«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Dinámica Del Espíritu

Por Wesley L. Duewel

    El cúmulo de dinámicas de la oración prevaleciente que hemos estudiado está subordinado al Espíritu Santo. El socorre, capacita y lo coordina todo. El es el Señor de la oración que prevalece. Nosotros prestamos atención a su voz, respondemos al poder que nos da y nos entregamos completamente a su activo señorío, de manera que El pueda habitar en nosotros, llenarnos y orar por medio de nosotros.

    El señorío del Espíritu es, en efecto, el señorío de Cristo, quien ha enviado al Espíritu con el fin de que sea el otro Ayudador-Consolador (Juan 14:16). El recibe de Cristo lo que luego nos revela y nos imparte (16:14). Mediante la oración el Espíritu deposita todos los poderes del mundo celestial a nuestra disposición.

    El arzobispo Trench escribió: "Es necesario que oremos en el Espíritu…si es que hemos de orar. Les ruego que guarden esto en el corazón. No se dispongan a orar como si se tratara de una labor que se ha de realizar en virtud de sus propias fuerzas naturales. Se trata de una labor divina, de Dios el Espíritu Santo: una labor de El en usted y por mediación suya, en la que debemos ser colaboradores con él, teniendo presente, no obstante, de que se trata de su obra."

    Andrés Murray agrega: "Sólo cuando nos entregamos al Espíritu que habita y ora en nosotros, puede conocerse en su poder la gloria del Dios que escucha la oración y la más eficaz mediación del Hijo." Spurgeion predicó que no es verdadera la oración cuando el Espíritu no tiene el señorío completo de la misma. El Espíritu Santo mismo "debe estar presente en todo momento de oración, con el fin de ayudar en la incapacidad y de dar vida y poder."

    La auténtica oración prevaleciente tiene su origen en el Espíritu, se prevalece en ella en el Espíritu y mediante el Espíritu se hace efectiva. Orar auténticamente es orar en el Espíritu. El es el Espíritu de gracia y de oración (Zacarías 12:10). El es el Espíritu de adopción que hace posible que podamos decir "Abba, Padre," y de esa forma lograr que nuestra oración sea aceptable ante Dios (Romanos 8:15).

    El Espíritu Santo respira en usted el espíritu de oración; el poder en la oración proviene de la energía que desata el Espíritu dentro de nosotros. El no continuará otorgando poder si no se emplea ese poder en la oración. La debilidad en la oración, por lo general, es producto de la debilidad espiritual, y ésta causa debilidad espiritual. Andrés Murray le llama a la oración "el índice que mide la obra del Espíritu en nosotros." Sólo los que están llenos del Espíritu son capaces de prevalecer de continuo y poderosamente en la oración.

    Cuando el Espíritu obra en usted sólo en forma débil, entonces su vida de oración habrá de ser débil y carente de poder. Mientras más poderosamente obra el Espíritu en usted, más poderosos habrán de ser los frutos de sus oraciones. La causa principal de la falta de oración es el hecho de que el Espíritu habita en uno escasamente, casi nominalmente, y no en su plenitud. Dios puede obrar a través de sus oraciones sólo cuando de veras es el Señor de su ruego. Ese señorío lo ejerce completamente el Espíritu Santo. La visión en la oración la da el Espíritu; el hambre en la oración la da el Espíritu; el poder en la oración es el inmenso poder del Espíritu que se derrama en todo su ser espiritual. Bounds dice: "¿Habrá de orar usted con resultados portentosos? Busque el obrar portentoso del Espíritu en su propio espíritu."

    La norma nuevotestamentaria para el creyente es la llenura del Espíritu. Mas debenos recordar que El es el Espíritu de poder. Leonardo Ravenhill duda que cualquier afirmación de la plenitud del Espíritu que no traiga como fruto "un período prolongado de oración," pueda dársele el nombre de bíblica.

