«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Medida De Fe

Por Derek Prince

    Un estudio práctico de fe en la vida cristiana debe tener en cuenta la enseñanza de Pablo en Romanos 12:18 sobre "la medida de fe":

    (1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto.

    (2) Y no os conforméis a este mundo, mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento para que experimentéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

    (3) Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

    (4) Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación,

    (5) Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros.

    (6) De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;

    (7) o si ministerio, en servir; o el que enseña, en doctrina;

    (8) el que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágola en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

   Pablo abre este capítulo con las palabras: "Os ruego…" Alguien ha dicho que cuando hallamos "Así que" en la Biblia, tenemos que indagar el porqué "está ahí". En este caso, el "Así que" se refiere a lo que Pablo ha estado diciendo en los primeros once capítulos de Romanos. En los capítulos 1 al 8 él ha explicado cómo Cristo, a través de Su muerte en la cruz, ha sido un rescate completo y final por el pecado y sus malas consecuencias. En los capítulos 9 al 11 trata sobre la necedad y ceguera de Israel, el pueblo de Dios en el Viejo Pacto, y sobre la gracia infinita y paciencia que Dios continúa demostrando hacia ellos.

    Habiendo extendido así la merced de Dios hacia el judío y el gentil, Pablo dice: "Así que…" En base a todo lo que Dios ha hecho por todos nosotros, ¿cuál es nuestro culto racional? ("Lógico" es la palabra ofrecida en el margen como alternativa para "espiritual".) ¿Qué es lo mínimo que se puede hacer a Dios por nosotros? Es que le ofrezcamos a El "nuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo" –que nos entreguemos totalmente y sin reserva sobre el altar de Dios. Cuando Pablo dice "vivo sacrificio", está contrastando nuestro sacrificio a los sacrificios hechos en el Antiguo Testamento. JEn aquéllos, el cuerpo del animal en sacrificio era primero matado, luego puesto sobre el altar. Bajo el Nuevo Testamento cada uno de nosotros es requerido a poner su cuerpo, igualment completo y total, a disposición de Dios, mas con una diferencia: nuestro cuerpo no es matado. Es dejado vivo para servir a Dios en vida, en vez de muerto.

    Esta ofrenda de su cuerpo a Dios es un sacrificio vivo que representa una total sumisión a El. Abre el camino a una serie de senderos que nos llevan al mismo centro de la voluntad de Dios y a su provisión. El primer paso es que comencemos a cambiar nuestra forma de vivir. Cesamos de ser "conformes a este mundo". Somos "transformados". Esta transformación no proviene de una norma de reglas que gobiernan nuestra conducta externa en materias de comida, vestidura, ornamento, entretenimiento, bebida, etc. Se origina en un cambio interno en nuestras mentes. Somos "renovados en nuestro entendimiento". Nuestro alcance completo de actitud, valores y prioridades es ajustado.

    Antes, en Romanos 8:7 Pablo escribe que "la mente que es de la carne, es enemistad contra Dios". La "mente carnal" describe la manera en que ha llegado a ser nuestra forma natural de pensar, como resultado del pecado y la rebeldía. Esta mente está verdaderamente en enemistad con Dios. En relaciones humanas, una persona nunca revela al enemigo cosas que son importantes o preciosas para él. Así lo es con Dios. Mientras que nuestras mentes permanecen en enemistad con El, hay muchas cosas preciosas y bellas que El no nos ha de revelar. Mas una vez que nuestras mentes están reconciliadas con Dios por nuestro acto de entrega, éstas no están en enemistad con Dios, sino que comienzan progresivamente a "renovarse" por el Espíritu Santo.

    A nuestra mente renovada Dios puede comenzar a revelar Su "voluntad" –el plan especial que tiene para nuestras vidas. La voluntad de Dios se desenvuelve en tres fases sucesivas, al renovarse nuestras mentes más y más. En la primera fase, la voluntad de Dios es "buena". Descubrimos que Dios solamente quiere para nosotros aquello que es bueno. En la segunda fase, la voluntad de Dios es "aceptable"; cuanto más lo comprendemos, más nos prreparamos para aceptarlo. En la tercera fase, la voluntad de Dios es "perfecta"; es completa, lo abarca todo, dando provisión total para toda área de nuestras vidas.

