«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Regocijo De Dios En Su Creación

Por John Piper

Lo que el día y la noche proclaman

    Dios se regocija en Sus obras porque Sus obras expresan Su gloria.  Veo esto primeramente en el Salmo 104:31 – «Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en Sus obras.»

    Lo que muestran estas dos líneas es que Dios disfruta de Sus obras porque expresan Su gloria.  En otras palabras, las dos mitades de este versículo se relacionan algo así: «Entre tanto que la gloria del Señor permanece en Sus obras, Dios ciertamente se regocijará en Sus obras.»  O podría decirse: «Que la gloria del Señor sea para siempre, para que el Señor se regocije en Sus obras.»

    Creo que el Salmo 19:1-2 confirma esta idea: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de Sus manos.  El un día emite palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría.»

    Resulta claro de que hay un mensaje principal que la creación tiene que comunicar a los seres humanos, a saber, la gloria de Dios.  No principalmente la gloria de la creación, sino la gloria de Dios.  La gloria de la creación y la gloria de Dios son tan diferentes como lo son un poema de amor y el amor mismo, un cuadro de un paisaje y el paisaje en sí, el anillo y el matrimonio.  Sería una gran necedad y una gran tragedia que un hombre amara más el anillo de boda que a su novia.  Pero eso es lo que dice Romanos 1:19-23 que ha sucedido.  Los seres humanos se han enamorado de la excelencia de Dios en la creación y han perdido la habilidad de escuchar la exclamación original de amor.

    «Lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.  Porque las cosas invisibles de Él, Su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:  porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido.  Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes» (Rom. 1:19-23).

    El mensaje de la creación es éste: existe un gran Dios de gloria y poder y generosidad detrás de todo este maravilloso universo; usted le pertenece a Él; Él le tiene paciencia al sustentar su vida rebelde; vuélvase y deposite su esperanza en Él y regocíjese usted en Él, no en la obra de Sus manos.  El día emite el «anuncio» de ese mensaje a todos los que escuchen durante el día, hablando con un sol esplendoroso, el cielo azul, las nubes e incontables formas y colores de todas las cosas visibles.  La noche emite el «conocimiento» del mismo mensaje a todos los que escuchen de noche, hablando por medio de los grandes vacíos oscuros, la luna de verano, las estrellas sin cuenta, los sonidos extraños, las brisas frescas y las luces boreales.  El día y la noche están diciendo una sola cosa: ¡Dios es glorioso!  ¡Dios es glorioso!  ¡Dios es glorioso!

    Esta es la razón más básica por la cual Dios se deleita en Su creación.  En la creación, Él ve el reflejo de Su propia gloria.

Ningún ser humano oye las alabanzas de las profundidades

    Dios se regocija en las obras de la creación porque éstas Lo alaban.  En el Salmo 148, el salmista llama a la creación misma a alabar al Señor: «Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.  Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos.  Alaben el nombre de Jehová; Porque Él mandó, y fueron criadas.  Alabad a Jehová, de la tierra los dragones y todos los abismos» (vv. 3-5, 7).

    También en el Salmo 103:22 David exclama: «Bendecid a Jehová, vosotras todas Sus obras, en todos los lugares de Su señorío.»

    ¿Qué significa esto?  Podemos decir que el sol, la luna y las estrellas alaban a Dios al ofrecernos un testimonio acerca de Dios.  Eso sería cierto, como acabamos de ver (Rom. 1:19-23).  Pero, ¿qué del Salmo 148:7?  «Alabad a Jehová, de la tierra los dragones y todos los abismos.»

    Uno de mis poemas favoritos es «Elegía escrita en cementerio de campo» escrito por Thomas Gray en 1751.  Una de las estrofas dice:

Cuánta gema del más puro sereno resplandor,
Las tenebrosas y desconocidas cuevas del mar contienen;
Cuántas flores nacen sin que nadie vea su esplendor,
Y su dulzura en el aire del desierto se pierden.

    ¡A Gray lo había conmovido el pensamiento de que en el fondo del océano había hermosas gemas que ningún ojo humano jamás contemplaría, y que en los distantes desiertos florecerían millones de flores, llenas de vívidos colores, dando una dulce fragancia, flores que nunca serían tocadas ni vistas ni su aroma sentido por nadie más que Dios!

    Parece que Dios quería que Job pensara precisamente en eso.  Le preguntó: «¿Has entrado tú hasta los profundos de la mar, y has andado escudriñando el abismo?...¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos, haciendo llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre…?  ¿Sabes té el tiempo en que paren las cabras monteses?  ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?» (Job 38:16, 25-26; 39:1).  En otras palabras, Dios estaba afirmando que sólo Él ve los abismos del océano y trae lluvia al desierto donde no hay ningún hombre, y está atento, como una partera, cuando nace cada cabra montesa y ciervo salvaje.

    Esto es lo que inspira al salmista en el Salmo 148:7 – «Alabad a Jehová, de la tierra los dragones y todos los abismos.»  ¡Ni siquiera sabe qué hay en los abismos!  Así que la alabanza en los abismos no es meramente lo que pueden testificar al hombre.  La creación alaba a Dios siendo simplemente lo que fue creada para ser en toda su increíble variedad.  Y como la mayor parte de la creación escapa a la percepción del ser humano (en las inmensidades del espacio, y en la altura de las montañas y en el fondo del mar) no fue creada meramente para propósitos que tienen que ver con nosotros.  Fue creada para el deleite de Dios.

