«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Cuando Las Multitudes Ayunan, Dios Interviene

Por Gordon Cove

    Tres veces en dos de los capítulos de Joel, Dios ordena el ayuno (Joel 1:14, 2:12,15). Joel, el profeta, dice que cuando los tiempos son desesperados, Dios mismo exhorta a Su pueblo a que busque Su ayuda: "Convertíos a mí de todo vuestro corazón…santificad (apartad) ayuno."

    Esto nos enseña que hay tiempos en que es necesario ponerse de acuerdo para ayunar unidos. Algunas personas dicen que creen en que se deba ayunar solamente "cuando el Señor lo pone en su corazón," pero no hacen así en los otros asuntos de la vida. Por ejemplo, no esperan a que Dios lo ponga en su corazón cuándo deben comer, no esperan a que el Espíritu se mueva sobre ellos antes de pagar la renta. ¿Qué otra urgencia necesitamos de parte del Señor para ayunar en tiempos de crisis, cuando tres veces en dos capítulos de la Escritura nos oredena que lo hagamos?

Una orden es una orden

    Si las Escrituras son la voz del Señor para nosotros, como indudablemente son, ¿por qué nos quedeamos sentados esperando a que Dios diga que ayunemos cuando ya lo ha dicho enfáticamente? ¿Estamos tan lejos de Dios que no podemos oír Su voz hablándonos desde Su propio libro?

    En los tiempos Del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel proclamó ciertos días de ayuno. Aparte de los días de ayuno regular, con frecuencia proclamaban algún ayuno especial con determinado propósito (Jer. 36:9; 2 Crón. 20:3; Esdras 8:21; Jonás 3:5).

    El pueblo del Señor ayunó en tiempos de calamidades inmediatas (1 Rey. 21:27-29; 2 Crón. 20:3), y siempre que había alguna crisis grave (Juec. 20:26; Dan. 9:3).

    En todos estos casos, el Señor los salvó de cualquier peligro en que estuvieron (Esth. 9:31; Esd. 8:23; Hech. 27:22).

    En los tiempos biblicos, se hicieron ayunos cuando había calamidades y aflicciones nacionales (2 Sam. 1:12; Salmo 35:13; Dan. 9:3); cuando alguien tenía aflicciones personales (2 Sam. 12:16); o cuando algún peligro se acercaba (Esth. 4:16).

    Si hemos de orar con poder, tenemos que orar con ayuno. Esto no quiere decir que tenemos que ayunar cada vez que oramos, sino que hay tiempos de crisis especiales en nuestras vidas o en la vida de la nación, cuando el pueblo del Señor tiene que apartarse de la satisfacción de los apetitos naturales para poder entregarse a la oración.

    Todas las grandes crisis en nuestra vida o en la vida de nuestra nación deberían ser enfrentadas de esta manera. No es que Dios se agrade de que nos privemos de las cosas que nos gustan, sino que hay poder en la intensidad y determinación del ayuno para obtener en oración las cosas que necesitamos, de tal manera que nos haga hacer a un lado otras cosas para afirmar nuestros rostros a Dios en busca de El y las bendiciones necesitadas. ¡El siempre responde, porque El es fiel a Su palabra!