«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Poder Del Salvador Resucitado

Por Charles H. Spurgeon

    No significó un honor menor haber visto a nuestro Señor resucitado mientras permaneció aquí abajo.  ¡Qué no significará ver a Jesús tal como es ahora!  Es el mismo Jesús que estuvo aquí; esos memoriales como de un cordero que ha sido inmolado nos aseguran que se trata del mismo hombre.  Su condición humana real está sentada en gloria en el cielo y es susceptible de ser vista por el ojo y de ser oída por el oído, pero, con todo, es muy diferente.  Si le hubiésemos visto en Su agonía, admiraríamos muchísimo más Su gloria.  Mediten de todo corazón en Cristo crucificado a menudo, pero gócense frecuentemente con una visión de Cristo glorificado.  Deléitense pensando que Él no está aquí, pues está sentado a la diestra de Dios e intercede por nosotros.  Que sus almas viajen con frecuencia por la bendita calzada que va del sepulcro al trono. 

Jesús tiene todo poder

    «…Toda potestad Me es dada en el cielo y en la tierra» (Mt. 28:18).

    Piensen ahora un momento en estas palabras, «toda potestad.»  Jesucristo recibió de Su Padre, como consecuencia de Su muerte, «toda potestad.»  Es sólo otra manera de decir que el Mediador posee omnipotencia, pues la omnipotencia no es sino «toda potestad» en latín.  ¿Qué mente habrá de concebir, qué lengua habrá de explicarles el significado de toda potestad?  Nosotros no podemos captarlo; es algo sublime y no podemos alcanzarlo.  Tal conocimiento es demasiado prodigioso para nosotros.  El poder de auto existencia, el poder de creación, el poder de sustentación de lo creado, el poder de formar y destruir, el poder de abrir y cerrar, de derrocar o de establecer, de matar y de hacer vivir, el poder de perdonar y de condenar, de dar y de retener, de decretar y de cumplir, en una palabra, el poder de ser: «Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» (Ef. 1:22), todo eso le es conferido a Jesucristo nuestro Señor.  Si quisiéramos explicar qué es lo que significa «toda potestad» equivaldría a que intentáramos describir el infinito, o acotar lo ilimitado; pero sea lo que sea todo eso es dado a nuestro Señor, todo es puesto en las manos que una vez fueron clavadas al madero de la vergüenza, todo es confiado a ese corazón que fue atravesado con la lanza, todo es colocado como una corona sobre esa cabeza que fue ceñida con una corona de espinas. 

Toda potestad en el cielo

    «Toda potestad…en el cielo» es Suya.  Entonces Él tiene el poder de Dios, pues Dios está en el cielo, y el poder de Dios emana de ese trono central.  Entonces Jesús tiene un poder divino.  Jesús puede hacer todo lo que Jehová puede hacer.  Si fuera Su voluntad crear otro mundo con Su palabra, veríamos esta noche una nueva estrella adornando la frente de la noche.  Si fuera Su voluntad plegar de inmediato a la creación como si fuera un vestido, he aquí que los elementos pasarían, y aquellos cielos se arrollarían como un pergamino.  El poder que ata los lazos de las Pléyades, o desata las ligaduras de Orión está con el Nazareno.  El Crucificado guía a la Osa Mayor con sus hijos.  Grupos de ángeles agitan sus alas en espera de cumplir las órdenes de Jesús de Nazaret, y los querubines y los serafines y los cuatro seres vivientes delante del trono le obedecen incesantemente.  Aquel que fue despreciado y desechado entre los hombres ahora inspira el homenaje de todo el cielo, como «Cristo sobre todas las cosas, bendito por los siglos» (Rom. 9:5).

    «Toda potestad…en el cielo» se relaciona con la habilidad y el poder providenciales con los que Dios gobierna todo en el universo.  Él sostiene las riendas de todas las fuerzas creadas, y las impele o las restringe a voluntad, dando fuerza a la ley y dando vida a toda existencia.  Los antiguos paganos soñaban diciendo que Apolo conducía el carro del sol y guiaba a sus corceles de fuego en su curso cotidiano, pero no es así; Jesús es Señor de todo.  Él engancha a los vientos a Su carro, y pone el freno en la boca de la tempestad, haciendo lo que le place entre los ejércitos del cielo y los habitantes de este mundo inferior.  De Él emana el poder en el cielo que sustenta y gobierna este globo, pues el Padre ha encomendado todas las cosas en Sus manos.  «Todas las cosas en Él subsisten» (Col. 1:17).

