«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Arte De Esperar En Dios

"Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que le busca" (Lamentaciones 3:25).
"Mi alma espera a Jehová...porque en Jehová hay misericordia, y abundante rendición con Él"
(Salmo 130:6-7).

Por A. E. Reinschmidt

    Lo que significa el esperar en Dios

    El esperar en Dios significa el experimentar una relación más íntima y real con Él, lo mejor que uno pueda conocer en este mundo. Nos trae al punto donde "espíritu encuentra Espíritu", y donde su Presencia se junta con nosotros más cerca que el respirar, o que los pies y manos. Al esperar en Dios, el espíritu domina la carne, y todo el ser se somete al control del Espíritu Santo, más que a cualquier otro tiempo.

    El verdadero esperar en Dios, hace a Dios mismo la meta, y no la de recibir cosas. Es el experimentar el significado de la Palabra: "En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmos 16:11). El esperar en Dios es el ascender (espiritualmente) "en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:6), aun cuando vivimos aquí en "nuestra morada terrestre" (2 Corintios 5:1).

    Contrario a la opinión humana, no es necesario ser un místico para esperar en Dios, sino que ocuparse del Espíritu (Romanos 8:6), y de andar no "conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:1). El esperar en Dios no es un ejercicio meramente mental, sino mayormente espiritual. Tiene que ver con el corazón más que con la cabeza, en ejercer este ministerio elevado y santo.

    "…Con el corazón se cree para justicia" (Romanos 10:9-10), y es necesario creer, si uno verdaderamente quiere esperar en Dios (Hebreos 11:6).

    Quizás hay más malentendidos acerca del tema de esperar en Dios, que en cualquier otro tema. Tenemos la tendencia de formar nuestros conceptos de cosas espirituales según nuestro propio nivel de pensar. El psicólogo y el estudiante de metafísica tendrán sus propias ideas de lo que significa el esperar en Dios, quizás algo puramente mental.

    El creyente carnal, interesado en cosas materiales, puede considerarlo como un tiempo de esperar con paciencia hasta que el Señor le dé las cosas por las cuales él ha estado pidiendo. La mayoría de los creyentes creen que es sinónimo con "un tiempo de oración". Pero en el culto de oración, o cuando oramos en secreto, hay muy poco del espíritu de esperar en Dios. El esperar en Dios nos guía al fin y al cabo a un tiempo de oración, pero por lo general, no hay nada en nuestras oraciones que produce en nosotros la actitud quieta de esperar.

    Se dice en las Escrituras: "Escuchadme… acérquense, y entonces hablen" (Isaías 41:1). "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios" (Salmos 46:10). El significado verdadero del esperar en Dios, se ha de discernir espiritualmente; porque "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios" (1 Corintios 2:10-14). Pero aunque el "hombre natural" no puede discernir el significado real de esperar en Dios, el Espíritu Santo lo revelará a cualquier creyente que satisfaga las condiciones (llene los requisitos), que "no son gravosos" (1 Juan 5:3).

    "Escuchadme". "Estad quietos y conoced". Muchos han tratado de hacer esto, pero han encontrado no más que la confusión mental y la inquietud espiritual. Han solamente tratado de estar quietos. El tratar de estar quieto es tan difícil, que si uno persiste en este empeño sin el conocimiento de cómo hacerlo, de seguro sufriría un colapso nervioso. Por otra parte, en estos tiempos difíciles mucha gente tendrá una tremenda tensión nerviosa si ellos no aprenden cómo aquietarse y descansar. El modo es lo de rendirse y confiar. Aludiremos brevemente a esto más tarde.

La suma importancia de esperar en Dios

    Igualmente como lo espiritual es más importante que lo físico, el esperar en Dios es más importante que cualquier otro ministerio que podamos desempeñar, porque es el esperar en Dios lo que da la fuerza espiritual a los otros ministerios, tales como predicar, enseñar, testificar, e incluyendo el ministerio de oración. Sin el esperar en Dios, todo otro ministerio es impotente.

    Cuando uno espera en Dios, Él produce en él "así el querer como el hacer por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Cuando uno espera en Dios, Él puede hacer lo que le place, el cual usualmente no es el caso cuando uno predica, enseña o testifica, por ejemplo.

