«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Administración De La Victoria De Cristo Sobre Satanás

Por F. J. Perryman

    A la Iglesia, a los "en Cristo", es dado la comisión divina de vencer a Satanás en su capacidad de gobernador del mundo.

    Puesto que las fuerzas del infierno están concentradas por un ataque culminante sobre la entera raza humana, la Iglesia de Cristo debe concentrarse y movilizarse en la oración por la administración de la victoria de Cristo en el Calvario.

    Los días del simulacro de combate están terminados. Si no vencemos, seremos vencidos. Debiéramos estar dispuestos, si es necesario, a morir para desatar las ligaduras de la maldad, las cuales atan nuestra nación.

   "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

    "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes… orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos" (Efesios 6:10-18).

    El capítulo seis del libro de Efesios explica en términos generales la guerra contra Satanás y sus huestes, y en forma completa en cuanto al aspecto de una campaña y un mandamiento. Una de las cosas principales a notar aquí es que Pablo no está describiendo meramente una guerra personal, sino una guerra colectiva de la iglesia. No es "yo" y "mí", sino "nosotros" y "nuestro" — "tenemos lucha" (vs. 12).

    Luchamos contra principados —gobernadores del mundo los cuales engañan a las naciones, esclavizan las naciones, hacen frente provocativa en la entrada de las naciones. El mandamiento de Pablo es el de mantenernos firmes entre Satanás y las naciones, fortalecidos en el Señor, firmes y resistiendo— "y habiendo acabado todo, estar firmes" (vs. 13).

    Lea el capítulo 10 de Daniel, además de Efesios 6, por detalles impresionantes de esta lucha "contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo".

    Vivimos en el día cuando el que puede orar debe hacerlo, y cuando el que debe estar en esta lucha no debe evitarla.

    Este es "el día malo" predicho por las Escrituras. Cada persona verdaderamente nacida de lo alto, debe estar en alguna parte del conflicto, sea estando firme, resistiendo al enemigo, o siendo vencedor en el campo.

¡El llamamiento a la oración es persistente!
¡El grito de guerra reclama la atención!
¡La necesidad es urgente, aun desesperada!

    Estamos en una lucha decisiva, una lucha culminante, la lucha de los siglos. Es nuestra lucha. Es una lucha para ganar el gobierno del mundo.

    Éste es "el día malo" mencionado en vs. 13 —el día malo de la iglesia, el día malo de la dispensación, el día malo de las naciones, el día malo de la raza, el día malo el cual, cuando esté completamente vencido, será seguido por un cambio del gobierno— desde un reino satánico hasta el reino divino: el reino de Cristo.

"Decid entre las naciones: Jehová reina" (Salmo 96:10)

    "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza… y habiendo acabado todo, estar firmes". Como el siervo del Señor, y su representante, lánzate a la batalla como si la victoria dependiera de ti —que es la verdad solemne.

    Dios no tiene otro instrumento humano con el que pueda llevar a cabo las verdades de su cruz sino la iglesia, los redimidos, la gente renacida que compone el cuerpo de Cristo.

¡Sigue siendo el vencedor en el campo! El campo es el mundo

    "Habiendo luchado con tu enemigo, habiéndole vencido completamente, da un paso adelante como vencedor en el campo de batalla" (Efesios 6:12-13, traducción libre).

    Permíteme instarte a dedicarte a esta batalla, esta guerra espiritual, esta comunión con Cristo en la administración de su victoria sobre Satanás.

    No estoy minimizando la predicación y el ministerio público. Todos son una parte de la gran batalla de los siglos, pero todos son relativamente sin importancia en comparación con esta escondida y muchas veces desconocida lucha contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo.

    En esta lucha estás combatiendo autoridades angelicales, imperios, soberanos de la maldad. El orar luchando, invade su reino oculto y siniestro, derrotándolos en el cuartel general, abriendo paso para el reino de Cristo.

