«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Dios Se Muestra Perfecto

Por Andrew Murray

    «También fui íntegro para con Él y me guardé de la iniquidad….  Para con el benigno, benigno Te muestras; con el íntegro también íntegro….  El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es probada; Él es escudo para todos los que en Él se refugian…. El Dios que me revistió de fuerza, y perfecciono mi camino» (Sal. 18:23, 25, 30, 32).

    «El camino de Dios es perfecto....»  En todo cuanto hace y en todo cuánto es, Dios es la perfección de la bondad y de la belleza.  En la naturaleza como en la gracia, en el cielo como en la tierra, en el mayor como en el menor, todo cuanto está en Dios o cuanto es de Dios, muestra la perfección infinita.  Si los hombres que estudiaran y admiraran la perfección de Sus obras, si los santos que amaran y buscaran la perfección de Su servicio y comunión, entenderían esa verdad, verían que es solamente aquí que se puede verdaderamente conocer y encontrar la perfección en el propio Dios.  En cuanto a Dios, este es el máximo que podemos decir de Él, aunque comprendamos tan poco de Él, en cuanto a Dios, Su camino es perfecto.

    «Dios me perfecciona el camino.»  De entre las perfecciones de Dios, ésa es la principal Él no la guarda para Sí Mismo: el cielo y la tierra están repletos de Su gloria.  Dios es amor, y vive no para Sí Mismo, sin embargo, en la energía de una vida infinita, hace que Sus criaturas, en lo más posible, participen de Su perfección. Es para Su deleite perfeccionar todo a su alrededor.  Y especialmente al alma del hombre que se eleva a Él. Entre Sus siervos y Su Propia Persona, Dios desea que haya perfecta armonía.  El Padre quiere que el hijo sea igual a Él.  Mientras más yo aprendo a decir, en profunda adoración: «En cuanto a Dios, Su camino es perfecto,» tanto más pronto tendré la fe y la gracia para decir juntamente con el salmista: Dios «perfecciona mi camino.»

    En la proporción en que confiamos en esto, o sea, en que recibimos la verdad celestial envuelta en estas palabras hacia el más íntimo de nuestro ser y asimilarla, no nos admiraremos de que el mismo hombre declaró: «También fui íntegro para con Él y me guardé de la iniquidad.»  «El Dios que me revistió de fuerza, y perfeccionó mi camino.»  Solamente a Él pertenece el poder, la honra y la gloria de lo que Él ha realizado aquí.  Éste hace la confesión: «También fui íntegro para con Él,» enteramente remota de la presunción o de la justicia propia, pero, una atribución de alabanza a quien la alabanza es debido.

    Se siguen entonces las palabras donde la perfección de Dios y la perfección del hombre son percibidas en su admirable relación y armonía: «Con el íntegro, también Te muestras íntegro.»  De la misma forma como puede haber un rayo de luz del día, por más franco y renovado que sea, mostrando así que existe un sol, semejantemente no puede haber perfección, por menor que sea, que no provenga de Dios.  En su más débil inicio en un alma, en sus luchas más negras y casi sin esperanza, en todo eso vemos la perfección de Dios a luchar con el hombre para irrumpir y tomar posesión de Él.  Durante todo el tiempo en que el hombre se rechaza a dar su consentimiento, Dios tendrá que ser para nosotros lo que somos para Él: «Con el perverso Te muestras inflexible» (Sal. 18:26).  Sin embargo, siempre que la voluntad del hombre consiente, y que su corazón escoge esa perfección y ese Dios perfecto como su porción, Dios satisface el alma con manifestaciones cada vez más amplias de cuan perfecto Él es para con los que Le pertenecen.  «Con el íntegro, también Te muestras íntegro.»

    Al alma perfectamente vuelta a Él, Dios se revela de forma maravillosa.  Vuélvase para Dios, por lo tanto, con todo su corazón y vida, con toda su confianza y obediencia ande en la presencia de Él con corazón íntegro y Él se mostrará perfecto a usted; sí, el Dios cuyo camino es perfecto y que perfecciona su camino, el Dios que lo perfecciona en todas las cosas buenas.  Responda afirmativamente al Señor con las palabras: «De todo el corazón Te recogí,» entonces Él dirá: «Si, y Yo me regocijare con vosotros, para haceros el bien, de todo Mi corazón y de toda Mi alma» (Jr. 32:41).  Diga con fe, esperanza y alegría: «Con el íntegro, también Te muestras íntegro.»

    – Extraído del Es Perfecto por Andrew Murray.