«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Vuelvan A Mí

Por Sammy Tippit

    Editado y traducido de un mensaje pronunciado en inglés en una conferencia Heart Cry for Revival (Llanto Corazonal Por Avivamiento) que tuvo lugar cerca de Asheville, North Carolina, U.S.A., en abril de 2002.

    Nosotros que vivimos en los Estados Unidos jamás nos olvidaremos del día 11 de septiembre de 2001. Fue un momento en que Dios habló a este país como nunca antes. Por un pequeño instante, Dios levantó Su mano de protección y vimos un poco de Su juicio. Yo me siento que Dios quiere hacer algo en esta nación. Hemos estado lastimados. El corazón de la gente de esta nación ha sido herido.

    Hay un pasaje de Escritura que Dios me ha traído a la mente y yo creo que nos habla directamente a nosotros como Su pueblo. Está en Oseas 6. Oseas fue un profeta muy diferente. Dios le llamó a hacer algo que sería muy difícil. Dios le mandó a casarse con una mujer adúltera y a producir hijos con esa mujer adúltera quien fue básicamente una prostituta. Con el ejemplo de la unión de Oseas, Dios tendría un mensaje para Su pueblo: que ellos fueron como esta mujer adúltera; con su adoración de dioses falsos, ellos se estaban prostituyendo espiritualmente. El juicio de Dios estaba sobre ellos. Pero Dios los sanaría, los reviviría y los restauraría. Sin embargo, había una condición.

    En Oseas 6:1-3 la Biblia dice, «¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en Su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras Su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, Él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.»

    Aquí Dios tiene una promesa maravillosa para Su pueblo. Si hay algo que podemos agarrar como esperanza de avivamiento es la Escritura esa porque allí los hijos de Israel estaban bajo el juicio de Dios. Pero Dios dice que hay cuatro cosas que Él hará por Su pueblo.

    En el primer verso dice, «Él nos ha desgarrado, pero Él nos sanará.» Nuestra nación necesita la sanación. No necesita la cura que viene de un psiquiatra, ni de un sociólogo, ni de nuestros líderes políticos, ni de un sistema político. ¡Nosotros necesitamos que nuestro Dios Todopoderoso nos sane! ¡Él es nuestro Sanador! ¡Él nos vendará!

    No solamente nos promete que nos sanará, sino que Él promete que nos revivirá. Dice en el segundo verso, «Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará….»

    Estoy convencido que la única esperanza de esta nación es que tengamos un poderoso avivamiento. Tiene que empezar con el pueblo de Dios. Tiene que empezar dentro de la iglesia. Estoy convencido de que el problema no se encuentra con la comunidad homosexual. El problema no se encuentra con los líderes políticos. El problema no se encuentra con la corrupción dentro de nuestro gobierno. Estoy convencido de que el problema se encuentra dentro de la casa de Dios y nosotros necesitamos avivamiento. Dios dice que Él nos avivirá.

    Hay una tercera cosa que Él dice que hará: «Conozcamos al Señor; vayamos tras Su conocimiento. Tan cierto como sale el sol, Él habrá de manifestarse.» Esta tercera promesa es que Él vendrá y que se manifestará entre nosotros. Nosotros no merecemos Su presencia y Dios no está obligado a manifestarse a nosotros. Pero a nosotros se nos da tremenda esperanza en este pasaje. Dice Él que «Él vendrá a nosotros, que Él habrá de manifestarse.» ¡Oh, la gran necesidad y la gran esperanza de esta hora es de Su venida entre nosotros! Nuestras iglesias no necesitan mejores programas. Lo que necesita nuestra nación no es mejor predicación. Lo que necesitamos no es mejor música. Lo que sí necesitamos es solamente Dios entre nosotros.