    Con nuestro entendimiento así renovado, no "tenemos de nosotros mismos más alto concepto que el que debamos tener". Dejamos de ser orgullosos, ambiciosos y asertivos. No estamos libres de pensamientos de vanagloria y decepción. Somos sobrios y realistas, cultivamos "cuerdo juicio". Comenzamos a asimilar la mente de Jesús, quien dijo a Padre: "No se haga mi voluntad, mas la tuya." Los planes y motivos de Dios llegan a ser más importantes que los nuestros.

    Esto nos lleva a un nuevo descubrimiento: Dios nos ha dado una "medida de gracia" (fe). No está en nosotros el determinar cuánta fe debemos tener. Dios nos hadado una medida y nos ha otorgado justamente la cantidad que necesitamos. Pero ¿qué medida usa Dios para determinar cuánta fe necesitamos?

    La respuesta de Pablo es explicar cómo funciona el Cuerpo de Cristo: "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación; así, muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros" (Romanos 12:4-5). Como cristianos, todos formamos un "Cuerpo" completo. En este Cuerpo, cada uno es un miembro en particular, con un sitio específico y una función específica. Uno es nariz, otro un oído, otro una mano, otro un pie y demás.

    En 1 Corintios 12:12-28 Pablo trata más completamente el concepto del Cuerpo y sus miembros. Dice que es Dios quien "ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso" (versículo 18). Ninguno de nosotros podemos escoger nuestro propio sitio o función en el Cuerpo. Todo lo que podemos hacer es hallar y ocupar el sitio que Dios nos ha asignado a nosotros. Para hacer esto, como dijimos anteriormente, es necesaria una "renovación del entendimiento".

    Pablo continúa anotando que, como miembros del Cuerpo, somos todos interdependientes. Necesitamos cada uno del o tro. Ninguno de nosotros es libre para hacer lo que guste, sin importarle el resto de los miembros. "Ni el ojo puede decir a la mano: "No te necesito"; ni asimismo la cabeza a los pies: "No tengo necesidad de vosotros" (versículo 21). La cabeza es el miembro más alto, tipificando al mismo Cristo Jesús (véase Efesios 4:15). Los pies son los miembros más bajos, al lado opuesto del cuerpo. Aun así, la cabeza necesita de los pies y no puede operar sin ellos. En base a esto podemos ver claramente por qué Pablo dice que para hallar nuestro sitio en el Cuerpo no debemos pensar mucho en nosotros, sino que debemos aprender a ser sobrios y realistas.

    El cuadro del Cuerpo y sus miembros nos permite comprender lo que Pablo quiere decir por "medida de gracia" (o fe). Cada uno de nosotros es un miembro del Cuerpo con una función necesitamos una medida específica de fe. Esta clase y cantidad de fe necesarias varían en cada miembro. Un ojo necesita "fe visual". Esta medida de fe no es intercambiable. La fe que le permite a la mano funcionar no sirve para un pie. La fe que le permite a un ojo funcionar no funcionará en el oído. Cada miembro debe de tener su fe específica y apropiada.

    Una vez que hemos hallado nuestro sitio en el Cuerpo, estamos funcionando ahí con nuestra "medida de fe" y estamos listos para la siguiente fase de la provisión de Dios para nosotros –es decir, los "dones" (griego: charismata). "De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada…" (Romanos 12:6). Junto al de profecía, Pablo añade otros seis dones: ministerio, enseñar, exhortar, repartir, presidir y misericordia. Esto no es una lista completa de todos los dones posibles (carismáticos), sino simplemente una selección para indicar la clase de variedad que está dispuesta.

    Un principio muy importante es establecido aquí: la colocación y función en el Cuerpo vienen antes que los dones. Indudablemente, muchos cristianos están preocupados por los dones y ministerios. Fijan sus ojos en ciertos dones de su propia preferencia. Generalmente tienden a ser de género espectacular, tales como dones de sanamiento o milagros, o el ministerio de apóstol o evangelista. Es verdad que en 1 Corintios 12:31 Pablo nos dice que debemos "procurar los mejores done". Mas es importante el darnos cuenta de que él no especifica cuáles son los "mejores dones". No hay un estándar absoluto. El valor de los dones es correlativo a nuestro sitio en el Cuerpo. Los dones que me permiten cumplir la función que Dios me ha asignado, son, para, mí, los "mejores dones".

