«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Queremos Ver A Jesús

Por Dave Butts 

    «Entre los que habían subido a adorar en la fiesta había algunos griegos.  Éstos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le pidieron: Señor, queremos ver a Jesús» (Juan 12:20-21).

    Este es un cuento asombroso en la Escritura.  Al mismo tiempo que los líderes religiosos trataban de silenciar a Cristo, los gentiles trataban de encontrarle a Él.  Hay algo en Jesús que llama y atrae a las personas hacia Él; especialmente atrae a los que son libres de expectativas tradicionales.  Los judíos de aquellos tiempos esperaban a un Mesías político que les dieran la libertad del dominio romano.  Jesús no llenaba esas expectativas y por eso Él fue rechazado por Su mismo pueblo.  Pero aquí encontramos a unos griegos…unos forasteros que han oído de este Rabino de Galileo, que hacía milagros…y el deseo de ellos es de verle a Él.

    Hay los que han continuado a mantener y desarrollar su camino de amor con el Señor a través de muchos años.  Pero hay muchos que no han mantenido en sus vidas un amor ardiente, que desgraciadamente su amor se ha enfriado.  Entonces, últimamente, las preguntas que se presentan son, «¿Cómo podemos mantener avivadas las llamas del fuego del amor apasionado por Jesús?  ¿Cómo podemos experimentar la realización de un fin que sea aún mejor que el comienzo?  ¿Podemos nosotros, que le hemos conocido a Él por más tiempo, ser los que más le amamos a Él?»

    Las Escrituras nos enseñan que en vez de gastarnos y de enfriarnos en cuanto a nuestro amor por el Señor, el opuesto es lo que debe pasar.  Pablo les escribe a los corintios, «Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a Su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu» (2 Cor. 3:18).  Es una gloria que crece continuamente más y más que debe estar ocurriendo en nuestras vidas, mientras vivamos diariamente nuestra fe, que nuestras vidas sean vidas de testimonio y de ejemplo.

    ¿Qué cosa es que puede mantener vivo el fuego dentro de nosotros?  Yo creo que los griegos que vinieron a Felipe tuvieron la clave, aunque quizás no lo supieron.  Ellos declararon, «Queremos ver a Jesús.»

    La respuesta es de mirar a Jesús.  Añorar de verle a Él debe ser nuestro deseo más básico.  Cuando Pablo les escribe a los colosenses él les animó así.  «Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios» (Col. 3:1).

    Si miramos a la iglesia, puede ser que nos desanimemos.  Si miramos a la obra que nos queda por delante, nos podemos cansar.  Si miramos a nosotros mismos, seguro que nos daremos por vencidos.  Es solamente en mirar a Jesús, en toda Su gloria y en Su soberanía sobre todas las cosas que todo llegue a su perspectiva correcta.

    ¡Oh, cómo se cambiará la iglesia cuando veamos a Jesús, reconociéndole a Él por realmente quién es!  Miren a lo que le ocurrió al Apóstol Juan cuando él vio a Jesús con Su cuerpo glorificado: «En medio de los candelabros estaba alguien “semejante al Hijo del hombre,” vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.  Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y Sus ojos resplandecían como llama de fuego.  Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y Su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.  En Su mano derecha tenía siete estrellas, y de Su boca salía una aguda espada de dos filos.  Su rostro era como el sol cuando brilla en todo Su esplendor.  Al verlo, caí a Sus pies con muerto...» (Ap. 1:13-17).

    ¡Es hora ya que la iglesia de Jesucristo vea a Jesús!  Colosenses 1:15-20 representa quizás la presentación más poderosa y clara de quien es este Jesús a quien adoramos: «Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, poderes, principados o autoridades:  todo ha sido creado por medio de Él y para Él.  Él es anterior a todas las cosas, que por medio del Él forman un todo coherente.  Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia.  Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero.  Porque a Dios le agradó habitar en Él con toda Su plenitud y, por medio de Él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.»

    Cuando los del mismo pueblo de Dios vuelvan sus caras al cielo y empiecen a añorar a ver a Jesús…a desarrollar esa pasión y tener esa hambre por Su presencia…entonces el Señor Mismo satisfacerá a ese deseo con Su propia preciosa presencia. 

    ¡Avivamiento!  ¡Despertamiento!  Y los de afuera empezarán a ver y al oír de este movimiento de Dios en medio de Su pueblo.  Entonces, ellos también empezarán a tener la misma petición que Felipe oyó de los griegos en los tiempos aquellos: «Queremos ver a Jesús.»