    Cuando la revolución ocurrió en Romania en 1989, en ese momento hubo un despertamiento general en la nación. De pronto algo ocurrió en Timisoara y la gente empezó a congregarse cuando el Pastor Peter Dugulescu se levantó y empezó a predicar. Estaban presentes unos 200,000 ateos y en un solo momento divino todo el espíritu ateo se quitó de la nación mientras Peter se paraba predicando la Palabra de Dios. De momento la gente empezó a exclamar, «¡Existe Dumnezeu! ¡Existe Dumnezeu!» que significa «¡Existe Dios!» Los plebeyos cogieron la estación de televisión. La estación había sido controlada por el gobierno y las únicas escenas que transmitían por las ondas de la televisión fueron escenas de Nicolae Ceausescu, el dictador malvado, y cuando los plebeyos tomaron la estación, las primeras palabras que se pronunciaron a través de la estación fueron palabras que literalmente chocaron la nación entera. Estas palabras, «Dumnezue este cu noi!» quieren decir, «¡Dios está con nosotros!» Cuando viene Dios – y Él sí vino en una hora muy oscura en Romania – todo cambia. La tercera promesa es que Él vendrá.

    La cuarta promesa es que Él nos vendrá «como la lluvia de invierno, como la lluvia de la primavera que riega la tierra.» Cuando vienen las lluvias de primavera hay mucha vida. Hay crecimiento que ocurre. Cuando viene Dios, Él viene como la lluvia de primavera. Hay crecimiento. La respuesta a todas las preguntas sobre el crecimiento de la iglesia es simplemente que venga Dios. Lo que necesitamos es la venida de Dios. Entonces, el pueblo crecerá, y cuando el pueblo de Dios crece, la iglesia crecerá. Tenemos necesidad de que nos venga Dios.

Vuelvan al Señor

    Pero hay una sola condición en todo esto. Dios dice: «Yo los sanaré; Yo los reviviré, Yo les apareceré a ustedes; Yo los refrescaré, pero hay una sola cosa que tienen que hacer.» Dice en el primer versículo, «¡Vengan, volvamos al Señor!» Una cosa simple – volver al Señor si queremos ver avivamiento. Antes que nada tienen que entender lo que significa «volver.» Quiere decir que no puede seguir su rumbo en la misma dirección, sino que hay que parar y cambiar. El avivamiento empieza con nosotros que ya nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos decidido a seguir a Cristo. El primer paso en el arrepentimiento, también en el avivamiento es parar. Uno no puede seguir caminando en la misma dirección; no puede continuar haciendo lo mismo que hacía antes. Hay que parar y hay que dar la vuelta. Así, la iglesia y la comunidad evangélica, que somos nosotros, lo tenemos que hacer.

    Estoy convencido de que sí habría un tremendo movimiento refrescante dentro del pueblo de Dios si hiciéramos esa sola cosa. Hay que parar. Temo que mucho del problema de Norteamérica, igual Canadá que los Estados Unidos, y alrededor del mundo en todas las iglesias, es que la iglesia se encuentra demasiado ocupada, no tiene tiempo para Dios. ¿Por qué es que no tenemos tiempo para Dios? ¿Por qué nuestras vidas de oración son flojas y debiluchas? Pues, es porque somos tan ocupados con el trabajo para Dios que no tenemos tiempo para Dios Mismo. ¡Y les digo que si vamos a conseguir avivamiento, tenemos que parar!

¿Qué quiere decir volver a Dios?

    Antes que nada creo que significa que volvamos a nuestra pasión por Él. Volver a Él es volver a ese primer amor. ¿Se acuerda de la iglesia de Efeso en el libro de Apocalipsis? Esa fue una iglesia muy fundamental, una congregación de creyentes que creían y enseñaban las Escrituras y que no aguantaban la doctrina falsa. Sin embargo, Dios dijo, «Has perseverado y sufrido por Mi nombre, sin desanimarte. Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor» (Ap. 2:3-4).

    Estoy convencido que lo que ha pasado es que muchos de nosotros hemos perdido la sencillez y la pureza de la devoción a Jesucristo, de simplemente amarle a Él.

    El avivamiento significa volver a lo básico y las cosas básicas son de amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón, con toda la mente y con todo el ser (Mt. 22:37-38). Ése es el primero y el más importante de los mandamientos. Volver a Él quiere decir volver a amarle con todo nuestro corazón, mente y ser, con todo lo que somos.