    Por vivir de este lado de Pentecostés, tenemos mayor disponibilidad del ministerio del Espíritu que la que tuvieron los santos del Antiguo Testamento. Nosotros debemos conocer, en un grado mayor el poder y la realidad en la oración, y la vida de oración que prevalece mediante el Espíritu. Por haber enviado al Espíritu Santo, Dios ha puesto a nuestra disposición "la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos" (Efesios 1:19). Así que Pablo oraba de continuo que la iglesia pudiera conocer mejor a Dios y su poder (17-21). Y todo esto está en espera de que lo descubramos y de que lo hagamos nuestro mediante la oración prevaleciente.

    "El regalo que El gratuitamente ha otorgado aún no se ha agotado. Los cielos siguen repletos de experiencias como las de Pentecostés. La necesidad imperiosa es que haya hombres que sepan cómo prevalece ante Dios con el fin de hacer descender las lluvias sobre la iglesia y sobre el mundo. En esto reside el…secreto para continuar en marcha y a plenitud con la vida de oración apostólica, así como con todos los demás ministerios del Espíritu."

    En la oración, como en todo, las cosas en nuestra vida espiritual, no se realizan "No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu – dice el Señor de los ejércitos" (Zacarías 4:6). Puede ser que Jesús haya tenido presente esta promesa cuando dijo que vuestra fe trasladará cualquier monte que se interponga, puesto que el siguiente versículo de este pasaje de Zacarías, dice así: "¿Quién eres tú, oh gran monte?…Serás reducido a llanura."

    Cuando Dios llamó a la iglesia para que realizara obras sobrenaturales en su favor, El otorgó poder sobrenatural. La dinámica sobrenatural del Espíritu obra mediante la oración, la fe y la obediencia. ¿Por qué dependemos casi exclusivamente de nuestro mejor juicio, del perfeccionamiento de nuestros propios métodos y del entrenamiento psicológico y administrativo que hemos recibido? Hemos dependido tanto de nuestras fortalezas naturales, de nuestra buena preparación y de nuestra laboriosidad en favor del Señor, que estamos a punto de caer en bancarrota espiritual.

    Poco sabemos acerca de lo que significa orar en el Espíritu y que lo que digamos sea "con demostración del Espíritu y de poder" (1 Corintios 2:4). El poder de la oración prevaleciente producirá una portentosa revolución espiritual en nuestra alma. La presencia irresistible de Dios en nuestros cultos de adoración y su infinito poder al hacer efectivos nuestros esfuerzos evangelísticos y misioneros, aguardan con el fin de que poseamos una nueva dimensión en la vida de oración, por la dinámica del Espíritu.

EL ESPIRITU NOS AUXILIA EN LA ORACION

    Jesús prometió que enviaría a otro Ayudador (es posible que así se pueda traducir Juan 14:16). Y Pablo nos asegura que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad en la oración (Romanos 8:26). Revenhill escribe lo siguiente: "El Espíritu Santo, como Espíritu de vida, pone fin a nuestras oraciones muertas…a medida que el Espíritu de sabiduría nos libra de la ignorancia en este arte santo de la oración…a medida que el Espíritu de poder viene a ayudarnos en la debilidad que nos caracteriza mientras que oramos."

    Alrededor del año 400 A.D., el obispo Ambrosio enseñó lo siguiente: "Esta ayuda del Espíritu es sumamente enfática en el idioma original; como un hombre que agarra un tronco por un extremo no lo puede levantar hasta que otro hombre lo agarra por el otro extremo…El Espíritu de Dios viene por el otro extremo y se hace cargo del lado más pesado de la carga, y así ayuda al alma a levantarla."