    Todo cristiano tiene una parte importante de contribuir en el derrocamiento final del consejo de ministros satánicos sobre las naciones. No le fallemos a nuestro Señor, ni fallemos a su Iglesia. Más bien, que cada uno de nosotros tomemos nuestro lugar en la lucha espiritual de hoy, y orando en el nombre del Vencedor en el trono, junto con el Espíritu Santo y por medio de una fe viva en la obra consumada de Cristo en el Calvario, mantengámonos firmes, no como víctimas, sino como vencedores en el campo de batalla.

Algunos mueren como mártires — otros viven como mártires

    Se ha dicho que el orar es difícil. No puede ser de otra manera. Cuando Cristo oró en el jardín, su sudor era como grandes gotas de sangre (Lucas 22:44). Y hasta cierto punto, nosotros sangramos para llegar al Trono de Dios. Igualmente, en la oración intercesoria, hasta cierto punto nos convertimos en mártires, sacrificando la vida por los hermanos.

    La Escritura misma describe la oración como algo difícil, usando tales expresiones como "rogando encarecidamente" (Colosenses 4:12), "constantes" (Romanos 12:12), "súplica" (Efesios 6:18), "con gran clamor y lágrimas" (Hebreos 5:7), "buscad" y "llamad" (Mateo 7:7), "de noche y de día" (1 Tesalonicenses 3:10), "con el espíritu" y "con el entendimiento" (1 Corintios 14:15). La clase de oración implicada por la Escritura, indica el vigor y labor que prueba grandemente cada poder y facultad de nuestro ser, y prueba al extremo nuestro amor y devoción al Señor.

    A nosotros, la iglesia, incluyendo tanto los miembros como los ministros, nos es dada la comisión divina de vencer a Satanás en su capacidad de gobernador del mundo. Si ha habido un tiempo cuando el pueblo de Dios ha estado en lo más reñido de la batalla entre la luz y las tinieblas, es hoy día. El diablo se ha revelado, quizás ha estado obligado a salir.

    —¡Desenmascárale! —hemos orado, y hoy él está al descubierto en unas de las formas más crueles de contemplarse.

    Acontecimientos prueban que estamos en una de las etapas peores en la historia de la humanidad —un verdadero día malo— en el cual las fuerzas del infierno se han unido para lo que parece ser un asalto culminante sobre todo el género humano en un desafío brutal contra el trono y el gobierno de Dios y su Hijo. Hoy día se nos ofrece:

    Un gobierno sin Dios, la redención sin la expiación y la salvación sin Cristo.

Unidos en Cristo

    Lo más urgente de ahora es que nosotros, la gente de Dios, evitemos la controversia y la discordia entre nosotros, y que unidos enfrentemos a nuestro enemigo común: el diablo. Muchos cristianos en la actualidad se están destruyendo unos a otros con sus lenguas, cuando pudieran más bien bendecirse unos a otros con sus oraciones.

Los cristianos pueden unirse en Cristo
Tengamos a Él por centro
Permitamos que Él sea la Cabeza en todas las cosas

    Hablando desde el trono, Cristo dice: "Al que venciere… así como yo he vencido" (Apocalipsis 3:21). Las posesiones de Cristo pertenecen a los que son de Él. Que las reclamemos para usarlas en esta lucha. Tomemos toda la armadura de Dios. Si seguimos sus instrucciones en Efesios 6:10-18, no podemos fracasar. Nos dice allí que podemos apagar todos los dardos de fuego del maligno —¡dardos encendidos del fuego del infierno!

Dios te está pasando su espada

    "TOMAD… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (Efesios 6:17). No hay otra manera tan eficaz como batallar y orar usando las Escrituras. Empuñemos la Espada de Dios. Y sigamos reclamando las promesas de la Palabra de Dios cuando oramos. Digámosle a Satanás, como lo hizo nuestro Señor: "Escrito está" (Mateo 4:4,7,10). No permitamos que el diablo nos robe de la única arma con la cual podemos derrotarlo —la oración de fe que cuenta con la Palabra de Dios.

    Cuando por alguna razón lo encontramos imposible de derramar ante Dios nuestro corazón, podemos apoderarnos por la fe de una promesa, y presentarla ante Dios, desafiando a todo el infierno para impedir su realización. Eso es guerra espiritual. Eso es lo que significa el tomar y usar la espada del Espíritu. Aun el creyente menos informado puede hacer eso.

