«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Oración Que Prevalece: La Necesidad De La Iglesia

Por Wesley L. Duewel

    La mayor necesidad de Dios en el presente es encontrar a hombres y a mujeres que sepan prevalecer en la oración – intercesores poderosos, incansables prevalecedores, gente que habrá de perseverar en la batalla y en la conquista en la oración hasta que los poderes celestiales sean desatados y se haga la voluntad de Dios en las situaciones prácticas de la vida.

    La causa de Dios se arrastra hacia adelante tímida y lentamente cuando existen más organizadores que agonizantes, cuando hay más obreros que guerreros que prevalecen en la oración.  Nos hacen falta guerreros en la oración que hayan visto el corazón de Dios, que hayan experimentado el poder y la gloria de la Cruz, que conozcan el significado bíblico del día de juicio, del cielo y del infierno.  Nos hacen falta guerreros en la oración que sientan la esclavitud, la falta del menor indicio de esperanza eterna y la perdición de los que no son salvos; que sienten el poder, el gozo y la gloria transformadores que vienen de Cristo, en los que son salvos.  Nos hacen falta guerreros en la oración que oren como si Dios fuera Dios y como si Satanás fuera Satanás.

    Dios busca personas para que prevalezcan en la oración.  Este es el medio que Él ha determinado para que el mundo avance hacia la justicia y sus habitantes hacia la salvación.  Dios busca a gente para que prevalezca, porque Él ve a los millones de habitantes de la tierra en sus pecados y necesidades, los ama infinitamente y anhela salvarlos del pecado, de Satanás y del infierno.  El precio por la expiación de ellos ya se ha pagado.  La obra del Calvario ha sido acabada triunfalmente y para siempre.  Todo está preparado, más el hombre está ciego, afectado y endurecido por el pecado.

    La única esperanza que ofrece Dios a los millones que habitan esta tierra es la oración que prevalece.  Por este motivo Jesús está prevaleciendo día y noche y necesita nuestra prevaleciente colaboración.  Dios ha determinado que las naciones sean salvas mediante la oración (Sal. 2:8).  Esto es parte de Su eterno decreto.  Por eso, Jesús ora; y por eso, nosotros debemos orar.

Le estamos fallando a Dios

    Hay millones de cristianos débiles y descuidados que le están fallando al grandioso corazón de amor de Dios; que le están fallando a su crucificado, resucitado y entronizado Señor; fallándole al sensible y gimiente Espíritu Intercesor.  Dios anhela demostrar Su gracia (Is. 30:18), más se ve impedido porque nosotros no hemos cumplido el papel para el cual Él nos creó, nos salvó y para Él que nos mantiene vivos hoy.

    Las iglesias, las agencias misioneras y las instituciones cristianas están extremadamente organizadas, tienen personal adecuado y, en términos generales, están ocupadas realizando labores significativas.  Más; ¿dónde están los resultados?  Aún no hemos orado para que ocurran.  No le hemos enseñado a nuestra gente el papel que desempeña la oración prevaleciente.  No hemos sido capaces de servirles de modelo de lo que debe ser una vida poderosa de oración que prevalece, para así poderlos guiar en la misma.

    Sólo un tonto no ora, mas existen millones de cristianos que parecen ser aún más tontos.  Creen en la oración.  Oran con cierta indiferencia y a menudo ineficazmente, pero jamás se han dado a la tarea de la conquista espiritual por medio de la oración que prevalece.  Y a sabiendas de que el inmenso poder de Dios se desata siempre por medio de la oración, sin embargo, no oran, hasta haber prevalecido.

    «¿Dónde están los líderes cristianos que pueden enseñar a los santos modernos a orar y que los pongan a hacerlo?…  ¿Dónde están los líderes apóstoles que pueden poner a orar al pueblo de Dios?» (E. M. Bounds, El Poder a Través de la Oración).  Sólo aquellos que prevalecen en la oración son capaces de producir una multitud de seguidores que saben cómo prevalecer.  Los apóstoles que prevalecen producen guerreros en la oración.  Los púlpitos donde no se ora producirán congregaciones que no oran ni tienen poder.  ¿Quién llamará a la presente generación a la oración y quién les enseñará a orar?  ¿Dónde están nuestros gigantes en la oración?

Dios ha determinado que nosotros intercedamos con Cristo

    Dios ha determinado que Cristo sea el Gran Intercesor.  Desde la creación Él ha sido el que ha Intercedido por la humanidad y ahora, habiendo entrado en el santuario celestial en nuestro favor, Él es y habrá de ser nuestro Sumo Sacerdote eternamente (Heb. 6:19-20).  El sacrificio de Sí Mismo como Sumo Sacerdote ocurrió una vez y para siempre, más Su papel de intercesor continuará para siempre (7:25).  De modo que Dios el Hijo, nuestro Señor y Salvador, es el sumo, constante y perfecto Intercesor prevaleciente.

    Dios nos ha creado a Su imagen para que seamos como Él en personalidad y en carácter.  Dios nos ha creado para que tengamos comunión con el trino Jehová. Él ha determinado que de entre toda la creación nosotros tengamos una relación especial con Dios el Hijo.  Hemos sido creados espiritualmente para tener comunión con el Hijo (1 Cor. 1:9) y para que seamos la esposa del Hijo (Is. 62:5; Juan 3:29; Ef. 5:25-26; Ap. 21:9).