    Estudiemos varias formas en que el Espíritu nos ayuda para que tengamos la capacidad de prevalecer en oración:   

    1. El Espíritu le llena para convertirse así en el Señor de su oración. Verdaderamente, usted nunca se convierte en una persona de oración, poderosa en la oración prevaleciente, hasta que el Espíritu le llene. Y al llenarle, dice Payne, El "trae a nuestros días a Pentecostés." Los apóstoles no se destacaron como hombres de oración hasta el día de Pentecostés. Luego, su perspectiva, su compromiso y su experiencia espiritual sufrieron una transformación. Ellos se hicieron el propósito de tener en primer lugar la oración (Hechos 6:4). Chadwick dice que "los que oran en el Espíritu deben estar en el Espíritu." J. Stuart Holden agrega que estar llenos del Espíritu es "el único secreto para tener una auténtica vida de oración."

   2. El Espíritu nos da salud espiritual. El hace que Cristo se convierta en su misma vida (Romanos 8:2; Colosenses 3:4). Cuando se vive en el Espíritu se recibe salud espiritual y vitalidad, con el fin de que uno pueda orar y servir a Dios como debe ser. Cuando se vive en el Espíritu se recibe la capacidad para orar en el Espíritu. Mientras usted permanezca en Cristo, tiene el derecho de pedir lo que quiera (Juan 15:7).

   El gran maestro de la oración, Andrés Murray, escribió: "La relación que existe entre la vida de oración y la vida del Espíritu es muy estrecha y es indisoluble." También dijo: "La oración es una de las funciones más celestiales y más espirituales de la vida del Espíritu; no podremos aspirar a hacerla realidad y así complacer a Dios, si nuestra alma no se encuentra en perfecta salud y si nuestra vida no está totalmente en manos del Espíritu de Dios y motivada por El."

    Acudamos de nuevo a las palabras de Murray: "Lo que abarca la permanencia constituye la medida exacta del poder en la oración. El que ora es el Espíritu que habita en nosotros, no siempre con palabras y pensamientos, mas respirando y siendo, de manera más profunda que cualquier expresión. En la medida en que el Espíritu de Cristo esté en nosotros ha de haber verdadera oración…Oh, que nuestras vidas estén llenas de Cristo, y colmadas de su Espíritu, y las maravillosas e ilimitadas promesas a nuestras oraciones ya no nos parecerán extrañas."

    3. El Espíritu lo atrae a la oración. Como guardián de su vida y como mayordomo de su vida espiritual, El lo atrae a la oración continuamente. A veces El lo atrae a usted a la oración mostrándole la magnitud de alguna necesidad y cuán incapaz es usted para abastecerla. En otras ocasiones lo atrae cuando le da una visión de lo que Dios anhela hacer. Sólo el Espíritu puede comunicarle a usted las pulsaciones de Dios, sus prioridades, o la batalla espiritual en la que El le ha llamado a participar.

    Usted no sabe cuándo algún amigo o un ser querido necesita su oración, se encuentra en peligro, está enfermo, le hace frente a la tentación o anda en busca de una respuesta urgenta de Dios, para la que le hace falta que usted sea un compañero de oración. Mas el omnisciente Espíritu puede llamarle a la oración y fijar a esa persona en su mente, de tal manera que usted sabe que debe orar por medio del Espíritu.

    Spurgeon predicó lo siguiente: "Cada vez que nuestro Señor le conceda la inclinación especial a orar, usted debe ser entonces doblemente diligente…Cuando El le concede el anhelo especial por la oración, y usted siente una aptitud especial para la misma y el disfrute de ésta, tiene el mandato, por encima que continuamente nos obliga, que nos impulsa a obedecer alegremente. En momentos como éste me parece que podemos hallarnos en la situación en que se halló David, a quien el Señor le dijo lo siguiente: "Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás." Esta marcha por las copas de las balsameras puede haber sido las pisadas apresuradas de los ángeles para ayudar a David.

    Gracias a Dios, usted puede estar seguro de que el Espíritu le acercará, le concederá el deseo y le abrirá el apetito para orar en el mismo instante en que su oración sea clave para el adelanto del reino de Cristo.