    Segundo, volver a Él no es solamente volver a nuestra pasión por Él, sino también de volver a nuestra llamada de Él. Dios ha llamado a la vida de cada uno de nosotros. Cada uno tiene una llamada específica. Yo creo que uno de los problema más grandes de las iglesias estadounidenses es esto – que tenemos tantas personas que se creen que han hecho lo que deben de hacer porque asisten a un servicio los domingos por la mañana de 11:00 a 12:00. Eso no es así. Opino que cada persona debe ser un ministro. Si hemos sido reconciliados a Dios, se nos ha dado un ministerio de reconciliación. Cada uno tiene un ministerio diferente. Yo no hago lo que haces tú, y tú no haces lo que hago yo porque Dios tiene una llamada especial para cada una de nuestras vidas. Lo que pasa cuando volvemos a Él es que volvemos a esa llamada de Él. Hay cierta cantidad de avivamiento que viene cuando empezamos a hacer lo que Dios nos ha asignado a hacer. El avivamiento es el acto de decir, «Señor aquí estoy,» y entonces dejar que Él empiece una obra purificadora en nosotros. Mientras se lleva a cabo Su obra purificadora EN nosotros, nuestro Señor va a hacer algo A TRAVÉS DE nosotros. Él nos da una llamada a nuestras vidas.

    El Apóstol Pablo le escribió a Timoteo y le dijo «Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos» (2 Tim. 1:6). Aviva la llama o renueva el don que Dios te ha dado. Dios ha donado a cada uno de nosotros para que hagamos ciertas cosas. Dios me ha llamado a mí que yo vaya a unos lugares difíciles del mundo, y como me ha llamado, también me da lo necesario para que lo haga. Mi personalidad humana es que soy una persona de poca seguridad de mí misma, me falta valor. Me describo como una persona temorosa. Pero cuando sí sé que Dios me ha dicho que vaya a algún sitio, algo me pasa que me lleno de valor, ánimo y fuerza y resolución. Y no se puede explicar por características mías.

    José, mi amigo africano dijo, «Tenemos que ir al Sudan.» Fuimos a Egipcia y allá había unos hermanos del Sudan. Ellos preguntaron, «¿Vendrían ustedes al Sudan?» Y dijimos, «Nos encantaría ir al Sudan.» Empezamos a comunicarnos con ellos y nos invitaron que fuéramos a su país. El director de nuestro ministerio fue al Sudan y se reunió con ellos en junio. Nos contaron lo que había ocurrido el abril pasado. Tenían planeado un servicio al amanecer el día de la Pascua Florida (Easter), reuniendo a todas las congregaciones de Khartoum, el capital. Las fuerzas militares de seguridad del gobierno islámico llegaron y rodearon a la iglesia y empezaron a tirar granadas de mano dentro de la iglesia. También empezaron a tirar con rifles y a herir y matar a los creyentes. Arrestaron a 56 personas.

    Los pastores comentaron, «Creemos que si damos marcha atrás ahora y nos damos por vencidos que la iglesia dejará de existir en el Sudan. Tenemos que seguir adelante. Queremos organizar una cruzada gigante para Jesucristo. ¿Vendrá Sammy a predicar?» Ellos declararon, «Estamos nosotros dispuestos a correr el riesgo. Estamos dispuestos a arriesgarnos la vida si está Sammy dispuesto a venir a ayudarnos.»

    Miguel, nuestro director ejecutivo, me vino a dar el recado de ellos. El me entregó el mensaje junto con una copia de un email que uno de los cristianos había recibido de un Musulmán del grupo de Osama bin Laden, porque Osama había operado en el Sudan antes de irse para Afganistán. El mensaje detallaba lo que tenían planeado a hacer a los cristianos si los cristianos se empeñaban en tratar de promulgar su fe.

    En mi corazón yo sabía que tenía que ir. Devolví un mensaje que decía, «Estamos dispuestos a correr el riesgo con ustedes. ¡Nos levantaremos a proclamar el evangelio al lado suyo!» Los pastores empezaron a reunirse para orar. Nos convocamos con nuestros hermanos egiptos y les pedimos que fueran a dar unas clases para el entrenamiento de discípulos. Queríamos permiso oficial del gobierno para proclamar publicamente el nombre de Jesucristo. El agosto pasado nos dieron permiso oficial verbal para predicar el evangelio en el estado de Khartoum. Ellos dijeron, «Lo tendrán escrito en algún momento entre el 10 y el 15 de septiembre.» Ya todos tristemente sabemos lo que sucedió el 11 de septiembre do 2001. El gobierno del Sudan cambió su posición.

