«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Vida Reinante

Por Charles Usher

    Es sólo la vida de Cristo en nosotros la que nos puede ayudar a reinar. En Romanos 5 se hace referencia a esto en dos ocasiones. En el versículo 10 vemos que "seremos salvos por su vida", o como dice Conybeare, "somos salvos por participar en su vida". El significado de la palabra "salvo" aquí es más que justificación. Es liberación de todo lo que nos mantenga esclavizados.

    Pero en el versículo 17, vemos que ¡somos hechos reyes por participar en su vida! "Porque si el reino de muerte fue establecido por un solo hombre (Adán), por medio del pecado que sólo él cometió, mucho más será establecido el reino de vida en aquellos que reciben la plenitud rebozante del don de la justicia por sólo un hombre, Jesucristo" (Conybeare). Cuando dejamos a Cristo mismo vivir en nuestras vidas, y hacemos su voluntad y no la de nosotros, Dios utiliza eso y hace de nosotros reyes.

    En Romanos 6, vemos cómo esa vida se hace efectiva en nuestras vidas.

    (1) Por reconocer el hecho de que nosotros que creemos en Cristo somos bautizados en su muerte, siendo así arrancados de la antigua vida y traídos dentro de la esfera de la vida de Cristo, para que caminemos en una vida nueva.

    (2) Por la entrega de nosotros mismos a Dios, como aquellos que están resucitados de entre los muertos.

    "Muerte" — "resurrección". Debemos abandonar la vida de egoísmo por la vida de Cristo. Debemos quitar el viejo hombre y poner el nuevo.

    La razón por la cual muchos hijos de Dios no están reinando en vida, es que nunca han dejado su propia vida. Se aferran a su vida. Ellos abandonan muchas cosas por Dios —posesiones, tiempo, etc.— pero no sus vidas. Sin embargo, ¿qué significa crucifixión con Cristo, si no es que quiere decir sacrificar la vida?

    "Con Cristo estoy juntamente crucificado", dice Pablo, "y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gálatas 2:20). "NO… YO". Cuando negamos la vida del "yo", es cuando Cristo mora en nosotros. Y esa vida nueva es una vida reinante, teniendo en ella todo el potencial de ser un rey.

"En Cristo"

    ¿Cómo hemos de vivir la vida reinante? Por reconocer nuestra unión con Cristo.

    La pequeña frase, "en Cristo", es la clave. Esto se refiere a la esfera del creyente. Es más que una relación judicial. Es un nuevo elemento. Y Pablo dice: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). Esto no se refiere tanto al estado del creyente como a la naturaleza del elemento en el cual el creyente se encuentra a sí mismo en Cristo Jesús, elemento que nunca cambia.

    El cristiano puede fallar en ajustarse a todos los privilegios y bendiciones que son suyos en su nueva posición, pero esto no altera el elemento de vida el cual es su verdadera esfera.

    La tentación del cristiano que está fallando, es la de tratar de remover por su propio esfuerzo las cosas en su vida que están obstaculizando su crecimiento. Esto tiene el efecto de enfocarse a sí mismo, con el resultado de perder los beneficios de su posición en Cristo.

Conjuntamente sentados

    "Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies… Domina en medio de tus enemigos" (Salmos 110:1,2).

    "Pero Dios…nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:4,6).

    H. A. W. Meyer dice que esto puede traducirse así: "Nos ha sentado conjuntamente en las regiones celestiales, dándonos así una parte en el dominio del Exaltado".

    El propósito de Dios con relación a su Hijo, es el mismo propósito que tiene concerniente a aquellos que están unidos a su Hijo; ¡y eso es lo de reinar sobre nuestros enemigos! Esto se logra por estar nosotros sentados con Cristo y por gozar y entrar en la victoria que Dios le ha dado a Él.

    No hay tensión en esta batalla, porque Dios es el que obra; y tenemos la seguridad de que la voluntad y propósito de Dios es el de hacer de nuestros enemigos estrado de nuestros pies. La incertidumbre en este punto es la causa de mucho conflicto innecesario. Muchas veces se hace esta pregunta:

    "¿Será la voluntad de Dios, que se le permita al enemigo hacer esto o aquello?"

    Hasta que usted tenga la plena seguridad de que la intención de Dios es que sus enemigos ya no lo dominen sino que estén bajo sus pies, no habrá descanso, y poca satisfacción de su espíritu.