    Cristianos que se preocupan, sin razón, por dones exitosos y espectaculares, no han prestado atención al aviso de Pablo de usar "buen juicio". Nuestra primera responsabilidad no es la de decidir qué dones nos gustaría tener; es hallar nuestro sitio en el Cuerpo de Cristo. Esto, a su vez, determina el tipo de dones que hemos de necesitar para operar efectivamente. La experiencia indica que una vez que un cristiano ha resuelto la cuestión de sitio y función, los dones necesarios vienen a operar casi simultáneamente, sin mucho esfuerzo o lucha.

    Podemos resumir las enseñanzas de Pablo en Romanos 12:1-8. A la luz de la incomparable gracia y merced divina que han sido reveladas a cada uno de nosotros a través de Cristo, nuestra respuesta lógica requiere que pasemos por los siguientes pasos:

    1. Primero presentamos nuestros cuerpos en "sacrificio vivo" a Dios.

    2. A través de esta acción de rendimiento, nuestras mentes se hacen progresivamente "renovadas" por el Espíritu Santo.

    3. Como una expresión externa de este cambio en nuestras mentes, nuestra forma o manera de vivir comienza a cambiar –somos "transformados".

    4. Con nuestras mentes o entendimiento renovados podemos ver en experiencia la voluntad de Dios para nuestras vidas en tres niveles diferentes: primero, como "bueno"; segundo, como "aceptable"; y tercero, como "perfecto".

    5. La voluntad de Dios, probada en experiencia, nos coloca en el sitio al cual hemos sido llamados a ser miembros del Cuerpo y nos permite funcionar ahí.

    6. Descubrimos así que Dios nos ha dado una "medida de fe" exactamente proporcional a nuestro sitio y función en el Cuerpo –a cada cual lo correspondiente como miembros.

    7. Al funcionar en nuestro sitio de colocación con nuestra medida de fe, los "dones" que necesitamos llegan a operar.

    En Romanos 10:17 Pablo declara que "la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". ¿Cómo se asemeja esto a la enseñanza de Pablo en Romanos 12:3-5, de que Dios nos ha dado una medida de gracia directamente relacionada con nuestro sitio y función apropiados en el Cuerpo de Cristo?

    La respuesta, yo creo, es ésta: "escuchar" sirve al cristiano en la misma forma que un radar sirve a un avión. Cuanto más sensitivos somos al radar de la rhema de Dios –la palabra especial que nos habla a cada uno personalmente—, más seguro y fácil es que seremos guidos a nuestro sitio y función en el Cuerpo de Cristo. Hallar nuestro sitio será como el aeroplano aterrizando correctamente en la pista. "Escuchar" es el radar que nos lleva exactamente donde Dios nos quiere. Después, al continuar escuchando toda nueva rhema que nos viene de Dios, somos mantenidos en nuestro sitio y permitidos para funcionar allí efectivamente.

    El hecho de que Dios nos ha permitido una medida específica de fe no debe ser tomado como decir que nuestra fe debe permanecer estática. Al contrario: si nuestra habilidad para operar efectivamente en el Cuerpo crece, nuestra fe crecerá en proporción. Mas estas efectivas funciones requieren aumento de fe. Inversamente, la fe que crece produce más efectividad. Siempre, sin embargo, hay una relación fija entre fe y función.

    Visto así, la fe no es una comodidad que podemos comprar o intercambiar en los sitios del mercado religioso. Más bien es una expresión de la relación con Dios, el resultado de un acto de sumisión que nos pone en armonía con el plan de Dios para nuestras vidas. Al continuar en sumisión y obediencia a Dios, nuestra fe nos permite tomar el lugar y cumplimiento de la función que Dios nos ha dado. Esta fe es extremadamente personal, una medida específica dada a cada uno de nosotros. "Mi" fe no ha de obrar por usted; "su" fe no ha de obrar para mí. Cada cual de nosotros debemos tener nuestra "medida de fe" que es la apropiada para nuestra función individual en el Cuerpo.

