«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Vía De La Cruz

Por Sra. María Woodard

    "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él" (Filipenses 1:29).

    Si hay una cosa que la mente y el cuerpo humano se resisten a soportar, es el sufrimiento. Retrocedemos de él. Tratamos de evitarlo por toda manera posible. Nos permitimos pensar por un momento en los sufrimientos de Cristo, y pensamos que de alguna manera no es justo que debamos sufrir, olvidando las palabras de Jesús mismo: "El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor" (Mateo 10:34).

    Jesucristo tomó del vaso de sufrimiento, y fue bautizado con el bautismo de muerte (Mateo 20:22), y Él nos ha dado estas palabras: "Pues para esto" (sufrir por hacer lo bueno) "fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas" (1 Pedro 2:21).

    Cuando se acercaba el tiempo en que Cristo iba a experimentar la cruz, su naturaleza humana imploro: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa…", pero su espíritu oró: "…pero no sea como yo quiero, sino como tú" (Mateo 26:39).

    Si vamos a adoptar la vía de la cruz, también debemos aceptar el vaso de abnegación. A ver, entonces, lo que la vía de la cruz pide de nosotros.

1. Abnegación

    La vía de la cruz es una vía de abnegación. Ya no importa lo que queremos nosotros, sino lo que Dios quiere para nosotros. "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mateo 16:24). Nuestra cruz es su cruz.

    Cristo hizo la voluntad del Padre (Juan 4:34), e igualmente debemos nosotros hacer lo mismo, si pertenecemos a Él. "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21). "Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre" (Mateo 12:50).

    Los discípulos lo habían dejado todo para seguirle a Él (Mateo 19:27). El apóstol Pablo sufrió la pérdida de todas las cosas (Filipenses 3:8). El joven rico era hombre principal, y se fue triste porque no quería entregar sus muchas posesiones (Mateo 19:22).

2. La persecución

    La vía de la cruz es una vía de persecución. "Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución" (2 Timoteo 3:12). El Hijo puro de Dios, sufrió a manos de la muchedumbre. "Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos… Y los alguaciles le daban de bofetadas… Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas… le golpeaban en la cabeza con una caña… y le sacaron para crucificarle" (Mateo 14:65; 15:17-20).

    "El tiempo me faltaría contando de" las persecuciones "de los profetas… de los cuales el mundo no era digno" (Hebreos 11:35-38), ni el cruel tratamiento y la muerte de los apóstoles, ni de las narraciones de los hombres y mujeres a través de las edades quienes entregaron su vida por amor al evangelio. En todas partes del mundo hoy día, hay muchos que están tomando del vaso de sufrimiento porque han escogido la vía de la cruz en vez de negar a su Señor.

    A éstos les recuerdo de las palabras de su Señor: "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros" (Mateo 5:11-12).

3. Oprobio

    La vía de la cruz es una vía de oprobio. Es un olor de muerte para muerte en los que se pierden (2 Corintios 2:15-16). Si eres amigo del mundo, eres enemigo de Dios (Santiago 4:4). Si sigues la vía de la cruz, no esperes ser popular. Te entenderán mal y te tratarán "como la escoria del mundo, el desecho de todos" (1 Corintios 4:13).

    Pero, "…nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos…" (1 Corintios 4:12-13). "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros" (1 Pedro 4:14).

4. Sufrimiento físico

    La vía de la cruz es una vía de sufrimiento físico. Cristo, "aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (Hebreos 5:8). ¿Cuánto más tú y yo? Al apóstol Pablo le "fue dado un aguijón en" la "carne, un mensajero de Satanás que" le abofeteaba, pero el Señor le dijo: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". "Por tanto, de buena gana", dijo el apóstol, "me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo" (2 Corintios 12:7-9).

    Hay que hacernos débiles en nuestro propio ser, para que seamos fuertes en Él. Sí, Él reprende y castiga a todos los que ama (Apocalipsis 3:19), y este castigo algunas veces toma la forma de un aguijón en la carne, un sufrimiento físico, algo que nos impela a arrodillarnos en oración, causándonos confiar en Él y en su fuerza.

    El sufrimiento físico está viniendo a muchos cristianos hoy, por parte de los enemigos de Dios, y oramos que Dios les dé a cada uno la gracia de decir: "El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre" (Hebreos 13:6).

5. Ofensa

    La vía de la cruz es una vía de ofensa. Justo antes de que Cristo fue crucificado, Él dijo a los discípulos: "Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche" (Mateo 26:31). Y muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él porque les dijo: "Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Juan 6:53,66).

    El mundo aceptará una religión que no requiere una cruz ni la sangre. Si tú aceptas la vía de la cruz, ofenderás no sólo a los que son perdidos, sino también a los que profesan ser cristianos pero que prefieren quedarse tibios y carnales antes que ser maltratados, como Moisés, con el pueblo de Dios (Hebreos 11:25).

6. Renuncia

    La vía de la cruz es una vía de renuncia. "Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:33). Es una renuncia del pecado (Proverbios 28:13), una renuncia de nosotros mismos, de nuestra propia manera de vida, de nuestras propias ambiciones. Es una renuncia del mundo: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo…" (1 Juan 2:15).

7. Soledad

    La vía de la cruz es una vía de soledad. Al someterse Cristo a sus aprehensores, "…todos los discípulos, dejándole, huyeron" (Marcos 14:50). Al punto más crucial de tu vida, te puedes hallar a solas, desprovisto de toda ayuda humana. Los verdaderos santos de Dios a menudo se encuentran sin el compañerismo y el entendimiento de sus hermanos cristianos.

    Hay espacio sólo para dos en la vía de la cruz, pero Él que camina contigo te ha prometido: "No te desampararé, ni te dejaré" (Hebreos 13:5).

    Sí, la vía de la cruz es una vía de abnegación, persecución, oprobio, sufrimiento físico, ofensa, renuncia, soledad y mucho más. Es el camino que Cristo caminó, y es el camino que nosotros, también debemos caminar.

    Cualquier sufrimiento en que te encuentres, regocíjate "de haber sido tenido por digno de padecer afrenta por causa del Nombre" (Hechos 5:41). En medio del sufrimiento habrá gozo, habrá paz; tendrás una comida que comer, que los otros no saben (Juan 4:32).

    Acepta tu cruz, y llévala sin avergonzarte. "De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien" (1 Pedro 4:19).

    "Si sufrimos, también reinaremos con Él" (2 Timoteo 2:12).