«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

¿Estás Preparado Para La Venida Del Señor?

Por W. C. Moore 

    Jesús dice, «Estad…preparados.»  «Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no penséis» (Mt. 24:44). 

¿Estoy preparado?

    Estar preparado significa vivir listos de forma continua para la venida del Señor.  Unos dicen, «No estoy preparado, pero espero estar listo antes de que sea demasiado tarde.»  Cristiano, ¡el único lugar seguro es el de estar siempre preparado!  ¡A cualquier costo!  Jesús nunca habló en vano.  Él es la Cabeza de la Iglesia (Ef. 5:23).  Él es nuestro Señor y Dueño.  Él sabe de lo que habla.  Si hubiera cualquier cosa, pequeña o grande, que fuera una barrera entre tu alma y Dios, o entre tú y cualquier otra persona en la tierra, ¡ocúpate de arreglarlo de una vez!  Si no estás en plena victoria por cualquier cosa ora sin cesar hasta saber que estás listo para Su llegada. 

Sin condenación

    Si tu corazón te condena por cualquier cosa (1 Juan 3:19-24), ¡no descanses, no te desvíes, no tardes, sino dedícate al ayuno y a la oración hasta saber que estás listo para la venida del Señor!  Luego ¡mantente listo!  El hecho de que Jesús específicamente nos manda a «estar» preparados muestra que es tremendamente importante, no solo que nos preparamos pero también que vivamos continuamente una vida victoriosa y vencedora y que estemos listos para Su llegada.  Crece en Su gracia, y a cualquier precio, vive de tal manera continuamente delante de Dios que el corazón no nos condene (ve Gálatas 5:16; 1 Juan 3:2-3; Romanos 8:1). Nosotros de hecho hemos de estar listos mientras seguimos preparándonos, andando en toda la luz que Dios nos da y a la vez siguiendo adelante y buscando más instrucciones de Dios.  Prosigue a la meta (Flp. 3:14).  Pablo necesitaba proseguir y nosotros sin duda también. Dios quiere que nosotros honestamente enfrentemos las condiciones actuales en nuestros corazones y en nuestras vidas y que nos humillemos delante de Él.

    Charles G. Finney recibió un bautismo poderoso con el Espíritu Santo y encontró que sus palabras llevaron convicción del pecado sobre los con quienes había hablado.  A veces, sin embargo, descubrió que faltaba este poder.  Entonces, dice, que no pudo descansar hasta que todo estuviera despejado entre su alma y Dios, y otra vez el poder de Dios fluía por su vida.

    Si nosotros mismos no hemos orado seguido hasta llegar a un lugar de victoria verdadera y duradera en Cristo, ¿con qué autoridad podemos predicar la santidad a otros?  Si soy ladrón, ¿cómo puedo enseñar a otros a ser honestos?  Si vivo una vida pecaminosa, ¿cómo puedo exhortar a otros a ser santos y sin mancha?  Si no tengo control sobre mi lengua, ¿cómo puedo predicar la lengua embridada a otros?  Jesús de ninguna manera tiene pelos en la lengua.  Él dice, «¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mt. 7:5). 

Cómo estar preparado

    La manera de encontrar a Dios, en las respuestas a la oración, en el suministro de todas las necesidades para el espíritu, el alma y el cuerpo, es en buscarle con todo tu corazón.  Quizás pensamos que hemos buscado al Señor con todo nuestro corazón y no Lo hemos encontrado – pero de ninguna manera nos decepcionemos.  La Escritura es verdadera.  No se puede contradecir, «Me buscaréis y Me hallaréis, cuando Me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jr. 29:13).  ¡Tener cuidado con una tibia condición a medias!  Dios nos da la victoria (1 Cor. 15:57).  Sé un vencedor tú mismo – a continuación, predica a los demás el mensaje de superación en el poder del Espíritu Santo.