    ¡Qué consolación viene al maltratado hijo de Dios cuando él sabe que Dios está peleando por él para poner sus enemigos debajo de sus pies!

    Cuidado con permitirse ser empujado por el trabajo y la guerra espiritual. Tenga cuidado de no hallarse en una condición de no poder pararse. Si el ímpetu está fuera de su control, estará obligado a seguir hasta que caiga. Yo conozco algunas almas que no se atreven a parar. Si así lo hicieran, la reacción sería tan grande que causaría un serio colapso. Por lo tanto continúan por necesidad. Esto no debería ser. El final de dicho curso es el desastre, a no ser que Dios intervenga.

    Hay miles de cristianos sufriendo de un cierto colapso, que pudo haber sido evitado si hubieran sabido cómo y cuándo refrenarse.

    Nunca se olvide que Dios se preocupa más por el obrero que por la obra. Nosotros lo mal representamos si pensamos que está menos preocupado por nosotros que por la encomienda que nos ha dado. Dios no es ningún capataz severo.

    Cualquier cosa que Dios te ordene que hagas, siempre te dará el espíritu para llevarlo a cabo. Por lo tanto un buen principio general a seguir es éste: Nunca vaya más allá de la fuerza que Dios le da en su espíritu. Si va más allá de su espíritu, usted entonces empezará a depender de sus propios esfuerzos, y eso es el comienzo del daño.

    La verdad es que, usted no puede hacer trabajo espiritual o andar en el Espíritu, si usted está bajo tensión. Puede saber cuando pasa de trabajo espiritual a sus propios esfuerzos, por el resultado que esto trae.

    Usted no puede vivir una vida pura y espiritual sino en el reposo de Dios. Tampoco podrá desempeñar el mejor trabajo espiritual hasta que haya aprendido a sosegar el alma con su fiebre, precipitación e inquietud.

Reinando

    El regir sigue a consecuencia de estar conjuntamente sentado con Cristo en los lugares celestiales.

    Se nos ha dicho que "Mejor es el que…se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad" (Proverbios 16:32).

    La intención de toda la disciplina del espíritu a la cual estamos sujetos, es la de prepararnos para gobernar: primero sobre nuestros propios espíritus, y después sobre nuestras circunstancias y en la esfera de servicio donde Dios nos ha puesto.

¿Qué significa "gobernar nuestro propio espíritu"?

    Significa el dominio sobre sí mismo. La enseñanza de que el control propio es en sí mismo de la carne, no es la verdad.

    Algunos cristianos temen tratar de dominarse a sí mismos, por temor de que sea autosuficiencia mala. Ellos han sido enseñados a dejar el control de sus vidas al Espíritu Santo, y de someterse pasivamente a ser controlados. Como resultado, tienen menos control en sus vidas que cuando se convirtieron, habiendo terminado la práctica del control propio que una vez habían obtenido. Ojalá supieran que el Espíritu Santo no puede controlarlos sin su cooperación, y al no darle aquella cooperación, no son controlados por ellos mismos ni por el Espíritu Santo.

    En Gálatas 5:24 vemos que "templanza" (o control de sí mismo) es parte del fruto del Espíritu. Se produce por el Espíritu, y se manifiesta en las vidas de aquellos que están preparados para la poda y la limpieza necesarias.

    El control propio espiritual se obtiene por el mismo proceso de disciplina y entrenamiento como el control natural, pero muchos hijos de Dios cometen el error de esperar que sea dado a ellos sin ningún esfuerzo de su parte.

¿Qué significa "gobernar sobre nuestras circunstancias"?

    Con frecuencia los cristianos no son conscientes de su responsabilidad hacia Dios concerniente a sus circunstancias, y consecuentemente fracasan donde Dios los ha puesto.

    Hay dos causas por las cuales este fracaso puede ocurrir. Primero, su inhabilidad de caminar en el Espíritu en cuanto a cumplir con sus deberes comunes de la vida. Segundo, su actitud pasiva mostrada por dar a Dios toda la responsabilidad sin dejar nada para sí mismos.

    Al llevar todas las circunstancias al control de Dios, automáticamente dejan de mantener una estrecha vigilancia.

    Recuerdo muy bien cuando Dios me reveló por primera vez esta verdad, y yo cambié mi actitud, diciendo:

    "Oh Dios, tomo mi lugar entre mis circunstancias, y es mi decisión reinar y gobernar aquí por ti".

    Gradualmente el caos dio lugar al orden, al empezar a cooperar con Dios.