    Cuando uno "trabaja por Dios" sin primero esperar en Él, es solamente un hombre el que está haciendo el trabajo. Pero cuando uno espera en Él, es Dios el que está haciendo su propio trabajo "por su buena voluntad". El concepto es que Él puede hacer lo que Él le place cuando uno espera en Él. "Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en Él espera" (Isaías 64:4).

    Observemos lo que Él dice en los versículos que preceden la declaración de que Dios hará cosas inauditas cuando los hombres esperan en Él: "¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia! Cuando, haciendo cosas terribles cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti" (Isaías 64:1-3).

    Luego sigue la declaración de que Él hará cosas inauditas si los hombres esperan en Él (Isaías 64:4). Él no dice que hará tales cosas por el que predica o enseña o haga otra clase de trabajo, sino por el que en Él espera.

    ¿Quiere usted saber por qué el esperar en Dios produce tales efectos inauditos sobre la obra de Dios? Es sencilla la respuesta: la rendición. Cuando uno espera en Dios, de necesidad uno se rinde a Dios más ampliamente que en cualquier otro tiempo. La mismísima naturaleza del esperar es el rendirse y el someterse. Es en aquel entonces cuando uno realmente se somete a Dios, y sus "miembros a Dios como instrumentos de justicia" (Romanos 6:13).

    Sólo cuando nos rendimos, puede el Señor asirnos, llenarnos con su Espíritu, y usarnos como "instrumentos de justicia". Es lógico que el grado de la sumisión de sus siervos, regula la actuación de Dios en y por medio de ellos: y el esperar en Él demanda y requiere la suma sumisión.

    También es lógico que cuando procuramos hacer una "obra por Dios" sin esa actitud de sumisión la cual es absolutamente necesaria en el esperar en Él, nuestra obra está "en vano" porque el Señor no está haciendo el trabajo (Salmos 127:1). Cuando "trabajamos por Dios" sin esperar primero, estamos solos, trabajando por nosotros mismos, y no "colaboradores de Dios" (1 Corintios 3:9).

    En resumen, por causa del grado de sumisión necesaria en los que esperan en Dios, Él tiene más autoridad sobre ellos y puede usarlos de un modo que no es posible en el caso de los que no esperan en Él. Esta es una razón por la cual el esperar es de suma importancia, y por la cual Dios trabaja por y por medio de aquellos que en Él esperan.

La fe

    "Pero los que esperan a Jehová" (Isaías 40:31) deben de necesidad ejercer una fe más espiritual de la de otros, puesto que el esperar es una acción en su mayor parte espiritual; y es una interacción entre el Espíritu de Dios y el espíritu humano. Mencionamos primeramente al Espíritu de Dios, porque sin su ayuda nadie pudiera esperar en Él. Y también, sin la fe es imposible esperar en Dios. A aquellos que dan primer lugar al sentido —los que no pueden creer sin "oír" o "ver" algo— el esperar en Dios les parece como algo ridículo (1 Corintios 2:14).

    Cuando Elías esperó de pie en el monte Horeb, "…un grande y poderoso viento… rompía los montes… pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto…" (1 Reyes 19:11-13).

    Así es cuando uno espera en Dios. Dios está en el "silbo apacible y delicado". Este silbo "habla" al corazón el cual está en el espíritu (Romanos 2:29). No es necesario oír el silbo antes de creer, sino que es necesario creer para oírlo. David creyó que vería "la bondad de Jehová" (Salmos 27:13). El silbo apacible y delicado del Espíritu siempre está hablando, pero debemos creer para oírlo. Debemos creer para saber. Debemos creer para sentir, no demandar el sentir antes de creer.

    No piense que el que espera en Dios no recibe una contestación clara. Dios sí contesta, pero no en la manera en que el que se ocupa de la carne quizá piense. Dios da su respuesta a la fe. A los que vienen a Dios con el corazón delante de la cabeza, hay un "oír de fe", un ver de fe, un sentir de fe y un saber de fe.

    Así que, otra gran razón por qué el esperar en Dios es muy importante, es a causa de la cualidad de fe que debe ser incluido al entrar en ello, además de la actitud de rendición en los que se dedican en el esperar en Dios. El esperar en Dios es la mejor manera de aprender la vida de rendición y de fe.

La fuerza

    Una gran fuerza es prometida a los que esperan en Dios, y ésta es otra razón por la cual el esperar es de tanta importancia. "Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas…" (Isaías 40:31). "Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová" (Salmos 27:14). En cada otra clase de ministerio, la fuerza se agota rápidamente, pero en el ministerio de esperar en Dios, la fuerza se renueva. Uno es "fortalecido con poder en el hombre interior por su Espíritu" (Efesios 3:16).

