«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

David Brainerd – Misionero A Los Indígenas Norteamericanos (Parte 4) 

    Adaptado del libro, La Vida de David Brainerd (1718 – 1747), mayormente extraído de su diario de vida, editado por Jonathan Edwards. 

    El día después de un poderoso derroche del Espíritu de Dios sobre el grupo de indígenas lo cual les provocó buscar a Dios con muchos llantos y lágrimas, el recuento en el diario de vida de David Brainerd relata: «Mientras dialogaba cerca de anochecer con dos o tres de las personas que estaban abiertos a escuchar, una influencia Divina parecía tomar control de lo que se les hablaba de una manera poderosa, lo cual les provocó a las personas a clamar con angustia del alma, aunque yo no hablé ninguna palabra de terror más bien, les puse delante la plenitud y la  suficiencia total de los méritos de Cristo y Su disposición a salvar a todos que vienen a Él, y acto seguido les urgió que vinieran sin demorar.

    «El clamor de éstos fue oído por otros, que, aunque estaban esparcidos de cerca, acudieron allí inmediatamente.  Y entonces persistí en la misma línea de invitación del Evangelio, hasta que allí todos estaban reducidos a lágrimas o gritos, excepto dos o tres; y pareció que estaban todos muy ansiosos de hallar al gran Redentor y estar seguros en Él.

    «Algunos que el día anterior parecían más bien molestos o afectados desfavorablemente, ahora parecían emocionados y conmovidos en el corazón; y el interés y la ansiedad general se veían de modo tan prevaleciente, casi, como el día anterior.  Había, en verdad, un gran llanto entre ellos, y cada uno parecía lamentarse aparte.  Porque tan grande era su interés, que casi cada uno de ellos estaba orando y llorando por su cuenta, como si no hubiera nadie cerca.  Ten misericordia de mí; ten misericordia de mi era el clamor general.  Era muy emocionante ver a los pobres indígenas, que unos días antes estaban vitoreando y gritando en sus fiestas idólatras y sus embriagueces, clamando ahora a Dios con una importunidad tal para ser acogidos por Su querido Hijo….»

    El diario de vida continúa con reportes del derroche del Espíritu de Dios durante esta temporada.  «Aquéllos que habían logrado alivio y consuelo, y habían dado evidencias optimistas de haber pasado por un cambio por medio de la salvación, parecían humildes y devotos, y se comportaron de una manera agradable y de modo de los cristianos.  Me sentí alentado al ver la ternura de conciencia manifestada en algunos de ellos, un caso de lo cual no pude evitar de fijarme.

    «Percibiendo que una de ellos estaba muy apenada por la mañana, le pregunté cuál era el motivo de su dolor, y descubrí que ella se había enojado con su hijo la noche anterior, y ahora fue ejercida con los temores en caso de que su ira hubiera sido excesiva y pecadora, lo que la afligió a tal punto que se despertó y comenzó a sollozar antes del amanecer, y continuó llorando durante varias horas seguidas….

    «Jamás vi la obra de Dios aparecer tan independiente de medios como en este momento,» anota Brainerd.  «Yo les hablaba, y les decía lo que suponía que tenía una tendencia adecuada para promover las convicciones, pero la manera de Dios de obrar en ellos parecía tan enteramente sobrenatural y por encima de los medios que yo apenas podía creer que me utilizaba como instrumento o lo que yo hablaba como medio de llevar a cabo su obra. 

Las cosas viejas pasaron, todas son nuevas

    «Al parecer, como pensaba, no tener ninguna conexión con o dependencia de los medios en ningún aspecto.  Aunque yo no podía sino seguir utilizando los medios que me parecían adecuados para la promoción de la obra, sin embargo, Dios parecía, tal como aprendí, a trabajar por completo sin ellos.  Yo parecía no hacer nada, y de hecho no tenía nada que hacer, sino “…mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor” (Éx. 14:13), y me vi obligado y encantado de decir, No a nosotros, no a los instrumentos y los medios, pero a Tu nombre sea la gloria.  Dios se apareció a trabajar completamente solo, y vi que no había espacio para atribuir cualquier parte de este trabajo a cualquier brazo creado.»

    El cambio en las vidas de los indígenas convertidos era evidente.  Brainerd escribió: «Por la tarde discursé de Apocalipses 1:20, a la hora en que quince indígenas hicieron una profesión pública de su fe.  Después que se hubo marchado la multitud de espectadores llamé a las personas bautizadas y hablé con ellas en particular, al mismo tiempo invité a los otros que estuvieran presentes.  Les recordé las solemnes obligaciones bajo las que estaban ahora de vivir para Dios, les advertí de las consecuencias terribles de vivir descuidadamente, es especial después, en especial después de su profesión pública de cristianismo; les di directrices respecto a su conducta futura, y les animé a la vigilancia y la devoción, poniéndoles delante el consuelo y feliz conclusión de una vida religiosa.

    «Esta fue una ocasión deseable y dulce verdaderamente.  Sus corazones estaban ocupados y animosos en el deber, y se regocijaban de haberse dedicado a Dios de aquella manera pública y solemne.  El amor parecía reinar entre ellos se cogieron el uno al otro de la mano con ternura y afecto, como si sus corazones estuvieran enlazados juntos, mientras yo les hablaba; y toda su conducta entre si fue tal que un espectador serio podría haber sido llamado a exclamar con admiración: Mirad como se aman el uno al otro.”  Muchos otros indígenas, al ver y escuchar estas cosas, estaban muy emocionados y lloraban amargamente, deseando participar del mismo gozo y consuelo que los otros manifestaban en sus rostros, así como en su conducta....

    «Un indígena anciano, que toda su vida había sido un idólatra, llevo a los otros indígenas las sonajas que usaba para la música de sus fiestas y danzas, las cuales las destruyeron inmediatamente.  Esto tuvo lugar sin intervención mía en el asunto, pues yo no había dicho nada sobre ello, de modo que parece que se trató del poder de la Palabra de Dios, sin aplicación particular a este pecado, lo que produjo este efecto.  De esta manera había empezado Dios; así ha venido llevada la obra de gracia entre estos indígenas, ¡Que lo gloria sea adscrita a Él, que es el solo Autor de ella!»

    (Para ser continuado)