    Coge una visión del campo de batalla espiritual de hoy. Decídete de comenzar a orar por la victoria cristiana. Pon a un lado todo lo que estorba, aun la comida, y entrégate a la ocupación real de la oración.

    Ora lo mejor que puedas —con palabras, o suspiros, o con manos elevadas, o con los dedos sobre la Biblia abierta, tal vez escribiendo las promesas de Dios y firmándolas con un ferviente "Amén". Cristo dijo: "Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63).

    En la primera epístola de Pablo a Timoteo, él dice: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres…Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda" (1 Timoteo 2:1,8).

    El Omnipotente penetra la escena por medio de la fe de la gente de Dios, y para mí, no conozco otro método que mejor comunica todo lo que siento y pienso y quiero, que el de reclamar con manos elevadas de que la voluntad de Dios sea hecha en las cosas por las cuales estoy orando.

    Con manos elevadas, oro por la iglesia y sus necesidades. De esta manera estoy orando por todos los santos.

    Con manos elevadas, oro a Dios por naciones, líderes, parlamentos y políticas. Me viene a la mente la Escritura: "He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas" (Isaías 40:15). Oro acerca de eso, y recibo una vista más grande de Dios. Luego con manos elevadas, oro las palabras de Isaías capítulo 40, mientras que en mi corazón está resonando un continuo "Amén".

La oración es un oficio

    El orar es obrar por Dios. No hagas caso del convencionalismo y métodos. ¡Lleva algo a cabo por medio de la oración! Ora con la intención de obtener los resultados. Cuenta con el hecho de que Dios hará todo lo que nos ha prometido, y "mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos" (Efesios 3:20).

    ¿Por qué nos manda Dios a orar, y orar sin cesar (Lucas 21:36 y 1 Tesalonicenses 5:17), si Él puede darnos sus bendiciones de algún otro modo? La oración se abre paso, y es un conducto para la energía impulsora y creativa de Dios.

    Persiste en la oración. Pablo nos exhorta: "Orando…con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia" (Efesios 6:18). ¡Orando! ¡Suplicando! ¡Velando! ¡Perseverando! ¡La Escritura lo manda!

    Pero ¿por que debemos orar? ¿Por qué debemos perseverar en la oración? ¿Por qué es necesario luchar, de agonizar en el conflicto, de poner a un lado temporalmente las necesidades del cuerpo para perseguir el curso dirigido por el Espíritu a la intercesión?

    Es necesario porque Dios lo ha ordenado. La Divinidad no conoce otro modo. La cooperación con Dios se puede sostener sólo en el vigor y la disciplina de un compañerismo agresivo y una asociación de fe y de amor en la oración.

    La oracíon es el compañerismo con Dios en el desarrollo de sus propósitos eternos.

    Piensa en el dinero, el tiempo y los sacrificios que los hombres y las naciones utilizan para traer a la fruición sus planes y proyectos. ¡Luego observa la manera pausada, vaga, descuidada, perezosa e indiferente con la cual los cristianos emprenden los estupendos problemas morales y espirituales que enfrentan la iglesia y la nacion!

    Dice Pablo: "Doy gracias a mi Dios…a quien sirvo en mi espíritu…de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones" (Romanos 1:8-9). El servir a Dios en el Espíritu es el centro de todo compañerismo con Cristo, sea el ganar un alma, o la conquista de un continente.

    Guarda con diligencia el testimonio del Espíritu en tu propio espíritu, y elimina toda cosa que estorbe en recibirlo, o que te cause perderlo. Es de prima importancia para un cristiano victorioso de tener el testimonio continuo del Espíritu Santo, tanto como la importancia de que un marinero tenga su carta de navegación y su brújula.

    Toma la espada del Espíritu (Efesios 6:17), y ora usando la Palabra de Dios. Para hacer esto, se necesita estudiar la Palabra, profundizándote en ella, persiguiendo y localizando sus riquezas, bebiendo de sus ríos vivos, pasando por sus fuegos purificadores, y así entrando en un compañerismo más íntimo y sagrado con Dios.