    Suena la trompeta en Sión.  Despierta al pueblo durmiente de Dios por todos lados.  Diles que se preparen porque «la venida del Señor está cerca» (Stg. 5:7-9).  Él tendrá un pueblo preparado, porque nos cuentan que cuando vino el Novio, «y las que estaban preparadas entraron con Él a las bodas; y se cerró la puerta» (Mt. 25:10).  ¿Estarás en ese grupo listo?  Requiere prestar atención a nosotros mismos (Lc. 21:34-35); requiere negarnos a nosotros mismos; requiere velar y orar siempre (Lc. 21:36), para que nos consideren dignos de escapar todas las cosas que han de pasar y de ponernos de pie delante del Hijo del hombre. 

Usar...o...perder

    Cuando sientes hambre de Dios, búscalo para que no se pierda ese tierno cortejo del Espíritu Santo.  Si no estás muy deseoso de vivir una vida victoriosa y de glorificar a Dios todo lo que sea posible, debes alarmarte por el estado en que te encuentras.  «¡Ay de los descuidados en Sión!» (Amós 6:1).  Cualquier que sea tibio y satisfecho con sí mismo, ha de ser vomitado (Ap. 3:16-17).  Despiértate (Is. 64:7) tal como Jacób (Gn. 32:24-28); tal como Daniel (Dn. 9:3-4).  Deja caerte en la desesperación, y de todo corazón, y a cualquier precio ora seguido tal como lo hizo Jesús en Getsemaní (Lc. 22:39-46).  Si juegas con Dios y no Lo buscas con seriedad, sobre todo si te demoras en cederte a ese impulso, ese cortejo del Espíritu Santo para orar y para orar seguido, ten cuidado de no perder esa hambre tierna para Dios que sale de tu alma.  «Pero al que no tiene [no usa para Dios lo que ya tiene, no cede a los impulsos del Espíritu Santo que ya se mueven dentro de su corazón] aun lo que tiene le será quitado» (Mt. 25:29).  Pero gracias a Dios, en vez de jugar con Dios de esa manera, hagamos según dice la primera parte del versículo, «Porque a todo el que tiene [usa para Dios lo que ya ha recibido, responde a los impulsos del Espíritu Santo ya trabajando en su corazón] le será dado, y tendrá en abundancia.»  A cualquier precio ¡vive continuamente en la victoria!  

Espera al Señor

    En vez de las actividades auto-­importantes y febriles de una Marta (Lc. 10:38-42), Dios prefiere que Lo esperemos para que Su fuerza sea la nuestra (Is. 40:29-31; Sal. 27:14).  La carne no saca nada (Juan 6:63).  La manera que hacemos las cosas aun supuestamente en el servicio de Dios a menudo echa a perder todo.  Si somos irritables y ásperos y amargos, sufriendo de exceso de ansiedad y temerosos, el Señor desea que acabemos de hacer escándalos vanidosos y esperemos a Él hasta que Su dulzura y Su poder y Su sabiduría dominen en nuestras vidas. 

Todas cosas...en amor

    «Todas vuestras cosas sean hechas con amor» (1 Cor. 16:14).  Si encontramos que no hacemos las cosas con amor, arrepintámonos enseguida y con la ayuda de Dios empezamos a mover con amor y de hablar con amor y de orar con amor y de pensar con amor y de actuar con amor.  Dentro de nuestros horarios ocupados aun en el trabajo del Señor, es fácil perder el amor desde dentro de nuestras vidas si no velamos y oramos siempre y obedecemos al Señor y nos mantenemos humildes delante de Él.  Necesitamos vigilar – mantenernos alertos, además de orar – vigilar nuestro propio espíritu y ver qué tipo de espíritu manifestamos, atentos a los trucos del diablo, atentos a los alzamientos de la vieja vida carnal, atentos para ver que los resultados de nuestras palabras, nuestros hechos, nuestras maneras, sean glorificados a Dios en el sentido más pleno.  O, ¡que Dios nos ayude a los de nosotros que somos cristianos para andar humildemente delante de Él, confesando y dejando atrás nuestros pecados!

