«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Cargo: Pastores Que Sufren De Desnutrición Bíblica

Por Paul Washer 

    [Nota del Editor:  El pasaje que sigue es del décimo cargo en el mensaje «Diez cargos contra la iglesia moderna»] 

    La lectura de la escritura: 1 Timoteo 4:1-16 

    …Dios busca son hombres íntegros, con espadas filosas.  Ante todo, hijo, permanece «nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido» (1 Tim. 4:6).  «La buena doctrina que has seguido» es muy importante.  Creo que nos está indicando que con un simple estudio intelectual de la Biblia no alcanzaremos la meta que Dios tiene para Su pueblo.  Tenemos que obedecerla.  Tenemos que seguirla.  ¡No aprendemos bien la doctrina hasta haber seguido la doctrina aprendida!

    Y después dice: «Desecha las fábulas profanas y de viejas» (v. 7).  Queridos amigos:  Todo esto de la «iglesia emergente» y del «crecimiento de la iglesia,» todo lo que tiene que ver con la sensibilidad cultural, que tira por la ventana toda sensibilidad bíblica, no son más que el producto de chicos queriendo jugar a la iglesia sin el poder de Dios en sus vidas.  (Me mantengo firme en esta posición.)  Es peor que David tratando de vestir la armadura de Saúl.  Digo yo: ¡Afuera con todo esto!  Más confiamos en la carne, menos vamos a ver el poder de Dios.

    Pablo dice luego: «Ejercítate para la piedad» (v. 7).  Mejor dicho que nos disciplinemos con el propósito de alcanzar la piedad.  Siervos de Dios, ¿quieren un avivamiento?  Yo también.  Pero lo que necesitamos es un ejército.  Si del cielo caerán espadas y otras armas poderosas, tenemos que ser los hombres del calibre que puedan usarlas para luchar con un carácter íntegro.  Tenemos que disciplinarnos con el propósito de alcanzar la piedad.

    Jóvenes, a menos que sean la excepción, haber nacido en la época en que nacieron, si tienen menos de 30 años, o aún menos de 40, probablemente les falta disciplina porque nunca se les exigió que realmente trabajaran.  Nunca han tenido que trabajar para poder comer, y probablemente sus padres nunca los hicieron trabajar al punto que hasta les dolieran los huesos.  Los hombres que han logrado mucho y han sido usados por Dios, han sido hombres trabajadores en el ministerio.  ¡El ministerio eficaz es difícil y cuesta todo!  Y para cuando lleguen a la vejez estarán quebrantados, ¡pero fuertes en las cosas de Dios! 

Dedícate a los asuntos eternales

    «Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera» (vv. 7-8).  ¡Oh, mis queridos amigos!  ¿A quién le importa «la mejor vida ahora?»  ¡Lo importante es la eternidad!  Algún día compareceremos ante el Señor de gloria, y los reyes y hombres más grandes del mundo serán divididos:  unos serán echados al infierno eterno y otros serán invitados a la gloria eterna para vivir eternamente con el Señor.

    Los atletas olímpicos, qué majestuosos son…pero solo por un momento.  Empiezan a entrenarse a los cuatro o cinco años.  Se enfocan solamente en el entrenamiento hasta los veintidós.  Corren una carrera de nueve segundos para obtener una medalla que cuelgan en la pared, ¡y ya!  ¡Su momento de gloria y todo por lo cual vivieron se acabó!  ¿No quieren darse ustedes de la misma manera para obtener cosas eternas?

    Algunos de los siervos más grandes de Dios han sido hombres con muchas limitaciones físicas.  En cuanto a sus habilidades, eran tan limitados que tenían solo una cosa en que se podían enfocar:  el ministerio.  «Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso…Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos.  Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente» (vv. 8-10).  …Servimos a Dios, y Dios nos honrará.  ¡Ponemos en Él nuestra esperanza y Él nos da fuerzas!

    Oh, esta vida es como una niebla.  Alabo a Dios porque por Su providencia, de joven le serví en la Cordillera de los Andes y en las selvas del Perú, haciendo lo que ahora ya no tengo el vigor físico para hacer.  Mientras son jóvenes y están llenos de vitalidad, trabajen con todas sus fuerzas.  Tomen esos estúpidos juegos de vídeo de ustedes y aplástenlos bajo sus pies.  Tiren el televisor por la ventana.  Fueron ustedes hechos para cosas mejores.  Si son hijos del Rey, ¡nada de lo que el mundo ofrece les puede satisfacer, nada!  «Esto manda y enseña» (v. 11). 

Concéntrate en las cosas de Dios

    «Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos» (v. 15).  Digamos que mi hijito vuelca agua en una mesa de madera.  Y por las leyes que Dios ha puesto en la naturaleza, el agua forma un charquito sobre la superficie.  Ustedes pasan por allí, y dicen: «Hay agua volcada en la mesa.»  Esto es obvio para todos.  Pero entonces llego yo, tomo una toalla, la pongo sobre el charquito de agua, y levanto la toalla.  Entonces ustedes dicen: «Ya no veo el agua.»  ¿Dónde está?  ¡La absorbió la toalla!  Hermanos, deben ocuparse de ser absorbidos en estas cosas de la piedad y la integridad.  Pastores, les ruego que me presten atención.  Esto es importante: ¡Ustedes no son chicos mandaderos!  No están para pasarse el día limpiándoles la nariz a miembros carnales.  Enciérrense en sus despachos.  Beban profundamente el agua viva.  Estén tan absortos en conocer a Dios que la gente diga: «¿Dónde está?  Antes era tan sociable, amigo de todos, tan simpático.  ¿Dónde anda?»  ¡Ahora está absorto en las cosas de Dios!

    Somos siervos de Dios.  Somos ministros del Altísimo.  Tiene que haber en nosotros algo distinto.  Debemos tener la mirada distante enfocada en una estrella lejana.  Lo mejor que podemos hacer por nuestros hermanos es ser siervos de Dios, absortos en las cosas de Dios, para que cuando abramos la boca salga de ella la Palabra de Dios.

    En la iglesia donde me congrego, el predicador principal siempre se ha dedicado al estudio, pero cuando llegué, hablé con él y con los otros líderes.  Y cada vez que alguien me preguntaba algo les decía: «Por favor, hagamos una cosa.  Quitémosle toda la carga posible en él y dejémosle concentrarse en el estudio de la Palabra de Dios, porque el mayor bien que este hermano no puede dar es estudiar para presentarse ante Dios aprobado y subir a ese púlpito lleno del poder del Espíritu Santo y proclamar: ‘Esto dice el Señor,’ corrigiendo y reprendiendo, dando grandes promesas y advertencias.»

    Pastores, por favor, háganle ese favor a su congregación porque Dios dice: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren» (v. 16).  Este versículo significa muy poco en la comunidad evangélica actual.  ¿Cuántos pastores y predicadores piensan ustedes que lo toman en serio?  ¿Cuántos se dicen a sí mismos: «Necesito tener cuidado de mí mismo para asegurar mi salvación y la de los que me oyen?»

    Pastores: ¿Cuándo fue la última vez que examinaron su propia vida para ver si estaban en la fe, para ver si realmente conocen al Señor?

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