Sabiduría que sobrepasa toda comprensión

    Dios se regocija en las obras de la creación porque revelan Su sabiduría incomparable:  Éste es el punto principal del Salmo 104:24 – «¡Cuán muchas son Tus obras, oh Jehová!  Hiciste todas ellas con sabiduría: La tierra está llena de Tus beneficios.»

    «¡Hiciste todas ellas con sabiduría!»  En otras palabras, el Señor se deleita en las expresiones de Su sabiduría.  Este universo es una obra maestra de sabiduría y orden.  O si considera usted sólo una parte de él, como el cuerpo humano – ¡qué obra maravillosa de conocimiento y sabiduría!  ¿Quién puede comprender el cerebro humano y el misterio de cómo la mente y el cuerpo funcionan juntos?  Sea que busque usted cerca o lejos, sea que busque grandeza o pequeñeces, las maravillas de la naturaleza dejan estupefacta a la mente que nota la sabiduría entretejida entre todas las cosas.

    ¿Sabía usted que hay diez mil especies conocidas de diatomeas?  En una cucharadita de agua común de un lago puede haber un millón de estas diminutas plantas invisibles.  ¿Y qué están haciendo mientas entretienen a Dios con su hermosura microscópica?  ¡Están haciendo toneladas y toneladas de oxígeno para que los animales en el agua puedan respirar!  ¡El mundo está lleno de la sabiduría de Dios!

    «¡Cuán muchas son Tus obras, oh Jehová!  Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.  Él que hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre; sacando el pan de la tierra» (Sal. 104:24, 14).

    Qué experiencia maravillosa es cuando Dios nos favorece con un momento en que no damos nada por hecho, sino que vemos el mundo como si hubiera sido inventado ayer.  Cómo nos maravillamos ante la sabiduría de Dios.  Deberíamos orar pidiendo tener nuevamente los ojos de un niño, cuando ve todo por primera vez.  Estos son los ojos que necesitamos para ver la sabiduría sin fin de Dios en todas las cosas del mundo.  Nunca comprenderemos todo lo que hay que comprender acerca de Dios.  Estaremos descubriendo cosas nuevas por toda la eternidad.

Poder sin igual

    Dios se regocija en las obras de la creación porque revelan Su poder incomparable.  En Isaías 40:26, Isaías contempla el cielo lleno de estrellas y dice: «Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién crió estas cosas:  Él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres: ninguna faltará: tal es la grandeza de Su fuerza, y Su poder y virtud.»

    Si Isaías se sentía anonadado ante el poder de Dios de crear y darle nombre y sustentar cada estrella en el cielo que él podía ver, ¿cómo lo adoraría hoy si le mostraran que la más cercana de estas estrellas en su cielo, Alpha Centauri y Proxima Centaura se encuentran a una distancia de veintitrés millones de millones de millas?  ¿Cómo lo adoraría si supiera que lo que veía en su cielo nocturno era un pequeño trocito de nuestra galaxia que tiene a cien mil millones de estrellas, y que más allá de nuestra galaxia hay millones de galaxias más?

    ¡Qué es este universo sino la demostración espléndida de la increíble, incomparable, imposible de imaginar exuberancia, sabiduría, poder y grandeza de Dios!  ¡Qué Dios ha de ser!

Dios y sólo Dios

    Dios se regocija en las obras de la creación porque ellas nos señalan más allá de nosotros mismos a Dios Mismo.  Dios quiere que nos quedemos estupefactos y que nos maravillenos ante Su obra de creación.  Pero no por ella misma.  Dios quiere que miremos Su creación y que digamos: Si la mera obra de Sus dedos (¡sólo Sus dedos! Sal. 8:3) está tan llena de sabiduría, poder, grandeza, majestad y belleza, ¡cómo será este Dios en Sí Mismo!

    Éstas son la parte trasera de Su gloria, por así decir, vistas oscuramente a través de un vidrio.  ¿Cómo será ver al propio Creador?  ¡No a Sus obras!  Mil millones de galaxias no pueden satisfacer el alma humana.  Dios y sólo Dios logra la plenitud del alma.  Jonathan Edwards lo expresó así: «Disfrutar de Dios es la única felicidad con la que puede satisfacerse nuestra alma.  Ir al cielo, disfrutar plenamente a Dios, es infinitamente mejor que las mejores comodidades aquí….  [Éstas] son sólo sombras; pero Dios es la sustancia.  Éstas son sólo rayos dispersos; pero Dios es el sol.  Éstas son sólo arroyuelos; pero Dios es el océano.»

    Por esto el Salmo 104 concluye de esta manera, enfocando a Dios Mismo: «Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en Sus obras.  Él mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes y humean.  A Jehová cantaré en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva.  Dulce será mi meditación en Él; yo me regocijaré en Jehová» (vv. 31-34).

    El final no serán los mares o las montañas o los desfiladeros o las arañas acuáticas o las nubes o las grandes galaxias los que llenen nuestro corazón de modo que irrumpa maravillado en expresiones de alabanza eterna.  Será Dios Mismo.  Por esto Dios se complace en Su creación.  Es el desborde de satisfacción que Dios el Padre y Dios el Hijo tienen el uno en el otro que se expresa en la revelación y proclamación de la gloria de Dios día y noche.