    «Toda potestad» tiene que incluir – y este es un punto práctico para nosotros – todo poder del Espíritu Santo.  Es Él quien convence a los hombres de pecado y los conduce al Salvador, es Él quien les da nuevos corazones y espíritus rectos y los planta en la iglesia y luego hace que crezcan y se vuelvan fructíferos.  El poder del Espíritu Santo sale entre los hijos de los hombres de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor.  Así como el óleo de la unción derramado sobre la cabeza de Aarón descendía sobre la barba y rociaba el borde de sus vestiduras, así el Espíritu que le ha sido dado sin medida fluye de Él hacia nosotros.  Él tiene en reserva al Espíritu, y de acuerdo a Su voluntad el Espíritu Santo va a la iglesia, y de la iglesia va al mundo para el cumplimiento de los propósitos de la gracia salvadora.  No es posible que la iglesia falle por falta de dones o de influencia espirituales mientras su Esposo celestial tenga tales reservas desbordantes de ambos.

    Todo el poder de la sagrada Trinidad – Padre, Hijo y Espíritu – está a las órdenes de Jesús, quien es exaltado muy por encima de todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. 

Todo poder en la tierra

    Nuestro Señor afirmó también que toda potestad le había sido dada en la tierra. …Dado que en las manos de Cristo se encuentra depositada toda potestad en la tierra, Él puede revestir también a cualquiera de Sus siervos o a todos ellos de un poder sagrado, gracias al cual las manos de ellos les bastarán para cumplir su excelso llamamiento.  Sin ponerlos en las primeras filas, Él hace que ocupen sus esferas designadas hasta que Él venga ceñido de una potestad que los hará útiles.  Hermano mío, el Señor Jesús puede hacerte eminentemente próspero en la esfera en que te ha colocado; hermana mía, tu Señor puede bendecir por tu medio a los niñatos que se agolpan en tus rodillas.  Tú eres muy débil, y lo sabes, pero no hay razón por la que no puedas ser fuerte en Él.  Si buscas fuerzas en el fuerte, Él puede investirte con poder de lo alto, y decirte como le dijo a Gedeón: «Ve con esta tu fuerza» (Jc. 6:14).

    Tu torpeza de lengua no tiene por qué descalificarte, pues Él estará con tu boca como estuvo con Moisés.  Tu falta de cultura no ha de ser un obstáculo para ti, pues Samgar mató a los filisteos con su aguijada de bueyes, y Amós, el profeta, fue un ganadero.  Como Pablo, tu presencia personal puede ser despreciada por débil, y tu forma de hablar puede ser considerada indigna, pero, a pesar de todo, igual que Pablo, puedes aprender a gloriarte en la debilidad porque el poder de Dios descansa efectivamente en ti.  Tú no estás estrecho en el Señor, sino en ti mismo, si es que estás estrecho del todo.  Podrías estar tan seco como la vara de Aarón, pero Él puede hacerte retoñar y florecer y dar fruto.  Tú podrías estar casi tan vacío como la vasija de la viuda, pero, con todo, Él hará que incluso te derrames hacia Sus santos.  Podrías sentir que estás como Pedro en medio de las olas, y, sin embargo, Él impedirá que tus miedos se cumplan.  Puedes haber fracasado tanto como los discípulos que habían trabajado arduamente toda la noche y no habían sacado nada, y, sin embargo, Él puede llenar tu barca hasta el desborde.  Nadie sabe lo que el Señor puede hacer de cada quien, ni lo que puede hacer por medio de cada quien, y sólo sabemos ciertamente que «toda potestad» reside en Aquel por quien fuimos redimidos y a quien pertenecemos. 

Poder para la iglesia en nuestros días

    Oh, creyentes, recurran ustedes a su Señor para tomar de Su plenitud gracia sobre gracia.  Debido a este poder nosotros creemos que si Jesús quisiera Él agitaría a la iglesia entera de inmediato para que alcanzara la máxima energía.  ¿Está dormida la iglesia?  Su voz puede despertarla.  ¿No eleva oraciones?  Su gracia puede estimularla a la devoción.  ¿Se ha vuelto de la batalla turbada con escepticismos y dudas?  Él puede devolverle una confianza inquebrantable en el Evangelio, y hacerla valiente al punto que todos sus hijos sean héroes de la fe y pongan en huida a los ejércitos extranjeros.

    Creamos y veremos la gloria de Dios.  Creamos, repito, y una vez más vendrán nuestros días de conquista, cuando uno persiga a mil, y dos hagan huir a diez mil.  Nunca pierdan la esperanza por la iglesia; estén ansiosos por ella y conviertan su ansiedad en oración, pero tengan esperanza perennemente, pues su Redentor es poderoso y despertará Su fuerza.  «Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob» (Sal. 46:7).  Degenerados como somos, hay Uno en medio de nosotros a quien el mundo no ve y de quien no somos dignos de desatar la correa del calzado.  Él nos bautizará de nuevo con el Espíritu Santo y con fuego, para «toda potestad» le es dada de Él.

    – Excerpta.