    James McConkey dice: "Nunca desobedezca esta atracción que hace el Espíritu para que oremos. Constituye un llamado especial de Dios para el individuo que es consciente del mismo…Asuntos de incalculable importancia dependen de la obediencia a ese llamado a la oración." Siempre es lamentable que se descuide la oración, pero es más lamentable aún cuando es el Espíritu el que le llama. Hay personas que por encontrarse en medio de una crisis, puede ser que necesiten su oración en ese momento; o puede ser que se evite algún peligro si usted se da a la tarea de orar en ese mismo instante. A menudo, sólo la eternidad arrojará completa luz acerca de lo importante que fue obedecer ese llamado a la oración.

    4. El Espíritu concede entrada especial al creyente ante Dios. "Por medio de él…tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efesios 2:18).

   "En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él" (3:12). ¿Quiénes somos usted y yo para que podamos tener acceso al trono celestial? Ningún gobernante, en ninguna nación, le concede entrada inmediata y continua a nadie. Mas por medio de Cristo usted y yo hemos sido hechos reyes y sacerdotes de Dios, en virtud de la redención llevada a cabo por Cristo.

    El Espíritu, por tanto, le conduce a usted hasta la presencia de Dios. Esta imagen nos hace pensar en un oficial de la corte a quien le toca presentar a aquellos que desean tener una entrevista con el rey. Usted no sabe cómo acercase a Dios ni la forma en que debe hacerle saber sus peticiones más importantes, mas el Espíritu Santo expresa el gemir de su corazón e interpreta a la perfección sus más profundas necesidades. "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).

    5. El Espíritu enseña a orar. Al inicio de cada sesión de oración usted debe entregarse al Señor y pedir que el Espíritu Santo se apodere hondamente de usted mientras que ora, para que así lo capacite para orar en el Espíritu. "En el Espíritu" (Efesios 6:18) significa literalmente "en espíritu." Este texto, según se interpreta, significa completamente rodeado por el Espíritu. El es la atmósfera transformadora de la oración. Usted debe respirar en la atmósfera del Espíritu y exhalar el espíritu de oración.

    Usted debe "andar en el Espíritu" (Gálatas 5:16), "vivir en Espíritu" (v. 25), y andar "conforme al Espíritu" (Romanos 8:4). La atmósfera del señorío del Espíritu debe ser cualidad en todo aspecto de su vida, pero sobre todo de sus oraciones. El Espíritu manifiesta su señorío enseñándole a orar a usted, llamándole a la oración, fortaleciéndole para la oración, dirigiéndole en la oración y dándole fe mientras que ora.

    Carlos Finney aconsejaba lo siguiente: "Si has de orar con fe, cerciórate de andar diariamente con Dios. Si así lo haces, él te dirá por qué cosas debes orar. Sé lleno de su Espíritu y te concederá suficientes objectos por los que orar. El te otorgará tanto del espíritu de oración como fuerzas físicas tengas para resistir."

    Usted depende totalmente del Espíritu, cosa que sabe cualquier persona que ha anhelado prevalecer en la oración. Es necesario que El conmueva sus emociones, para que le conceda su deseo profundo; su fe, para que le dé denuedo en la oración y su voluntad, para que insista con ahínco. El debe tanto enseñarle como darle la capacidad para utilizar sus enseñanzas en la oración. El es el dador de toda oración en el Espíritu, como acertadamente ha dicho Spurgeon.

    El Espíritu Santo es el principal intercesor en usted, así como el mismo Jesús es el principal intercesor que está a la diestra del Padre. El Espíritu es su Maestro infalible y sabio por excelencia; pero además le capacita a usted para que obre de acuerdo a Sus enseñanzas. El no sólo le enseña las necesidades por las que ha de orarse y la forma de hacerlo, sino que también le muestra los misterios de la oración. El es el Ayudador en toda su vida espiritual, pero particularmente en la oración.