    Capítulo trece del primero de Corintios nos entrega el significado de Dios y el valor del amor divino verdadero y legítimo.  Frecuentemente nuestros esfuerzos más ardientes y aparentemente más auto-­sacrificados, en la obra del Evangelio aun, son simples madera, heno y hojarasca porque aquel primer amor tierno simplemente no está, y la manera que hacemos las cosas, nuestra manera de hablar, el destello agudo del ojo, la expresión torcida de la cara, todos indican que no es el Espíritu Santo que nos motiva, pero nuestro propio espíritu o algún otro espíritu.  ¡Que Dios nos ayude!  

Recordar y arrepentirse

    Cuando perdimos el amor, el verdadero amor divino, de dentro de nuestros corazones y nuestras vidas, realmente se toca al fondo en lo que se refiere al servicio aceptable a nuestro bendito Señor.  «Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete» (Ap. 2:5).  O, ¡que Dios nos ayude!  O, ¡pasemos tiempo en recordar y arrepentirnos!  Recuerda cómo antes llorábamos sobre los pecadores; recuerda cómo solíamos mantener un verdadero espíritu de oración; recuerda cómo solíamos lamentar los fracasos de otros cristianos y orar por ellos.  Ahora, que Dios nos tenga misericordia, porque a menudo en vez de orar por nuestros hermanos en el Señor que están en aprietos, preferimos criticarlos y juzgarlos y condenarlos y chismear sobre ellos e imaginar la maldad en contra de ellos.  O, recordemos y arrepintámonos con aquella tristeza divina la cual restaurará el favor de Dios sobre nuestras vidas (2 Cor. 7:9-11).

    «Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros» (1 Juan 4:12).

    «Dios es amor; y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él» (1 Juan 4:16).

    «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios» (1 Juan 4:7). 

Perdonar unos a otros

    Extraño que sea, aun entre el propio pueblo de Dios, habrá motivo cuando debemos perdonar a otros cristianos por cosas que han dicho o cosas que han hecho.  De verdad perdonar – no meramente pasarlo de alto.  «Antes bien, sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó a vosotros en Cristo» (Ef. 4:32).  «Perdonad, y seréis perdonados,» Jesús dice (Lc. 6:37), y Sus palabras vienen al punto.  Aunque por medio de Pablo se dan muchos detalles en cuanto a la iglesia, Cristo Mismo es la Cabeza, y Pablo se designa como un siervo de Cristo, un ministro de Cristo, un seguidor de Cristo, y dice, «La iglesia está sometida a Cristo» (Ef. 5:24).  Jesús es el Mediador del Nuevo Testamento (Heb. 9:15), y Él les dijo a Sus discípulos que hicieran «discípulos en todas las naciones…enseñándoles a guardar todas las cosas que os he mandado» (Mt. 28:19-20). 

«Ocúpate hasta Mi llegada» (Lucas 19:13)

    No con las manos dobladas, en inactividad, hemos de estar para esperar el regreso del Señor.  «Ocúpate» – mantente ocupado dentro de la voluntad de Dios – hasta que Él vuelva.  «No seáis insensatos, sino comprendiendo bien cuál es la voluntad del Señor» (Ef. 5:17).  ¡Sé diligente y fiel y ferviente en el servicio gozoso a nuestro Señor hasta que Él vuelva!  Se le dijo al hombre rico en el infierno, «Acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida» (Lc. 16:25).  ¡No podemos andar sin rumbo en lujo y comodidad y la autocomplacencia ahora, mientras la obra de Dios, y la difusión del Evangelio se descuidan, y mientras el pueblo verdadero de Dios sufre por falta de sostén y aliento – y luego esperar recibir una bendita recompensa cuando vuelva Jesús!  Más bien – «Más buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia» (Mt. 6:33) – independientemente de lo que será de nosotros.  ¡Procura que el avance de la causa de Cristo sea la preocupación mayor de tu vida – el motivo real del deseo más profundo de tu corazón y tu anhelo – la meta más alta de tus ambiciones más preciadas!