue el profeta Eliseo que había revelado los planes. Le explicaron al rey que Eliseo sabía todo lo que ocurría, inclusive hasta lo que pasaba en el propio dormitorio del mismo rey.

    Perturbado por ese informe, el rey empezó a hacer planes para eliminar al profeta que tanto intervenía en sus atentos de conquistar. La estrategia nueva del rey fue muy simple. Liquidar a un solo hombre…¡Eliseo! En 2 Reyes capítulo 6, la historia continua con Eliseo y su joven sirviente en la aldea de Dothan. Nos imaginemos cómo pudiera haber sido esa mañana. El sirviente se levantó primero como fue su costumbre para prepararle el desayuno a su patron. Al salir miró con terror a lo que se encontró. Vió al ejército completo de los arameos rodeando la pequeña aldea. Volvió a entrar en seguida y despertó al profeta. ¿No se pueden ustedes imaginar a Eliseo saliendo de la casucha, bostezando y tratando de despertarse? Las primeras palabras que salieron de su boca fueron realmente asombrosas, "Aquellos que están con nosotros son más que los que están con ellos." Su sirviente joven tenía que estar pensando, "Pero un momento. Nosotros somos solamente dos. Parece que los profetas no saben nada de matemática."

    Entonces Eliseo empezó a rezar. Lo que se destaca de esta oración es lo que NO oró. El no empezó a coger pánico y a orar, "¡Oh, Señor, sálvenos de este ejército!" Al contrario, pronunció esta calmada y asombrosa petición, "Señor, abra los ojos de este joven." Yo creo que el significado de aquella oración fue, "Señor, abra los ojos de este joven para que vea lo que ya está allí."

    La oración de Eliseo fue contestada inmediatamente y los ojos de su siervo fueron abiertos y el vió allá rodeando al ejército de los arameos, al ejército del Cielo—una multitud de ángeles engalanados con armadura para la batalla, listos para moverse al mandamiento de Dios.

    Yo les dejaré a ustedes leer la conclusión por su cuenta. Tiene un final fascinante. La lección de este cuento para nuestros propósitos es que Eliseo no Le pidió a Dios que mandara ángeles. Con su abilidad de discernir como profeta él vió o percibió su presencia. Su oración para este joven sirviente fue que él también pudiera conocer la presencia protectiva de los ángeles de Dios, una protección dada para ellos.

    La Biblia enseña, desde el principio hasta el fin, de la existencia del mundo invisible, un mundo del espíritu. Es un mundo de ángeles y demonios, pero es un mundo que tocamos diariamente porque somos creaciones que tenemos no solamente un cuerpo sino también un espíritu. Hoy en día es difícil para muchos de nosotros creer en este mundo invisible. Tenemos la tendencia de enfocarnos en lo que nuestros sentidos nos dicen que son las cosas que existen materialmente, que son reales. Cosas que podemos tocar, gustar con la boca, oír, ver o oler son las cosas que son realidades para nosotros. Un mundo invisible del espíritu parece un poco evasivo o místico.

    Una de las cosas que aprecio tanto en cuanto a la Palabra de Dios es cómo en su presentación de las cosas del espíritu evita lo místico y lo irreal. Presenta al mundo invisible como un hecho concreto. Hay cosas que se ven y hay cosas que no se ven. Los dos mundos son reales. Uno no es más real que el otro. El mundo invisible no es un mito sino es sólido, firmemente basado en la realidad.

    Jesús tuvo una firme comprensión de esta realidad. Él conocía y tenía intercambio con el mundo invisible con frecuencia. Después de su baptismo Jesús fue al desierto por cuarenta días de oración y ayuna. Durante esa temporada Él encontró al Diablo y fue enfrentado con un tiempo de tentación. La batalla no fue presentada de manera que se puede decir, "Esta es una batalla única, reservada solamente para el Hijo de Dios." Al contario, parece ser un modelo de lo que puede pasar a cualquier creyente que toma una decisión de seguir, a toda costa, la dirección de Dios. De todos modos, la batalla en el desierto no fue hecha con señales milagrosas, sino con un uso inteligente de la Palabra de Dios para contradecir las surgerencias del Enemigo.

    Mientras Jesús vivía sus años de ministerio en Su cuerpo terrestrial, Él enfrentó al reino invisible varias veces. Había el momento en que Él se preparaba para ir a Jerusalén Y Pedro Le habló en contra del viaje. Jesús se volvió y le miró y casi podemos ver al Señor apuntar Su dedo hacia Pedro y decirle, "¡Aléjate de Mí, Satanás!"