    El Espíritu es el parakletos Maestro (Juan 14:26). El parakletos se fue al juzgado con un hombre al que se celebraba juicio, actuando como ayudador y consejero. Mientras que estuvo al lado de esa persona, le concedió valor. El acusado no estaba solo, porque el parakletos estaba a su lado. El ayudó al acusado a entender los asuntos que ante él presentaban, lo auxilió para que hablara como debía hablar, le sugirió qué hacer y estaba siempre a su lado para cuando hiciera falta.

    De la misma manera, el Espíritu es su paracleto cuando usted ora. El está a su lado y vive en usted. El intercede por usted, y lo hace también en usted y por mediación suya. El obra poderosamente en su espíritu, de modo que le sea posible orar con poder por medio de usted.

    El Espíritu lo santifica así para que haga la voluntad de Dios, gime de tal modo en usted por la voluntad de Dios, lo ilumina para que vea la voluntad de El, y así cree, por medio de usted en la realización de la voluntad de Dios, que El santifica su intercesión, hasta que la interseción de Dios el Hijo y de Dios el Espíritu y el gemir de su corazón son una misma cosa. En esta santa e irresistible unidad en la intercesión, el cielo y la tierra se pueden mover como haga falta.

    Usted y yo no sabemos cómo interceder de la manera correcta. Podermos errar el objetivo al orar. ¡La oración se puede volver peligrosa! Dios tendrá que decirnos repetidas veces, empleando las palabras que Jesús dirigió a Pedro, lo siguiente: "No sabéis lo que pedís (Mateo 20:22). ¿Qué haríamos si el Espíritu no nos enseñara y nos guiara en la oración?

    El Espíritu le enseña lo que es el amor de la oración, el sabio y adecuado contenido de la oración, y cómo orar en el Espíritu. Estas cosas espirituales las enseña el Espíritu y las disciernen espiritualmente aquellos que están llenos del Espíritu (1 Corintios 2:14). La sensibilidad, la percepción, los anhelos y la guerra espirituales, son asuntos profundos que pertenecen a Dios y que enseña el Espíritu Santo (2 Corintios 2:10).

    Mas el Espíritu sólo enseña lo que está dentro de la voluntad de Dios. El jamás concede apetito santo por cualquier cosa que esté fuera de la voluntad de Dios, ni ora mediante usted por nada que no sea lo mejor que Dios tiene para usted.

    Si sus deseos al orar son carnales, el Espíritu guarda silencio dentro de usted. Los que están llenos del Espíritu de repente se dan cuenta que hay algo que anda mal. Y es que están orando por su propia cuenta, por lo que se produce una vacilación interior, un refrenamiento apacible del Espíritu. El "paracleto" nos dice por medio de su silencio: "No puedo aprobar esa oración. Jesús no puede darle el ‘amén’ a esa oración. Puede ser que tengas buenas intenciones, mas estás fuera de mi propósito y de mi voluntad. Espera, espera, y te ayudaré a ver una forma más efectiva, a que hagas una oración mejor."

    A medida que usted se deleita en el Señor, entonces entenderá cada vez con mayor claridad lo que le agrada a El y cuál es su voluntad. El Espíritu Santo, su amante Maestro, le ayudará a conocer la voluntad de Dios, a regocijarse en su voluntad, a anhelar la misma y a orar por ella. Usted no desearía de veras o intensamente algo que supiera que está en contra de la voluntad de Dios. El puede, entonces, concederle los deseos de su corazón, porque armonizan con los suyos (Salmo 37:4).

    Sin un compromiso completo con la voluntad de Dios, la que conocemos y la que desconocemos, no podemos ser llenos del Espíritu Santo. Y hasta que seamos llenos del Espíritu, El no puede llevar a cabo su completa labor de Maestro en nuestra súplica.