    Un día después del 11 de septiembre, mi esposa y yo íbamos por avión a Nashville, Tennessee, U.S.A., donde yo iba a predicar. Mi mente estaba muy nublada y confundida y empecé a leer la Palabra. Leí Hebreos 11. Dios habló a mi corazón y me dijo, «Hijo Mío, Te llamé a hacer esto. Confía en Mí.» Yo dije, «Voy.» Mandé un mensaje y dije, «Todavía voy.» Ellos continuaron a hacer los preparativos. Pero todavía el gobierno nos negaba el permiso. Yo había conseguido un equipo bastante grande para acompañarme y ahora nada más que me quedaba yo. Dije, «Señor Dios, yo estoy dispuesto a irme sólo. Pero realmente yo quisiera que alguien me acompañara.»

    Nuestro hijo es un ministro. Me dijo, «Papá, supongo que ahora no vas a ir al Sudan con todo que ha pasado.» Le dije, «Hijo, Dios me ha dicho que vaya. Así que sí voy.» Me dijo, «¿Quién va contigo?» Le contesté, «Todos han renunciado.» Mi propio hijo me dijo, «Papá, yo tengo el deseo de ir al Sudan y predicar el Évangelio. De hecho esta noche nuestro ministerio va a tener un servicio de oración que durará toda la noche y estaremos orando por el Sudan.» El me preguntó, «¿Podemos orar acerca de esto? Tendría que hablar con mi esposa y también con nuestros estudiantes porque tendrían que dejarme salir de mis obligaciones de enseñanza. Pero si todo me sale bien, ¿consideras permitirme ir contigo?» Le dije, «David, me gustaría mucho que me acompañaras.»

    David fue conmigo y antes de salir un pastor de Georgia se decidió acompañarnos. Y entonces fuimos los tres al Sudan. Había unos hermanos brasileros que vinieron y nos filmaron allá. Yo me paré la primera noche justamente en medio de la plaza fuerte de los terroristas, la ciudad de Khartoum y proclamé el Évangelio de Cristo Jesús. Yo ofrecí la invitación y las cámaras de los que filmaban se llenaron de polvo por el movimiento tan grande de la muchedumbre que respondió. Los pastores se jubilaron. No podían creer lo que pasaba. Regresamos al hotel amaravillados y entusiasmados por lo que Dios había hecho.

    En la mañana siguiente los pastores de Khartoum tocaban a mi puerta con malas noticias. Dijeron, «Sammy, Al-Qaida, la Fraternidad de los Muslimes y otro grupo han amenazado un ataque sangriente al estadio si continuamos aquí. Las fuerzas de seguridad del gobierno han llegado. Han rodeado el estadio y lo han cerrado y lo han asegurado. Lo han cerrado de tal manera que no podemos entrar. Pero los pastores quieren continuar con sus conferencias sobre el avivamiento. Ellos quieren saber si tú te reunirás con ellos.» Yo me senté con mi hijo, el pastor de Georgia y los 3 hermanos del Brasil y les dije, «Dios me ha llamado a hacer esto. Yo voy. Ustedes no tienen que ir.» Uno por uno estos hombres dijeron, «Queremos ir.» Uno de los momentos más orgullosos de mi vida fue cuando mi hijo enfrentó a la cuestión de «¿Estoy listo para morir por mi fe?» y él contestó, «Sí, estoy listo.»

    La razón por la cual comparto esto con ustedes es para que vean las circunstancias en que Dios me ha llamado que fuera y que con la llamada me ha dado la provisión y la protección para que fuera y me ha dado Su bendición. Cuando todos me decían que no podía ir a Khartoum, que no debía ir al Sudan, me tenía que ir porque de hacer lo contrario hubiera sido de rebelar contra Dios, porque Dios Mismo me ha llamado a hacerlo. Si Dios me ha llamado que lo haga, me ha donado la capacidad de hacerlo, entonces, tengo que hacerlo, tengo que avivar la llama del don que Dios ha puesto en mí. Y tengo que hacer la voluntad de Dios en mi vida.

