«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Importancia De La Buena Enseñanza

Por Rich Carmicheal

    Uno de los componentes más especiales de una saludable vida espiritual es una dieta constante de la buena enseñanza.  Cada cristiano los necesita a otros que pueden ayudarlo a instruir, a explicar y a aplicar la Palabra de Dios a la vida suya.  La meta de la buena enseñanza no es solamente de dar a conocer y hacer saber contenido bueno y verdadero, sino también de fomentar una vida devota. 

El énfasis de la enseñanza en el Antiguo Testamento

    A la necesidad de la buena enseñanza se le da mucho énfasis a través de toda la Biblia.  En el Antiguo Testamento, por ejemplo, Moisés mandó a los israelitas a «poner estas mis palabras en vuestra alma…y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes…para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra…» (Dt. 11:18-21).  Salmo 78 aclara el propósito de esta instrucción.  El salmista escribe que el Señor «…la cual mandó a nuestros padres que la comunicasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y  no se olviden de las obras de Dios;  Que guarden Sus mandamientos, y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde;  generación que no dispuso su corazón,  ni fue fiel para con Dios su espíritu» (Sal. 78:5-8).  Estos pasajes ilustran el papel indispensable de la buena enseñanza en el conocimiento y en la abilidad de responder correctamente al Señor y a Su voluntad.

    Proverbios 6:20-23 también indica unos de los beneficios de recibir y obedecer la buena enseñanza.  Estos versos declaran, «Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no rechaces la enseñanza de tu madre…te guiarán cuando andes; cuando duermas, velarán por ti;  hablarán contigo cuando despiertes.  Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen.» 

El énfasis en la enseñanza en el Nuevo Testamento

    El Nuevo Testamento también se le da mucho énfasis a la importancia y al valor de la buena enseñanza.  Los Evangelios, por ejemplo, le dan énfasis a la enseñanza del ministerio de Jesús.  Él no les enseñó solamente a los grupos sino a muchos individuos también.  Enseñó en las aldeas y en los campos, en las sinagogas y en el área del Templo, en cualquier sitio donde se le presentaba una oportunidad.  Al final de Su ministerio terrenal Él les dejó a Sus once discípulos el ministerio de la enseñanza:  «Por tanto, id, y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;  enseñándoles a guardar todas las cosas que os he mandado; y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:19-20).

    Los once discípulos le hicieron caso y la primera iglesia nació en una atmósfera de buena enseñanza.  Según Hechos 2:42, los primeros cristianos «se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles….»  Aunque las autoridades religiosas se ofendieron a la enseñanza de los apóstoles y los persiguieron y los mandaron a callar, los apóstoles continuaron a enseñar.  Lucas nos informa que «Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo» (Hch. 5:42).

    Lucas también aprovecha oportunidad de describir como Felipe tomó el tiempo de instruir a un etíope que confesó que no entendía un pasaje de Isaías «y cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?…» (Hch. 8:31).  Lucas menciona que Apolo «era un hombre ilustrado y convincente en el uso de los Escrituras» (Hch. 18:24-25).  Y Lucas agrega que «…pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios» (Hch. 18:26).

    Otra indicación en el Nuevo Testamento de la importancia de la enseñanza es el hecho de que la enseñanza se describe como un don espiritual (Rom. 12:6-7; 1 Cor. 12:28-31).  Según Efesios 4:11-12, «Y Él Mismo dio: unos, los apóstoles; otros, los profetas; otros, los evangelistas; y otros, los pastores y maestros, a fin de equipar completamente a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo….»  Se ve que la enseñanza hace un papel muy importante en el proceso de equipar y edificar a la iglesia.

    Las cartas a Timoteo subrayan el valor de la enseñanza devota.  Por ejemplo, en su segunda carta a Timoteo, Pablo habla del papel importante que la enseñanza hizo en la fe de Timoteo.  Le dice, «Pero tú persiste en lo que has aprendido y de lo que te persuadiste, sabiendo de quién lo has aprendido; y que desde la infancia sabes las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús» (2 Tim. 3:14-15).  Probablemente, Pablo está pensando en la influencia devota y la enseñanza estable de su abuela Lois y de su madre Eunice (2 Tim. 1:5).

    Pablo también le explica a Timoteo que la buena enseñanza puede guiar a otros al arrepentimiento.  Le escribe, «Porque el siervo del Señor no debe ser pendenciero, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y vuelvan al buen sentido, escapando del lazo del diablo, que los tiene cautivos» (2 Tim. 2:24-26).  Pablo agrega que Timoteo debe «corregir, reprender y animar con mucha paciencia y cuidadosa instrucción» (2 Tim. 4:2-3).

    Pablo le hizo a la enseñanza una prioridad en su propio ministerio también.  En su carta a los colosenses escribe, «A quien nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando, a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre;  para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él la cual actúa poderosamente en mí» (Col. 1:28-29).