    Hay miles de cristianos cuyos hogares y circunstancias están en absoluto desorden a causa de esta actitud pasiva de irresponsabilidad.

    Asuntos domésticos salen mal, y los asuntos de negocio son llenos de confusión. Y todo el tiempo, es probable que el cristiano está confiando en Dios que todas las cosas vayan bien, razonando falsamente que sus problemas Dios los ha permitido para su propio bien espiritual. Esta marcha lleva a las almas a pensar de antemano en lo malo en vez de lo bueno, así preparando el terreno para que el diablo actúe. Una fe inteligente en Dios, acompañada de su propia cooperación activa, abrirá el camino para que Dios actúe en las circunstancias.

    "Gobierna tú", recordando que Dios no hace lo que tú puedes hacer por ti solo, y que mucho de lo que Él hace, lo hace por medio de ti, antes que aparte de ti. Solamente cuando las circunstancias son mucho para ti Dios obrará sin ti.

¿Qué significa "gobernar en la esfera de servicio donde Dios nos ha puesto"?

    No hay duda de que nuestro entrenamiento para gobernar en el futuro, es el servicio que Dios nos ha dado para desempeñarlo ahora.

    En la parábola de los talentos presentada en Mateo 25, se nos enseña claramente la prueba en cuanto a la capacidad para gobernar en el futuro. La palabra de recomendación del Señor al siervo fiel fue: "Bien, buen siervo y fiel;sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (versículo 23).

    Esto nos enseña que el gobernar en el futuro depende de que sirvamos fiel y diligentemente ahora. La fidelidad consiste en poner los intereses de Cristo antes que los de nosotros.

    Es principalmente por medio de la oración que aprendemos a gobernar en la esfera de servicio donde Dios nos ha puesto, y a poner las riendas de nuestro trabajo en nuestras manos, controlándolo para Dios.

    La oración hace que el cristiano vele, y además agudiza su percepción espiritual. Le hace capaz de discernir la aproximación del mal, y de orar hasta alcanzar la victoria. Su mero sentido de responsabilidad lo vuelve a Dios, y desde la atalaya de oración, él aprende a observar el acercamiento del mal.

    Los poderes de las tinieblas asaltan al hombre para destronarlo del lugar donde Dios le ha puesto, y es absolutamente necesario para él mantener su posición gobernante en espíritu.

    Algunos obreros cristianos son constantemente vencidos porque no reconocen que deben seguir firmes en su puesto por Jesucristo contra el enemigo, hasta que sean llamados para dar cuenta de su mayordomía.

    La oración y la acción van juntos, pero entre muchos de los hijos de Dios hay una actitud pasiva concerniente a sus servicios, la cual los debilita, y el enemigo la usa para atacarlos. Al enemigo no le gusta que el cristiano se imponga ninguna clase de individualidad, y él combatirá cualquier sugerencia de que él debe resistir y estar firme en la esfera de servicio donde Dios le ha puesto.

"Gobierna tú"

    Este es un logro puramente espiritual, y no se podrá llegar allí, hasta que el conflicto entre el alma (vida natural) y la vida divina en el espíritu se termine. Si la vida del alma es más fuerte que la vida del espíritu, es más difícil para el creyente controlar su espíritu. Las fuertes actividades de la vida del alma tienen el efecto de debilitar la vida del espíritu, y de obligar al espíritu vivir en esclavitud al alma, con el resultado de que cuando es necesario estar fuerte en espíritu, la persona fracasa en la prueba.

    Cuando un creyente es egoísta, se guía por sus sentimientos, emociones e intelecto. Pero cuando se convierte en espiritual, es controlado por el entendimiento espiritual y por la fe.

    La cruz es el lugar donde la vida natural que gobierna al alma se termina en la muerte, y el alma desprovista de su fuerza, viene a ser esclava del espíritu. Pero antes que esto suceda, el creyente deberá estar dispuesto a abandonar la vida antigua con todas sus manifestaciones.

    Se debe recordar que la vida del alma tiene sus virtudes así como sus reveses, y es más difícil tratar con éstas que con sus males evidentes. Su celo por Dios y sus energías incansables están entre los rasgos de carácter más difíciles: hacer el trabajo de Dios en la energía de la carne bastante vigor lleno de planes para hacer prosperar la palabra de Dios. Algunas naturalezas nunca están quietas, las mentes siempre activas, nada reposado en su carácter. Hay una ausencia indudable de espíritu en todo lo que hacen, porque el Espíritu Santo puede obrar solamente en una atmósfera de paz y tranquilidad.