    En una manera muy real, las oraciones más profundas de la persona que está llena del Espíritu, provienen del Padre, mediante el Espíritu, hacia el que ora; y luego se devuelven, del corazón al Padre, por medio del Espíritu y reciben el amén de Dios el Hijo. Los cristianos jamás se encuentran en unión más estrecha con la Trinidad que cuando oran. El gozo del cielo es oír a los creyentes orando en el Espíritu.

    Cuando se ora en el Espíritu siempre se ora en armonía con la palabra de Dios, puesto que el Espíritu que le dirige en la oración es quien inspiró la Palabra. Existe una unidad bendita del Espíritu, la Palabra y usted cuando ora. El Espíritu siempre le enseña a amar la Palabra, a ser guiado por la misma y a sostenerse de la voluntad de Dios y de los propósitos suyos, como se reveland en las Escrituras. De modo que no existe nada que se le aventaje a la oración en el Espíritu para traerle gloria a Dios. La gloria de Dios es su deseo principal; la bondad de Dios hacia los demás y hacia usted está en un plano secundario.

    El cristiano carnal y el hombre natural no están enseñados por el Espíritu. Con frecuencia la oración les parece como algo desconcertante. Lo triste es que casi todo lo que mucha gente conoce acerca de la oración es la voluntad propia, los deseos egoístas, las peticiones imprudentes y las oraciones superficiales. Jamás podrán entrar en la vida enseñada por el Espíritu del poder de la oración prevaleciente, hasta que realicen la clase de consagración que los conducirá a la vida llena del Espíritu.

    6. El Espíritu nos pone carga para que oremos. Ningún cristiano ha comprendido a cabalidad la carga que pesa sobre el corazón del Espíritu Santo, a medida que éste anhela, ama, y se identifica con todo el sufrimiento, el dolor y las cargas que llevan en el corazón los cristianos por todo el mundo. No existe desaliento, lágrima oculta, o dolor sin expresar que el Espíritu Santo no sienta de manera completa y personal. No hay injusticia, pena, o angustia que el tierno Espíritu Santo no sufra con nosotros.

    No obstante, el Espíritu Santo anhela, además, a todas las vidas destruidas, los hogares deshechos y a los millones de personas en todo el mundo que no son salvas. El siente la tragedia que los afecta. El padece con el odio y la violencia de ellos. El lleva sobre su santo corazón el sufrimiento de nuestro mundo. Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, comparten el mismo amor, los mismos anhelos y la misma compasión.

    El Espíritu Santo ansía inundar su corazón con el santo y anhelante amor ágape del trino Dios. En Romanos 5:5 se nos dice que Dios derrama su amor en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo. ¿Qué clase de amor es este? Este es el amor que condujo a Jesús a venir a la tierra, a ir a la cruz y a morir por usted (v. 8). El amor que el Espíritu desea derramar en usted y con él inundar todo su ser, es el anhelante amor de Dios que se entrega a sí mismo, el cual vemos en Jesús. (8:39).

    El Espíritu no quiere que sólo una mínima parte de ese amor se desprenda y penetre en el corazón suyo. El desea derramar continuamente ese amor en su ser y que mediante usted llegue al mundo sufriente. El quiere que este amor se manifieste tanto en sus palabras como en su conducta; pero de maner más constante y quizás más poderosamente que en cualquier otro aspecto, que se manifieste en sus oraciones.

    Usted puede amar a mayor número de personas mediante la oración que por medio de cualquier otra cosa. Usted puede amar, mediante la oración, a aquellos que lo evitan o que se le oponen. Usted puede amar a la gente en cualquier parte del mundo mediante la oración. Mientras más derrame usted el amor de Dios mediante su oración y su conducta, más se derramará el Espíritu en usted a medida que se lo pide. Dios le da el Espíritu a aquellos que se lo piden (Lucas 11:13).

    El Espíritu anhela compartir con usted su carga, su compasión, y su congoja del alma. Dios ha ordenado que el poder necesario para cambiar las cosas, para detener el mal, para aplacar el odio humano y para sanar las heridas del mundo, se desate mediante las oraciones de su pueblo. Se espera que usted y yo seamos sacerdotes para este mundo que sufre. Mas; ¿cómo podemos desempeñar este papel?