    ¡Qué choque más grande debería haberle sido eso a Simón Pedro! Yo no creo que Jesús realmente le estaba llamando a Pedro, "Satanás," sino que Él estaba respondiendo al mismo Satanás. Jesús entendió cómo Satanás fue capaz de poner palabras en las bocas de otros como Pedro, y entonces, Él simplemente fue a la raiz del problema con la reprensión. A propósito, si Satanás pudo poner pensamientos en la mente del Apóstol Pedro, ¿se supone usted que él puede hacer lo mismo en nuestras mentes? Estoy convencido que una de las mayores razones por los mandamientos en las Escrituras que se tratan de guardar lo que hablamos, es que existe la posibilidad de que nuestras palabras sin freno puedan contener los pensamientos del Enemigo.

    Hay otro encuentro con el mundo invisible que ofrece gran enseñanza en cuanto a las creencias de Jesús sobre el papel del Enemigo en los asuntos humanos. Me refiero al caso de la curación de una mujer que había estado lisiada por dieciocho años. Su cuerpo fue tan doblado que ella no podía pararse rectamente. Jesús la sanó en un Sábado. Respondiendo a sus criticones, Él preguntó, "¿No debe esta mujer, una hija de Abraham, a quien Satanás ha mantenido amarrada e incapacitada por estos largos dieciocho años, ser liberada de lo que la atajaba un Sábado?"

    Jesús creyó y enseño que por lo menos algunas enfermedades pueden ser causadas por el Enemigo. No enseñó que todo tipo de enfermedad es de Satanás, pero sí, que algunas enfermedades pueden encontrar su fuente en el mundo del espíritu. Mientras lee los evangelios, ¿usted se ha fijado en el número de ocasiones en que unos demonios se manifiestan mientras Jesús predica? Nuestro Señor Jesús nos dió un gran modelo por tratar o un demonio. Él se detuvo e interrumpió a Su enseñanza solamente brevemente para quitar la distracción, y entonces volvió inmediatamente a Su enseñanza. Su enfoque no fue en el reino de la oscuridad sino en el Reino de Dios. Jesús no mantuvo un ministerio de liberación en el sentido de que andaba buscando a demonios a sacar de personas que los tuvieran. Él andaba proclamando el Reino del Cielo. Cuando un demonio tuviera la audacidad de interrumpirle, Jesús lo trató decisivamente.

    El Apóstol Pablo continuó el actitud de Su Maestro hacia el mundo invisible. Claramente, él vió a Satanás como un verdadero ser, creado, que estaba projectando artimañas contra Dios y contra los que siguieran los senderos de Dios. En 2 Corintios 2:10-11 Pablo habló de la importancia del perdón, "para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas." Más tarde en 2 Corintios él habló del dios de este mundo (una clara referencia a Satanás) que amarraba a las mentes de los creyentes. En 1 Timoteo 4:1 Pablo nos advirtió que en los últimos tiempos (¿los nuestros?) algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctinas diabólicas.

    Es Pablo que empieza a desarrollar la terminología militar para este conflicto espiritual. El refirió a los cristianos como soldados. El nos dijo que nosotros no hacemos la guerra como la hace el mundo, sino que usamos armas espirituales. Entonces en Efesios 6:10-18 nos dió este gran tratado sobre la guerra espiritual con énfasis especial en vestirnos con la armadura de Dios.

    Para no quedarse fuera, el Apóstol Pedro agregó su enseñanza acerca de la batalla en 1 Pedro 5:8-9: "Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león regiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos." En su segunda carta, escribió acerca de los ángeles que habían pecado, "Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio" (2 Pedro 2:4). En su carta corta Judas también habló de estos ángeles caídos y nos dió el cuento asombroso de cómo el arcángel Miguel disputó con el diablo sobre el cuerpo de Moisés. "Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: "¡Que el Señor te reprenda!" (Judas 9).

    Es evidente que los autores del Nuevo Testamento tomaron en serio a la guerra espiritual. Si nosotros ignoramos esa guerra nos buscamos nuestro propio perjuicio y peligro. Por cierto que algunos pueden llevar la práctica de esta doctrina de guerra espiritual al extremo. Con frecuencia oímos a hablar de algún maestro cristiano que ve un demonio detrás de cada arbusto. Yo dudo que a los demonios les interesen mucho los arbustos, pero el punto está bien enfocado con la ilustración. Si no tenemos cuidado, podemos terminar enfocándonos más en el diablo que en Jesús. Pero mucha gente de la Iglesia del siglo pasado han tomado la táctica opuesta y han llegado a ignorar o negar la existencia del Diablo por completo.

    No obstante, hoy en día hay una creciente conciencia en la Iglesia que nuestra batalla sí es real y legítima conta el Enemigo anciano que siempre los santos han tenido que enfrentar. La Buena Noticia es que nuestra victoria es asegurada y basada en la victoria de Jesús sobre el enemigo en la cruz y en la tumba vacía. Nuestro trabajo, nuestra obra en oración es caminar en la victoria, vestidos con la armadura de Dios, vigilando constantemente y orando con anticipación que el Reino de Dios triunfe en nuestros tiempos, en el día de hoy.