«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Guiados Por El Espíritu De Dios

Por Sarah Foulkes Moore

    «Fíate de Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas» (Prov. 3:5-6).

    Jamás podremos aprender los caminos de Dios hasta que olvidemos los nuestros.  «Me has guiado según Tu consejo, y después me recibirás en gloria.  ¿A quién tengo yo en los cielos sino Ti?  Estando contigo, nada me deleita ya en la tierra.  Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Sal. 73:24-26).

    Dios tiene pensamientos exactos, providencias exactas, y direcciones exactas para el tiempo exacto.  Sólo necesitamos depender del Espíritu para recibir la dirección del Espíritu.

    Mientras esperamos en el Señor en humildad y en un espíritu de enseñanza, la dirección del Espíritu Santo llega en impulsiones quietas a los acontecimientos cotidianos para Él y los Suyos.  La dirección del Espíritu Santo viene a nosotros en señales afables (casi inadvertidas) en nuestras decisiones y en nuestras palabras.  También llega en dulce seguridad para hacer ciertas cosas, para poder nosotros agradarle.

    También viene en el resolver silencioso de problemas difíciles, para que así, cada pensamiento, cada deseo de la vida entera llegue en unión y comunión con el Amado, y Él está mezclado en todas las palabras, en todas las providencias, en todas nuestras experiencias, y toda nuestra vida entera está atad firmemente a Su trono.

    «Llévame en pos de Ti; corramos.  El rey me ha metido en Sus cámaras» (Cant 1:4).

    «Yo tengo que esperar en el Señor por cuatro cosas,» dijo Jorge Müller, «la primera para saber si una obra es obra de Dios; la segunda, saber si esa obra es para mí; la tercera, para saber si es en el tiempo de Dios; la cuarta, para saber si es esa la manera de Dios.»

    Nuestra propia seguridad implica el tomar tiempo de orar hasta alcanzar la victoria.  Debemos saber la voluntad de Dios antes de hacerla.  Y a esto se le agrega esta necesidad, la necesidad de orar hasta alcanzar la victoria por gracia abundante y suficiente para vencer en nuestro espíritu todo aquello que es indiferente y descuidado, lo que obra en contra de lograr «asir aquello para lo cual» (fuimos) «también asidos por Cristo Jesús» (Flp. 3:11-15).

    El Espíritu nos guía.  Dios, en Su Palabra, da la dirección general para Su gente, pero la dirección nos es comunicada por el Espíritu Santo, dando testimonio a nuestros espíritus.  La dirección del Espíritu siempre concuerda con la Escritura.  Si ahora no tomamos tiempo para orar hasta alcanzar la victoria y obtener el conocimiento de la voluntad de Dios para nuestras vidas, y la dirección del Espíritu, no podremos pasar en el orden de Dios.  Todo depende de nuestra obediencia a la voz de Dios, a la medida que Él nos habla en Su Palabra.