    Esto debe comenzar con nuestros corazones. Es necesario que sintamos antes de que nos sea posible sanar. Es menester que veamos antes de que podamos prevalecer. Uno de los papeles principales que desempeña el Espíritu Santo, en relación con las necesidades del mundo, es el de colocar cargas de oración en nuestros corazones. ¿Hasta qué punto lleva usted en su corazón la carga del mundo? Usted le está fallando a su gente, a su ciudad, a su nación y a su mundo, a no ser que usted sea un sacerdote de Dios, quien lleva sus cargas en el corazón.

    No somos salvos sólo para ser felices. Somos salvos para ser de bendición. ¿Y qué forma mejor de ser bendición que por medio de nuestras oraciones? ¿De qué otra manera podríamos ser de bendición para tantos? Dios es un Dios que bendice, pero gran parte de esta bendición puede venis y manifestarse solamente por medio de la intercesión suya.

    El Espíritu Santo ansía ayudarle para que sus ojos vean, para que su corazón sienta y para que sus oraciones lleven una carga de oración prevaleciente en favor de la gente y de la sociedad. ¿Cómo pueden los cristianos vivir despreocupados en un mundo sufriente y suponer que tienen el corazón de Cristo? ¿Cómo pueden los cristianos permanecer sin derramar lágrimas en un mundo quebrantado y suponer que representan a Jesús? ¿Cómo podemos usted y yo estar tan a menudo sin carga de oración y a la vez seguir siendo compañeros de oración de Jesús?

    Abra su corazón ante el dolor, el quebranto y la tragedia a su alrededor y a través del mundo. Abrale el corazón al Espíritu para que le dé carga. Aprenda a gozarse con los que se gozan y a llorar con los que lloran. (Romanos 12;15). Pídale al Espíritu que le enseñs a llevar cargas por medio de la oración. Usted puede ser de ayuda decisiva para muchas vidas si le permite al Espíritu que le dé carga por la intercesión. ¿Qué mayor gozo podría darle usted a su Dios trino que el de compartir la carga que tiene por nuestro mundo?

    Con frecuencia se ha contado la historia del visitante que vino a ver la iglesia y el púlpito de Roberto Murray McCheyne, después de su muerte. El conserje lo condujo al estudio del pastor y, apuntando hacia la silla de McCheyne, dijo: "Siéntese allí. Ahora coloque los codos sobre la mesa." El visitante le obedeció. "Ahora cúbrase el rostro con las manos." Nuevamente el visitante siguió las instrucciones. "Ahora deje brotar las lágrimas. Así solía hacerlo el señor McCheyne."

    Luego condujo al visitante hasta el púlpito de McCheyne, desde donde había sido bendición para el pueblo mediante su ministerio. "Coloque los codos sobre el púlpito," le indicó el conserje. El visitante le obedeció. "Ahora cúbrase el rostros con las manos." Nuevamente el visitante siguió las instrucciones. "Ahora deje brotas las lágrimas. Así solía hacerlo el señor McCheyne." ¡Ah, ese era el secreto de su ministerio! El llevaba la carga de su gente, de su nación y de la causa de Dios sobre su corazón. Permita que el Espíritu Santo ponga carga en usted.

    7. El Espíritu le da poder para la oración. ¿Siente usted que tiene poco poder para la oración? Claro que tiene poco poder. Ninguno de nosotros tiene poder en sí mismo para orar. El Espíritu Santo tiene la tarea de dar poder. El desea manifestar su poder por medio de usted a medida que usted prevalece por las cargas que el tiene en su corazón.