    Yo entiendo que todo el mundo no está llamado a hacer lo que hago yo, pero quiero que sepan esto – que cada uno de ustedes ha sido llamado. Si no hace lo que sabe que Dios le ha llamado a hacer – usted, hermano, ha dejado de seguir a Dios. Debe caminar en obediencia a la llamada que Dios ha puesto sobre su vida. Observo a tantos cristianos que no están haciendo nada realmente malo, pero están muertos. Están muertos porque no están obedeciendo la llamada de Dios en sus vidas. Necesitamos atender y obedecer a la llamada de Dios.

Volver a nuestra dependencia de Dios

    La cosa final que quiero decir es que tenemos que volver a nuestra dependencia de Él. Cuando volvemos a nuestra pasión y a nuestro primer amor por nuestro Señor y le obedecemos a Él con atender a nuestra llamada, entonces nos damos cuenta del hecho de que NO lo podemos hacer. Dios nos llama a lo imposible; Él nos dona para lo imposible y también nos deja saber que no lo podemos hacer por nuestra cuenta. Una de las grandes promesas que Dios nos ha comunicado se encuentra en 1 Tesalonicenses 5 que dice, «Fiel es Él que nos llama, el cual también lo hará.»

    Tenemos que dependernos de Él. Le dije a Dios temprano en mi ministerio, «Oh, Dios, quiero hacer Tu voluntad, pero, Señor, ponme en una posición que me haga imposible explicar mi ministerio por cualquier manipulación humana.» Cuando Dios pone una llamada en tu vida, Él también te da gracia y Te provee fuerza. Te provee todo porque aparte de Él, no podemos hacer nada. Tenemos que volver a ese lugar de dependencia de Él. Uno de los problemas que tenemos en nuestras iglesias de hoy es que casi todo lo que ocurre se puede explicar por las acciones de los hombres y poco se puede explicar por las acciones de Dios. Volver a Él significa volver a decirle a Él, «Dios, te necesito a Ti.»

    Durante los días de persecución en Romania me preguntaron en un programa de radio, «¿Cuál es la diferencia entre la iglesia de Romania y la de los Estados Unidos?» Yo pudiera haber contestado muchas cosas – los edificios y todas las cosas buenas que tenemos como las librerías, pero, contesté así: «En la iglesia de Romania hay gente necesitada y se dan cuenta de su gran necesidad. En la iglesia de los Estados Unidos somos una gente muy necesitada; pero no nos damos cuenta de nuestra gran necesidad.»

    Debemos llegar a Él y a decirle: «Dios, oh Dios mío, me has llamado a esto; pero no va a pasar si Tú no lo haces.» Cuando lo hace, el amor se profundiza. Tú le amas más a Él y quieres obedecerle a Él más y más.

    Volvamos a Él. Una cosa sencilla dice Él: «¡Párate! ¡Deja de seguir al mismo camino! ¡Deja de vivir como estás viviendo! ¡Párate! ¡Mira hacia arriba! ‘Conoced que Yo soy Dios’ y vírate y empieza a tener esa pasión por Mí.»

    Cuando eso lo haces, vas a sentir un corazón sanado, avivamiento en tu alma y la presencia de Dios manifestada en tu vida. ¡Oh a caminar con Jesús, a conocer a Jesús, a amar a Jesús, a obedecer a Jesús!

Una oración

    «Oh, Padre, Señor, hemos pecado contra Ti. Hemos dejado nuestra pasión por Ti. Hemos abandonado la llamada que nos has dado. Hemos cesado de depender de Ti. Oh, Dios, danos la gracia de podernos arrepentir. Dios, te pido que nos paremos del corre-corre de nuestras vidas y que empecemos a arreglar y a ajustar nuestras prioridades para que podamos estarnos quietos y conocer que Tú eres Dios. Señor, mi oración es que volvamos a Ti. ¡Oh, Señor, quiero que tengamos una nueva pasión, Señor nuestro, una nueva obediencia a Tu llamada. Padre, pido que mostremos una nueva dependencia de Ti, una nueva caminata de fe y de confianza en Ti. Amén.»