    Siendo aún un joven cristiano, recuerdo haber sido impresionado tremendamente por la fe que vi demostrada en la vida de un cristiano maduro, uno que había hecho grandes sacrificios por el Señor y había alcanzado gran prosperidad. Casi sin pensar dije un día: "Señor, yo no creo que podré tener tanta fe." Inesperadamente, el Señor me dio una respuesta clara y práctica: "¡No puedes tener esta clase de fe porque no la necesitas! No te he pedido hacer lo que esa persona ha hecho." Desde entonces estoy agradecido por la lección que aprendí aquella vez: la fe que Dios nos da es proporcional al trabajo que nos ha dado a obrar.

    Más tarde, en miministerio me encontré con muchos cristianos que, obviamente, no habían aprrendido esta lección. Estaban continuamente pidiendo y luchando por fe, y sin embargo nunca parecían tener suficiente. Había claramente falta de armonía entre su fe y lo que querían hacer. Era que su fe estaba siendo dirigida desviadamente. La estaban aplicando a una obra que ellos mismos habían escogido, no a la obra que Dios realmente les había dado.

    Imagínense a un pie tratando de operar con un guante, o a una mno con un zapato. Obviamente, ninguno obrará propiamente. Puede que necesariamente no haya nada malo con el envuelto de las cuatro cosas: el pie, la mano, el guante y el zapato. Individualmente, cada uno puede ser bueno y funcionar, mas no están perfectamente relacionados el uno conel otro. La mano que se pone un zapato y quiere obrar lo del pie será extraña y fracasará, al igual que un pie con un guante que trata de obrar lo de la mano. Mas cuando la mano se pone el guante y el pie se pone el zapato, la armonía es restaurada y el objetivo es alcanzado. Así es con la fe que Dios nos da. Encaja en el miembro al que la ha sido otorgada.

    En Hebreos capítulo 4 el escritor anota acerca de los creyentes que reciben su herencia. Dice: "Empero, entramos en el reposo los que hemos creído…" (versículo 3). La fe nos debe llevar a un rreposo. Una vez que hemos hallado nuestro sitio en nuestra herencia divina, debiéramos de tener una paz profunda y tranquila dentro de nosotros mismos. Puede haber mucho trabajo, mucha presión y oposición, mas en medio de todo hay una paz interna. Continuos esfuerzos y lucha casi ciertamente indican que no hemos hallado el sitio y función que Dios nos ha dado. Continuamos fallando como una mano con un zapato o un pie en un guante.

    Un poco más adelante, en el capítulo 4 de Hebreos, el escritor dice: "Procuremos, pues, entrar en aquel reposo…" (versículo 11). Diligencia es requerida. No hay sitio para la pereza o la indiferencia en la vida cristiana. Pero debemos comprender el gol al que nuestra fe debe ser dirigida. No somos exhortados primeramente a adquirir fe. Somos exhortados a hallar nuestro sitio en la herencia –el mismo sitio en el Cuerpo para el cual Dios nos ha elegido. Una vez que legremos hallarlo, podremos funcionar allí sin esfuerzo o lucha, tan fácil como caminar para un pie o manejar para una mano.

Sumario

    El servicio cristiano efectivo comienza con un hecho de rendimiento en donde presentamos a Dios nuestro cuerpo como un "sacrificio vivo". Esto, entonces, nos lleva a un cambio en nuestra manera de pensar. Nuestro entendimiento es "renovado". Nuestro completo alcance de actitudes, valores y prioridades es ajustado progresivamente. Los planes y motivos de Dios tienen prioridad sobre los nuestros.

    Con nuestra "mente renovada" podemos vernos –y a otros cristianos—como miembros individuales de un solo Cuerpo. Esto requiere que nuestra primera prioridad sea la de hallar el sitio y cumplir la función en el Cuerpo que Dios nos ha dado a cada uno en particular justamente la "medida de gracia" que nuestro sitio y función requieren.

    Al funcionar así con la fe recibida y en el sitio asignado, abrimos el lugar para el ejercicio de dones particulares (charismata) que más son necesarios. Estos son, para nosotros, "los mejores dones".

    Mas si continuamente luchamos por obtener fe o dones, esto es generalmente indicación de que no hemos hallado nuestro lugar en el Cuerpo. No hay armonía divina entre nuestra función, nuestra fe y nuestros dones.

    – Tomado de Fe Por La Cual Vivir por Derek Prince. Usado con permiso de Derek Prince Ministries--International.