    El poder y el amor le pertenecen a Dios (Salmo 62:11-12). Y él le imparte poder y amor a medida que usted comparte el sentir de Su corazón y le da expresión. De la misma forma en que El aumenta su amor, también le aumenta el poder, a medida que usted lo emplea en la intercesión. El, siendo el aliento de Dios, respirará Su poder en el alma suya. Mientras más prevalezca usted, más habrá de ser lleno de amor y poder prevalecientes. El Espíritu anhela capacitarlo para que sea un intercesor poderoso. El se regocija convirtiéndolo en lo que usted debe ser como canal suyo de bendición.

    Dios anhela que usted prevalezca. El ansía hacer uso de la oración suya. El con gusto impartirá poder a cualquier persona que esté llena del Espíritu en la oración, si la persona sólo se da a la tarea de orar. Mientras más prevalezca usted, más poder recibirá para seguir prevaleciendo. El cielo se goza cuando usted ama como Dios ama y cuando usted prevalece como Cristo prevalece. Hágase disponible: responda al Espíritu y lleve las cargas de los demás. Pídale a Dios que coloque sus cargas prioritarias sobre su corazón. El tiene tareas concretas de oración para usted. A medida que usted prevalezca, El le dará más tareas. Su papel aumentará, mientras más usted lo llene. El Espíritu está aguardando para utilizarlo a usted cada vez más.

    8. El Espíritu multiplica su fe. Se habla mucho de una fe que no es otra cosa que fe sólo de nombre. R.A. Torrey dice: "Tratar de creer algo que usted quiere creer no es fe…La fe no viene nunca por el simple propósito que usted tenga de obtener aquello que quiere poseer."

    Bounds escribió: "Existe un mundo caracterizado por la oración natural, la cual es egoísta, e inspirada en uno mismo. Cuando el Espíritu ora por medio de nosotros, o nos ayuda a pedir como debemos al orar correctamente, reduce nuestra oración al mínimo de la voluntad de Dios, para que luego podamos pronunciar sus gemidos indecibles. Entonces tenemos la mente de Cristo y oramos como él oraría."

    El Espíritu Santo, al habitar en usted, fortalece y multiplica su fe en los aspectos en que usted ora de acuerdo con la voluntad de Dios. El multiplica la fe dándole a usted una nueva revelación de la grandeza y del poder de Dios, dándole una visión de la forma en que Dios anhela actuar en su favor y haciendo resaltar en su corazón ciertas promesas de la Palabra. Mientras que usted prevalece en oración, El enciende una gozosa esperanza en su corazón que le dice que la respuesta de Dios está en camino.

    El Espíritu afirma su fe mediante la Palabra y por medio de la certeza en su corazón de que El está orando por medio de usted. El Espíritu no le conduce a orar por metas inútiles. El pone carga sobre usted porque Dios desea trabajar. La ayuda que El le da en sus oraciones afirma la confianza que usted tiene en sus promesas. De la misma forma en que Abraham fue fortalecido en su fe, dio gloria a Dios y se convenció (Romanos 4:20-21) de que el Espíritu guía, anima, afirma su fe hasta que usted también le da gloria a Dios y se regocija en la victoria de la fe, aun antes de poderlo ver con sus ojos.

    Jean-Nicolas Grou oró, en 1750, como sigue: "Oh, mi Salvador, te repito con mayor insistencia que nunca: Enséñame a orar; inculca en mí todas las disposiciones necesarias para la oración en el Espíritu…¿De qué sirve mi oración si el Espíritu Santo no ora conmigo? ¡Ven, Espíritu Santo, ven a morar y a laborar conmigo! Toma posesión de mi entendimiento y de mi voluntad; dirige mis acciones, no sólo en el momento de la oración, sino en todo momento."

    – Tomado del libro LA ORACION PODEROSA QUE PREVALECE por Wesley Duewel. © 1990. Usado con permiso del Duewel Literature Trust, Inc. Los libros de Dr. Duewel se pueden comprar de Duewel Literature Trust, Inc., 740A Kilbourne Drive, Greenwood IN 46142-1843.