"Despiértate…y levántate de los muertos" (Efesios 5:14)

    Satanás no quiere que conozcamos las Escrituras. Él está en gran ventaja en esta guerra espiritual cuando los cristianos no tienen conocimientos de la Palabra de Dios. El conocimiento de la Palabra de Dios, nacido del Espíritu, puede armar a un hombre con armas eternas lo suficiente poderosas para derribar las huestes del infierno. Si la gente de Dios pasara su tiempo con la Santa Palabra en lugar de mirar la televisión, escuchar la radio, y hacer otras cosas por el estilo, ¡qué hazañas se realizarían en el nombre de Cristo!

    ¡Que Dios nos sacuda de nuestro letargo paralizante, la ociosidad, el sueño y la muerte! Pablo en su día continuaba la amonestación de los profetas hebreos, diciendo a los efesios: "Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo" (Efesios 5:14).

    Uno de los golpes maestros de Satanás, es el de persuadir a los cristianos a cruzar los brazos y decir: —¡El Señor reina—! O de hacerlos creer que no pueden hacer nada porque lo que pasa es el cumplimiento de la profecía. Pero no parecen saber que muchos males en las Escrituras son profetizados, no porque es inevitable de que acontezcan, no importa lo que hagamos, sino de evitar su acontecimiento por prestar atención al aviso. En varias ocasiones, como en Salmo 2, la profecía se acompaña de tales amonestaciones como "Guardad…para que" (Josué 23:11), "Mirad que nadie os engañe" (Colosenses 2:8), "Honrad al Hijo, para que…" (Salmos 2:8).

    Cristo venció a Satanás en el Calvario, y en el nombre de Cristo debemos reforzar esa victoria. Cristo venció, y nos está llamando a también vencer como Él lo hizo (Apocalipsis 3:21). Cristo dijo a Satanás: "Vete, Satanás", y de igual manera nosotros debemos tomar la autoridad que Cristo nos ha dado sobre todo el poder del enemigo (Lucas 10:19), y mandar a Satanás en cualquier lugar donde lo vamos obrando: "Vete".

    Los ataques de Satanás en este día malo, no son simplemente sobre los individuos, sino también sobre las naciones. Él está buscando dominar el mundo por medio de los dictadores sobre las naciones —hombres capaces de una visión extensa, de una estrategia comprensiva, y de organizar el movimiento de tropas en masa.

Hay que recibir, obedecer y usar la verdad

    El destronamiento de los gobernadores mundiales de Satanás, y la administración de la victoria de Cristo en el Calvario sobre Satanás, según Efesios 6:10-18, está delegado a todos los que están en Cristo. Cristo nos ha rescatado del dominio y del poder de Satanás, y "en Cristo" nos ha dado dominio sobre todas las fuerzas del enemigo (Lucas 10:19 y Efesios 6:18).

    Debes tomar esta autoridad sobre Satanás, arrodillado ante el Señor, utilizando la espada del Espíritu. Tu espada es la Palabra de Dios. La guerra espiritual de la oración a la cual el Espíritu de Dios nos está llamando a emprender, es la administración de la victoria de Cristo sobre Satanás.

    "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan" (Salmos 24:1). La tierra pertenece a Dios porque la creó y la redimió. La iglesia, sentada con Cristo a la diestra del Padre, y bajo la dirección del Espíritu Santo, ha sido escogida para ministrar en la tierra la autoridad de su trono (Efesios 2:1,5-6).

Juntamente crucificados con Cristo (Gálatas 2:20).
Sepultados con Cristo (Colosenses 2:12).
Dados vida juntamente con Cristo (Colosenses 2:13).
Juntamente resucitados con Cristo (Efesios 2:6).
Sentados en los lugares celestiales con Cristo (Efesios 2:6).

    ¡Aleluya! ¡El Señor reina! Y de nuevo, ¡Aleluya! ¡Los santos (cristianos) reinan con Él!