    "Aliéntese tu corazón". El corazón es el centro mayor por medio del cual cada otro centro en el hombre —espiritual, físico y mental— pueda recibir vida y energía. El corazón: "de él mana la vida:" al "espíritu, alma y cuerpo" del hombre (1 Tesalonicenses 5:13).

    Debido a la sumisión y la fe que están presentes en los que realmente esperan en Dios, el Espíritu puede infundir al corazón que espera, de su propia energía poderosa, la cual en seguida se transmite al ser completo.

    Muchas veces después de pasar en vela la noche, el escritor de este artículo ha esperado en Dios por diez o quince minutos, resultando en ser tan fortalecido con poder en el hombre interior por su Espíritu (Efesios 3:16), que la pérdida en lo natural fue indemnizada por el suministro de poder comunicado al "corazón" en el breve tiempo de espera, y que luego iba supliendo durante el día la fuerza que necesitaba para hacer su trabajo.

    "Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas" (Isaías 40:31). ¡Esta promesa es literalmente la verdad! De esta manera uno puede recibir diariamente la fuerza para seguir adelante, largo tiempo después de que la energía natural se ha agotado. Según lo natural, la obra de este escritor hubiera sido terminada hace cuarenta años. Pero debido a que él aprendió a esperar en Dios (aunque muchas veces no hizo lo que conocía), todavía está recibiendo nueva fuerza para seguir adelante en el ministerio.

    ¿Para qué no esperamos más en Dios de lo que hacemos? Si la ciencia médica podía prometernos con seguridad que el hacer ciertas cosas añadiría diez por ciento a nuestra fuerza natural, ¿no trataríamos por todos los medios de conseguirlo? ¡Sí, hasta nuestro último dólar! Espere en Dios, y Él le dará la fuerza, espiritual, mental y física. Cualquier persona tiene el derecho de hacerlo, ¡y Él no le va a cobrar!

Cómo esperar en Dios

    Este no es asunto misterioso. Si le parece así, es por causa de que hay tanta ignorancia acerca del tema. No se requiere un gran entendimiento. Tampoco se necesita ser un erudito en la Biblia, aunque tanto más que conocemos las Escrituras, más avanzada será nuestra vida espiritual, si hacemos lo que conocemos.

    El gran esencial es un corazón rendido y que cree. Poseyendo esto, cualquier persona puede aprender a esperar en Dios en cualquier tiempo y dondequiera. Venga a Él con el corazón en primer lugar. No permita que la cabeza precoz ponga a un lado su corazón. Cuando comienza a esperar en Dios, crea que usted está esperando. No se engañe por meramente tratar de esperar. El esperar en Dios es mucho más fácil que el tratar de esperar en Él, igualmente como es más fácil creer que de "tratar de creer".

    Crea, y confíe que el Espíritu le hará esperar. Aun el deseo de esperar en Dios debe venir de Él. Dios quiere que usted espere en Él. Por mucho tiempo Él ha esperado el día en que usted viniera a Él con este propósito y deseo. Siendo así, seguramente no le fallará en este momento importante.

    Si su corazón está rendido y creyendo, y se esté completamente de acuerdo con Él, Él le dará el testimonio del Espíritu (1 Juan 5:8,9) de que usted está esperando en Él, y no meramente tratando de esperar. Y después de haber aprendido un poco acerca de esperar, enseñe a otros lo que usted ha aprendido. De esta manera usted aprenderá más acerca de lo que es, y cómo hacerlo. ¡Esta es la ley de gracia!

    El esperar en Dios es de tanta importancia para un avivamiento hoy día como lo era a los creyentes del primer siglo (Hechos 1:4,14; 2:1). Los cristianos primitivos esperaban juntos, y así debemos hacerlo nosotros. Ellos esperaban "unánimes", y así debemos nosotros hacerlo. No es la verdad, lo que piensan algunos, que aquella compañía en el aposento alto esperó suficientemente para satisfacer los requisitos de esperar durante toda la dispensación del Espíritu Santo. "Bueno es Jehová a los que en Él esperan" (Lamentaciones 3:25) en cada siglo.

    Pero recuerde, es necesario acercarse a Él con un corazón rendido y que cree. ¡Y nos toca a nosotros confiar en Él por eso, también!