    Además, hemos sido creados, salvos y llamados para interceder y que así prevalezcamos hasta que la respuesta de Dios se manifieste.  Y puesto que la intercesión que prevalece constituye la grandiosa prioridad de Cristo en el presente, ésta debe convertirse también en nuestra prioridad, como representantes Suyos aquí.  Él nos ha dado el Espíritu Santo para que podamos ver a la gente y las necesidades desde la perspectiva Suya.  Él ha determinado que el Espíritu Santo nos capacite en nuestra debilidad al orar (Rom. 8:26).  Él nos ha dado permiso para que utilicemos la autoridad de Su nombre en oración (Juan 14:13-14; 15:16; 16:23-24).

    Él nos ha creado para que seamos sacerdotes para Dios, lo cual incluye el papel intercesor de todos los sacerdotes (Ap. 1:6).  No sólo debemos ser sacerdotes santos (1 Pe. 2:5), sino también sacerdotes reales (v. 9), designados para servir a nuestro Rey.  A la luz de otras Escrituras, esta responsabilidad claramente incluye el que se nos otorgue un papel real en nuestra intercesión.  Nos convertimos en realeza que intercede.  Nosotros, al igual que Jesús, reinamos y extendemos el reinado de Cristo mediante nuestra prevaleciente intercesión.  Nosotros hemos de compartir la soberanía de Cristo por medio de nuestra oración que prevalece.  Él nos delega autoridad real.

    «Dios ha querido depender voluntariamente también de nuestra oración…. En la oración la iglesia ha recibido poder para gobernar al mundo.»  Por medio de nuestras oraciones Dios actúa habla. A la vez que Dios es completamente libre y actúa en libertad soberana, aún Él parece haberse atado a nuestra intercesión, al menos a un grado considerable.  Hallesby le llama a la oración «el conducto mediante el cual el poder del cielo es traído a la tierra.»  Y agrega que nuestra oración de fe «es sin lugar a dudas el medio por el cual Dios, en la forma más rápida,» podrá darle al mundo Su poder salvador por medio de Cristo.  Calvino también enseñó que la oración era el medio por lo cual el poder de Satanás podría ser derrocado y el reino de Dios ananzado (O. Hallesby, La Oración).

La gloria de la oración que prevalece

    La mayor gloria de Cristo sobre Su trono soberano en el presente es la gloria de Su intercesión prevaleciente.  No existe papel que nos asemeje más a Cristo que el de ser co-intercesor con Cristo en favor de las prioridades de Su corazón.  No existe otra manera en que un cristiano pueda ser una mayor fortaleza y una mayor bendición para la iglesia de Cristo.  No hay otra manera en que usted pueda aportar más para el avance del reino de Cristo y traer gloria al nombre de Jesús.  La intercesión que prevalece constituye el servicio por excelencia que usted puede aportar mientras que esté en esta tierra.

    La oración que prevalece es gloriosa porque lo une a usted con el mismo latir del corazón de Cristo.  Es gloriosa porque en la oración que prevalece se comparte la visión de Cristo, Su propósito y Su santa determinación y a menudo la costosa agonía de espíritu y la carga de Cristo.  La intercesión que prevalece es la labor que más nos asemeja a Cristo de todas las labores, además de ser la más controlada por el Espíritu.  El Espíritu comparte con usted la pasión de Cristo hasta que estemos agitados con el mismo llanto del corazón del Hijo y con los mismos gemidos del Espíritu (Rom. 8:26).

    Es glorioso poder derramar lágrimas con Cristo, amar con Cristo y arder con los apasionados anhelos de Cristo.  Es glorioso compartir con Cristo la batalla intercesora y el triunfo.  A veces usted comienza a percibir el poder y el gozo de la era venidera (Heb. 6:5) a medida que su prevalecer se abre paso hacia la victoria.  La gloria comienza cuando usted percibe la seguridad del Espíritu de que su oración ha sido escuchada y contestada.  Los resultados visibles no siempre se evidencian de inmediato, más usted sabrá que ha prevalecido de acuerdo a la voluntad de Dios, y sabrá también que la respuesta de Dios es segura.

    Toda oración que prevalece habrá de recibir su final y suprema gloria cuando usted llegue al mundo de la gloria, con la revelación de las recompensas de las oraciones contestadas.  ¡Qué honor les espera a los guerreros de Dios que prevalecieron en la oración ante el tribunal de Cristo, cuando los honores y las recompensas de la eternidad sean anunciadas y otorgadas (1 Cor. 3:11-15; 4:5; 9:25)!

    Entonces usted se maravillará al ver cómo su prevalecer se unió al de otros guerreros de Dios en la oración, y con la misma intercesión de Cristo, el Hijo de Dios.  Entonces usted descubrirá quienes fueron los que prevalecieron en lo oculto, quienes a lo largo de las edades constituyeron el secreto del obrar poderoso de Dios.  Entonces usted descubrirá que toda intercesión se inicia en el corazón de Dios, es trasmitida a usted mediante el Espíritu Santo, y recibe el amén y la presentación del Hijo ante el Padre, y recibe la ayuda de los santos ángeles de Dios.  Entonces usted descubrirá que no hubo oración prevaleciente que se elevara en vano.  ¡Se inclinará ante Dios sorprendido, en amor y maravillado de pensar que usted, que no es digno, haya tenido una asociación con Cristo tan estratégica, en Su ministerio desde el trono y en las victorias eternas!

    ¡Señor, enséñanos lo que es el privilegio, la responsabilidad y la gloria de la oración que prevalece!

    – Tomado del libro LA ORACION PODEROSA QUE PREVALECE por Wesley L. Duewel.  © 1990.  Usado con permiso del Duewel Literature Trust, Inc.  Los libros de Dr. Duewel se pueden comprar de Duewel Literature Trust, Inc., 740A Kilbourne Drive, Greenwood IN 46142.