    El efecto sobre el espíritu de toda esta actividad natural en el trabajo cristiano, es atarlo en total y entorpecer todas sus facultades, con el resultado de que la persona en este estado está bien satisfecha consigo misma. Es insensible a su necesidad de espíritu, y es totalmente engañado tocante a los resultados finales de sus trabajos, y queda vacío de todo control de su espíritu.

    No hay ningún descanso o armonía en el ser hasta que es traído bajo el control del Espíritu. Y permítame repetirlo, el Calvario es el lugar donde se produce esa armonía.

Descanso para el fatigado

    La pelea de estos últimos días es muy difícil. Muchos se están sintiendo agotados. Hay un profundo sentido de pérdida de fuerzas. No podremos vencer al menos que aprendamos la lección del reposo. Nadie puede continuar por mucho tiempo en esta batalla espiritual sin ser abrumado hasta lo último, a no ser que ellos entiendan como recuperarse en espíritu.

    "Ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes" (Eclesiastés 9:11) — eso es, para esos que solamente tienen fuerza espiritual. Es para aquellos que saben usar sabiamente la fuerza que Dios les ha dado.

    ¿Se siente usted agotado en la pelea? ¿Está tentado a darse por vencido? ¿Siente que ya no tiene fuerzas? ¿Hay cierto sentido de inercia en su espíritu? Necesita descansar en el lugar donde Dios lo ha puesto.

    Dios le "hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:6). ¡Descanse allí! Es de esa manera que su espíritu será fortalecido.

    Usted es como una fuente que se usa con mucha frecuencia. La manantial ahora está vacía, pero se llenará de nuevo. Conforme descansa en su Señor reinante, la vida le entrará y usted estará listo para un servicio nuevo.

    Elías, después del conflicto en el Monte Carmelo, y la lucha de oración por las necesidades de la nación, huyó al desierto. Dios lo encontró en un estado de profunda depresión (1 Reyes 19:4).

    ¿Qué le hizo Él? No le dijo nada en cuanto al espíritu de temor que le había acogido durante su estado de agotamiento después de la guerra.

    Muchas veces he oído a cristianos culpar al guerrero cansado y abatido en vez de ayudarlo. No espere de sí mismo ni de otros, más que lo de que Dios espera.

"Siéntate" — El remedio de Dios para la tensión de espíritu

    Si vamos a vencer en estos días de tensión, debemos aprender a reposar tanto como a resistir, o veremos que pronto nos encontraremos en una pelea falsa. El conflicto con poderes invisibles tiene la tendencia a perturbar el espíritu, y quitarlo de su equilibrio. Entonces viene la tensión.

    No había tal tensión en la vida de Cristo, y sin embargo era una vida ardua. Nunca encontrará que su espíritu fue perturbado. Él siempre estuvo calmado, nunca desprevenido para emergencias. Y Él revela el secreto de esto en sus palabras que encontramos en San Juan 5:19-30. El "Nuevo Testamento griego para los Ingleses" enfatiza claramente el pensamiento de que Cristo nunca actuó por sí mismo, pero siempre según lo que el Padre hizo. Así leemos en el versículo 19:

    "Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente". Y de nuevo en el versículo 30: "No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre".

    Él sabía exactamente lo que su Padre quería que Él hiciera, y lo hizo. Por lo tanto nunca había tensión en su vida.

    Cristo nos ha llamado a una vida similar, dependiendo de Él. Del mismo modo que Él dependía enteramente de su Padre, ahora Él nos dice: "Separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5).

El reinar es más que envolverse en una guerra espiritual

    El reinar significa que usted ha llevado a cabo la guerra, y que está reinando sobre los que han sido vencidos. "…Y habiendo acabado todo, estar firmes" (Efesios 6:13).

    Quizá vendrá en su vida el tiempo cuando la lucha no le traerá progreso, y causará agotamiento a su espíritu. Esto puede ser una indicación de que su hora de gobernar en espíritu ha llegado, en vez de luchar. El gobernar no excluye la guerra, pero a medida que la iglesia se acerca más al tiempo final, las fuerzas en contra de ella serán tan estupendas, que la única forma de avanzar será por reinar sobre todo principado y potestad.

    Por lo tanto, cumplamos rápidamente con nuestra guerra personal, para que podamos entrar en unión con Cristo, reinando en espíritu con Él sobre todos los poderes del enemigo.